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Las josefinas de la Santísima Trinidad se van de Monterrubio de la Serena

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Pues otras que desaparecen. Se fundación española a fines del siglo XIX, en 1973 todavía eran 267 religiosas repartidas en 38 casas. A 1 de enero de 2015 quedaban ya sólo 160 y las casas habían bajado a 32.

http://www.meridabadajoz.net/las-hermanas-josefinas-de-la-santisima-trinidad-se-despiden-de-monterrubio-por-falta-de-vocaciones/

No tienen vocaciones y eso se termina. La fotografía de las que se van de Monterrubio no puede ser más pesimista. No es que dejen esa localidad de Badajoz para reforzar otra con cuatro religiosas más. Sólo van a reforzar la casa donde recojan a las ancianas. El abandono del hábito, si es que alguna vez lo tuvieron, que supongo que sí, no les ha servido de nada.

Estoy seguro de su buenísima voluntad, de su amor a Dios y de su entrega al prójimo. Pero el experimento fracasó. Con los últimos datos del Annuario Pontificio  tenemos una media de cinco religiosas por casa pero como todas sean como las cuatro de Monterrubio el mantenimiento de esas casas será imposible no digo que dentro de cinco años sino ya.

Comentarios
2 comentarios en “Las josefinas de la Santísima Trinidad se van de Monterrubio de la Serena
  1. AMPLIA PERSPECTIVA

    Fray Nicholas Schneider OP
    20 de Enero de 2017
     

    Los dominicos tienen casi ochocientos años y un mes de edad. Mañana la Orden de Predicadores concluye oficialmente su ochocientos Jubileo, la Celebración de los ochocientos años, con el aniversario de la carta librada por el Papa Honorio III a los frailes, concediendo privilegios y protecciones adicionales a la nueva Comunidad Religiosa, fundada un mes antes en el Convento e Iglesia de San Román de Toulouse, en fecha el 22 de Diciembre de 1216.
    Ochocientos años es mucho tiempo, y la visión de este amplio período de la historia de la Orden muestra muchos altibajos.
    Esto nos ayuda a ubicar nuestros desafíos y éxitos contemporáneos en una perspectiva adecuada y también muestra la sabiduría de la expresión: «la Iglesia piensa a través del transcurso de los siglos.»

    Tener una visión amplia significa que la importancia de lo que hagamos es muy relativa. Podemos hacer un buen trabajo, pero también puede ser destruido en un instante por una catástrofe de la naturaleza o por la mala voluntad del hombre.
    Muy poco de lo que hacemos es cosa nuestra porque no vivimos aislados del llamado mundo global.
    Nos detenemos ante la consideración de los nombres de nuestros antepasados ​​y nuestra familia.
    Al entrar en la Orden de los Predicadores, tenemos ante nuestros ojos a los mayores que llegaron antes que nosotros: los santos conocidos y los desconocidos. La próxima generación construirá sobre la base de nuestro trabajo, y cuando muramos, dejaremos nuestros proyectos a otros que pueden o no asumirlos como suyos. En última instancia, hacemos muy poco por nuestra cuenta. Las cosas que guardamos para nuestro uso se asignan a otro cuando nos llega la hora de la muerte.

    Y a pesar de todo nuestras acciones son de la mayor importancia. Cuando la Madre Teresa de Calcuta hizo hincapié en que Dios nos llama a no tener éxito, sino a ser fieles, simplemente estaba repitiendo lo que han dicho muchos santos a lo largo de los siglos. La fidelidad en los pequeños detalles de nuestra vida nos da la fuerza para ser fieles cuando se nos pide que hagamos algo grande. Si somos fieles a los mandamientos de Dios, su designio de atraernos a Aquél que nos creó, llegará a buen término. Jesús nos recuerda que «uno siembra y otro cosecha.» (Jn 4:37). No sabemos el fin último de nuestro trabajo, pero sabemos que si no sembramos, no habrá nada que cosechar. Para Dios, el tiempo entre la siembra y la cosecha no es importante porque «para el Señor un día es como mil años y mil años como un día» (2 Petri, 3, 8). Por lo tanto, debemos pensar y actuar como Roma, no sólo mirando los siglos, sino desde la contemplación de los años eternos.

    Mientras esperamos que Dios, aliente los próximos ochocientos años de vida dominicana, oremos por nosotros: para que sigamos cada vez más estrechamente los pasos de Jesucristo y Su modo de vida entregada, a través de Nuestro Santo Padre Domingo.

    Dios Padre de misericordia, Que
    llamaste a tu servidor Domingo de Guzmán
    a ponerse en camino en la fe,
    como peregrino itinerante y predicador de la gracia.
    Al prepararnos a celebrar el Jubileo de la Orden,
    Te pedimos que infundas de nuevo en nosotros
    el Espíritu de Cristo Resucitado,
    para que podamos proclamar con fidelidad y alegría, el Evangelio de la paz.
    por Jesucristo nuestro Señor.
    Amén.

    Que el Santo Padre Domingo y todos sus hermanos y hermanas, Santos y Beatos Dominicos, rueguen por nosotros.

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