Las Hermanitas de los Ancianos Desamparados se van de Carballino

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12 comentarios en “Las Hermanitas de los Ancianos Desamparados se van de Carballino
  1. El corazón de un niño

    Fray Pachomius Walker OP
    28 de Agosto de 2020

    Recomendaciones de lectura de verano de 2020

    «Abba, Pater»:

    Profundizando nuestra relación con la intimidad de Dios Padre.

    Padre Buenaventura Perquin OP

    «Sin embargo, el gran problema de los hijos adoptivos de Dios es recordar que son Sus hijos.»
    -página 14-

    Con cierta frecuencia en la casa de los Walker, recitábamos la cancioncilla de Elizabeth Cheney sobre el petirrojo y el gorrión:

    Dijo el petirrojo al gorrión:
    «Ciertamente me gustaría saber porqué
    estos seres humanos se apresuran
    ansiosos y se preocupan tanto.»
    El gorrión le dijo al petirrojo:
    «Amigo, creo que debe ser,
    que no tienen un Padre celestial,
    como el que se ocupa de tí y de mí.»

    Esta pintoresca representación de criaturas con un cerebro de chorlito, que tienen más confianza en la Paternidad de Dios que nosotros, los «seres humanos ansiosos,» se nutre de una visión bíblica. El mismo Cristo nos dice en el Evangelio de Mateo que no debemos preocuparnos, porque si Dios se ocupa de las aves del cielo, sabemos que cuidará con mayor razón de Sus amados hijos (cf. Mt 6, 25-27 ).
    Pero, si esta verdad es tan obvia, que incluso los pájaros dan testimonio de ella, ¿Porqué nos resulta tan difícil?

    De hecho, ésta parece ser una de las grandes luchas de la vida cristiana: Vivir la identidad que tenemos como “hijos amados.”
    Este combate es de tal importancia, que si no fuera por su carácter arduo, estaríamos bien encaminados hacia la santidad.
    Y es precisamente ese tema y la percepción que lo acompaña en relación con la santidad, lo que el Padre Buenaventura Perquin OP, aborda en su libro Abba, Pater.

    Leyendo su libro, el Padre Buenaventura, vemos que nos propone varios aspectos o implicaciones de la Paternidad de Dios a lo largo de treinta capítulos o conferencias diferentes.
    Cada conferencia tiene alrededor de diez páginas y, de alguna manera, toma como punto de partida la conferencia anterior.
    En las primeras secciones, el Padre Buenaventura nos conduce a través de las implicaciones de la Paternidad de Dios en el Antiguo Testamento. Luego, después de examinar la paternidad de Dios en el Nuevo Testamento, comienza a tratarla desde la perspectiva de cada una de nuestras relaciones individuales con Dios.
    La piedra de toque principal es nuestra condición de «hijos en el Hijo,» es decir, mira nuestra vida como hijos adoptivos por el Bautismo.
    Nuestro bautismo, el momento de nuestra adopción, se convierte en el punto de referencia de los temas restantes.
    Vincula progresivamente la Paternidad de Dios con la Liturgia, los Sacramentos, la Caridad, las virtudes, los estados de vida y, finalmente, el Cielo.

    Como podemos ver, el libro cubre mucho terreno. Sin embargo, en cada conferencia el Padre Buenaventura nos brinda una visión espiritual de cómo la Paternidad de Dios impacta nuestra vida. Dado que hay treinta conferencias, cada una relativamente corta, recomendaría este libro como recurso espiritual para treinta días consecutivos de meditación.
    En cada día, podrían emplearse unos minutos para leer una de las conferencias y luego meditar sobre las ideas que nos ofrece.
    Esta práctica debería, en última instancia, llevarte a vivir más profundamente tu identidad como hijo amado, que sabe que Dios es Su Padre.

    ¿Porqué nos resulta tan difícil recordar que somos hijos amados? ¿Porqué nos olvidamos tan a menudo de nuestra identidad como hijos amados? Creo que, tal vez, con frecuencia se debe a nuestro olvido de Quién es Nuestro Padre.
    Por eso el libro del Padre Buenaventura es tan valioso, pues, se trata de nuestra relación con el Padre. Principalmente se trata del Padre.
    Sólo conociendo más profundamente Quién es Dios, podremos profundizar nuestra relación con Él desde la perspectiva de Su Paternidad.
    A medida que profundicemos en nuestra relación con Él, nos descubriremos a nosotros mismos y a los demás como «hijos amados.»
    Cuando caigamos en la cuenta del amor que nos prodiga, que somos hijos de Dios, pronto estaremos libres de la preocupación reseñada en el diálogo del petirrojo con el gorrión. (cf 1 Jn 3, 1 ).

  2. San Agustín

    Siempre antiguo y siempre nuevo y actual

    Padre Buenaventura Chapman OP
    28 de Agosto de 2020

    Todavía recuerdo la primera vez que me vi frente a los escritos de San Agustín. Estaba matriculado en un cursillo en la universidad, dedicado a San Agustín y a Santo Tomás de Aquino, y tuve que leer las Confesiones de Agustín junto con el Compendio de Teología de Santo Tomás de Aquino.
    La diferencia entre los dos me pareció sorprendente. Comparé a Aquino y Agustín en lo referente al último fin del hombre:

    «Nuestro deseo natural de conocer no puede descansar dentro de nosotros, mientras no lleguemos a saber la primera causa, y no de cualquier manera, sino en su misma esencia. Esta primera causa es Dios. En consecuencia, el fin último de una criatura intelectual es la visión de Dios en Su Esencia.» ( Compendio , 104).

    Y ahora viene Agustín:

    «Estimulas al hombre para que se complazca en alabarte, porque nos has hecho para Tí, y nuestro corazón estará inquieto hasta que descanse en Tí.» ( Confesiones , I.1).

    ¿Cuál de los dos, crees que cautivó al estudiante universitario, que buscaba a Dios?

    Digo esto a sabiendas de ser algo injusto con Santo Tomás; escribió en un tiempo diferente, para unos destinatarios distintos y con otro propósito.
    En la encíclica Aeterni Patris del Papa León XIII se atribuye a Agustín haber «arrancado la palma» de todos los Padres de la Iglesia.»
    De genio sumamente poderoso y completamente saturado de conocimientos sagrados y profanos, con una fe superlativa, que vibraba en sus conocimientos y exposiciones, combatió con acendrado y efectivo vigor todos los errores de su época.»
    Pero será Santo Tomás, de quien se dice que reúne y aumenta con sus propias aportaciones, todo el acervo de la enseñanza escolástica, de tal manera, que «es justa y merecidamente estimado como el baluarte especial y la gloria de la fe católica.»
    De hecho, «la razón, remontando el vuelo en las alas de Santo Tomás, hasta la cumbre de las posibilidades de la inteligencia humana, apenas puede elevarse más, mientras que la fe difícilmente podría esperar más ayudas de la razón, que las que ya ha obtenido a través de Santo Tomás.»
    Santo Tomás, no San Agustín, es el Maestro teológico recomendado por Su Santidad, el Papa León XIII, a toda la Iglesia.

    Y, sin embargo, en la fiesta de San Agustín conviene meditar sobre su importancia permanente y su alcance extremadamente amplio. No creo que mi reacción inicial respecto a San Agustín fuera la única.
    Su pensamiento y estilo teológicos han cautivado a muchos a lo largo de la historia, y continúan dando frutos en la contemplación de nuestros días.

    Carlomagno, el emperador del Sacro Imperio Romano Germánico, estaba tan prendado de la Ciudad de Dios de San Agustín, que dormía con esa obra debajo de la almohada.
    En las Sentencias de Pedro Lombardo, se cita a San Agustín diez o quince veces más que a cualquier otro Padre de la Iglesia, y en la Summa Theologiae de Santo Tomás, San Agustín es la autoridad más referenciada después de la Biblia. ¡La reverencia de Santo Tomás por San Agustín fue tan profunda, que incluso teniendo a veces una opinión muy diferente, se negó a criticarla!

    La Teología de San Agustín es la del triunfo final de la gracia en su operatividad y en la vida y doctrina de la Iglesia.

    San Agustín influyó en la mente de muchos pensadores de renombre.
    Herejes como Lutero, Calvino y Jansenio, tienen la osadía de pretender cimentar sus desvaríos en la nítida y limpia doctrina de San Agustín. El Magisterio de la Iglesia y la historia han confundido su soberbia.
    En el siglo XVII, tanto René Descartes como Blaise Pascal lo vieron como el fundamento de sus propios proyectos filosóficos y teológicos, a pesar de que estaban enfrentados entre sí (Pascal nos habla de un “Descartes inútil e incierto.”).
    En el siglo XIX, Friedrich Nietzsche escribió La genealogía de la moral, que viene a ser como la Ciudad de Dios de San Agustín, pero argumentada al revés.
    En el siglo XX las Confesiones de San Agustín sirvieron como modelo para las autobiografías religiosas y seculares: La montaña de los siete círculos, del monje trapense Thomas Merton, se pone en contraste con las Circunfesiones o autobiografía del filósofo postestructuralista, Jacques Derrida.
    Y no olvidemos que es San Agustín quien encabeza la lista de citas de escritores eclesiásticos en el Catecismo de la Iglesia Católica .

    San Agustín parece tener una influencia eterna, una habilidad para hablar a través del decurso de los siglos con proyección universal.
    Se le ha llamado el primer medieval, el primer moderno, el primer existencialista, el primer autobiógrafo.
    Parece que ha seguido la consigna de San Pablo: Ser «todo para todos.»
    Ha hablado al mundo, de Dios y la relación con Él, a nivel histórico y cosmológico. Ha ayudado a la Iglesia a comprender la Trinidad, los sacramentos y la doctrina de la gracia. Es, después de todo, el Doctor Gratiae.
    Y si la historia sirve de indicio, seguirá enseñando al mundo, a la Iglesia y a cada uno de nosotros, sobre nosotros mismos y nuestro más profundo anhelo de Dios.

  3. No pasa nada, la salvación llegará desde Compostela por obra del inconsciente a la par que irresponsable que propone candidatos al episcopado.
    Qué vamos a tener aunque se cierren las casas religiosas, los seminarios se llenen de ficciones -además de malas aficiones- si ya el perro del hortelano -que lleva un tercio de siglo de inoperancia, ha señalado en quienes descansa sus complacencias: Dani, Eli y Andrés .
    Viva la Pepa!!!
    Cuando se vaya quiere que sepamos que ahí están sus paniaguados para perpetuarlo.

    1. Pues ahí no acabo de entender lo de las malas aficiones; tengo entendido que el rector se formó en San Dámaso bajo la guía de Pablo Domínguez y que el director espiritual está en torno a la mejor tradición toledana. Está, pues, en la mejor línea de la iglesia española actual. Ahí no puede decirse que don Julián Barrios se haya equivocado.

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