Infovaticana
La cigüeña de la torre

Las constituciones del Instituto de Cristo Rey Sumo Sacerdote aprobadas definitivamente por la Santa Sede

La Cigüeña de la Torre
31 Enero, 2016

ICRSP Me alegra muchísimo esa confirmación definitiva. Debo ser de las primeras personas que Raúl Olazábal conoció cuando le arrojaron en paracaídas en terreno verdaderamente hostil. En el que se encontró de todo: mambas, cocodrilos, escorpiones, cabritos, y no precisamente asados… Más solo que la una, o más bien únicamente con Dios, sobrevivió a mil puñeterías tonsuradas aunque ya no se lleve la tonsura. Si escribiera un libro sobre su experiencia podría ser un completo tratado de malas artes. Nada le amilanó, jamás perdió su contagiosa jovialidad, devolvió bien por mal y ahora comienza a vivir días de vino y rosas, aunque el vino sea todavía bastante peleón y las rosas apenas apunten su olor y no falten las espinas. Al menos lleva unos años de relativa tranquilidad, ha desaparecido en buena parte la hostilidad institucional y los frutos de su apostolado son bien tangibles. Por fin es un sacerdote admitido en la diócesis por sus pastores, con trato afectuoso de los mismos y también en las otras diócesis, Segovia y Valladolid, en las que se multiplica sacando tiempo de no se sabe donde. A él se debe que el modo extraordinario del rito latino sea una realidad, ciertamente pequeña pero que ahí está presente, en España. Contra nadie. Con la Iglesia. Ahora son ya unas cuantas las diócesis en las que se celebra pacíficamente la misa tradicional pero al principio era Raúl Olazábal. El reconocimiento definitivo por Roma de las constituciones de su Sociedad de Vida Apostólica, como en su día lo fue el Motu Proprio Summorum Pontificum, junto a la nueva actitud de unos cuantos obispos de España estoy seguro de que hará crecer el resultado de su trabajo. También me parece importante el que hace ya algunos años que  el Instituto de Cristo Rey Sumo Sacerdote le ha enviado un compañero que le permite multiplicar su labor. Espero el próximo paso de que le den una iglesia en la que los fieles afectos a la misa tradicional y sus sacerdotes puedan encontrarse en casa propia y no de huéspedes no siempre bien acogidos en casa ajena. Pienso que el momento es óptimo pues Don Carlos Osoro tiene un talante abiertamente acogedor de todas las “sensibilidades” eclesiales y esta no es nada problemática sino sumamente pacífica y se quiere totalmente diocesana y en plena comunión con la Iglesia. Creo que mi deseo es plenamente desinteresado pues uno no frecuenta la misa tradicional. Ojalá lo pueda ver pronto cumplido.    

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