LA SOMBRA DE PEDRO

Papa Francisco enfadado por la lujosa comida durante las canonizaciones en Vaticano

LA SOMBRA DE PEDRO

En la paz de San Joaquín y al calor de la chimenea inspirada en la de la Casa del Greco y cuyos leños son contenidos por un par de eslabones de la Vuelta de Obligado, regalo de mi compadre Ovidio Fernández Alonso, continúo gozando con la lectura del libro de mi amigo  Roque Raúl Aragón, “Bajo estos mismos cielos” y  en esta nota comentaré un texto titulado “La sombra de Pedro”, escrito el 26 de junio de 1978, cuando entre nosotros nadie soñaba que poco después de tres décadas tendríamos un papa argentino, excepto el Padre Castellani, que lo anticipó en su libro “¿Juan XXIII o XXIV’’?

Pero hoy, lo tenemos a Francisco hace ya más de una década, un hombre poco querido por los argentinos y creo que, como no tiene un pelo de tonto, por eso no viene a visitarnos.

Siempre recuerdo, a pocos días de su elección, en un instituto pluralista, el de Filosofía del Colegio de Escribanos de la Ciudad de Buenos Aires, que tengo el honor de presidir desde hace más de tres lustros, la derrota por goleada de una moción del vicepresidente, mi amigo el escribano Pedro Mollura, cuando propuso que presentáramos una nota al Consejo Directivo, para que la institución expresara su alegría por tener un papa argentino. Le manifesté mi oposición, porque conocía al personaje que hasta había llegado a retener en forma indebida una buena cantidad de dinero, que tuvo que devolver ante el reclamo del sacerdote perjudicado ante la justicia civil, además de sumar un gobierno colmado de entuertos, arbitrariedades y alcahueterías. 

Y le dije a Mollura: como acá, menos yo, son todos democráticos, votemos. Como era lógico, él sostuvo su moción, después yo voté en contra y luego vino una catarata de votos negativos, desde una judía hasta una italiana católica y monárquica, con lo cual se retiró el pedido propuesto.

No fue la única propuesta perdedora; recuerdo que monseñor Escrivá de Balaguer, estuvo en el Colegio a dictar una conferencia y con ese antecedente, un grupo de colegiados vinculados con su obra, quisieron colocar en ese lugar un retrato suyo. Cuando me pidieron sumarme a la iniciativa, me negué en forma terminante porque la presencia del fundador del Opus Dei había sido accidental, destacando que quien merecía estar presente y lo estaba con una hermosa escultura era el único santo que tenemos los notarios, san Ginés de Arlés, ese catecúmeno que recibió su bautismo de sangre en la última persecución romana.

Aragón comienza su aporte destacando que “el luminoso dogma de la infalibilidad pontificia es la garantía de la libertad de los católicos. Por él podemos discernir lo que el Papa tiene de Cristo de lo que tiene de Adán. Y no nos extraña que la verdad, toda la verdad, pueda ser pronunciada desde su cátedra, aunque su persona fuera detestable.

Ha habido papas que eran malos sujetos. Es una verdad histórica. No ha habido un solo Papa que definiera una falsedad. Es otra verdad histórica. Ambas verdades muestran la condición sobrenatural de la Iglesia, que depende del Espíritu Santo y no de los hombres. Los papas santos, desde San Pedro hasta Pío X, no nos obligan por haber sido santos, sino por haber sido papas.

No somos serviles, dispuestos a aceptar cualquier cosa, ni somos remisos para acatar la autoridad divina. Podemos discutir con el papa y objetar su conducta… y hasta incriminar su conducta igual que Dante, que puso en uno de los círculos del infierno al Pontífice reinante. En sus actos personales el Papa se representa a sí mismo -con todo lo que es- pero no a Cristo ni a la Iglesia”.

Relata un episodio de Paulo VI que pidió de rodillas ante los captores la liberación de Aldo Moro y comenta: “no podríamos imaginar a Nuestro Señor, arrodillado frente a Herodes para pedirle por la cabeza de Juan Bautista. No era Cristo entonces, el que se abatía ante las Brigadas Rojas… un grupo de asesinos”.

Concluye con un largo párrafo que describe lo que sucede cuando se va la fe…

“Ahora Italia se halla espeluznada ante la presencia imperceptible de los asesinos rojos. Su gobierno demócrata cristiano se ha derrumbado por corrupción moral. Una terrible gangrena de iniquidad se difunde por su organismo social. Es lícito el divorcio, el homicidio tiene respaldo legal. Se puede abreviar la muerte de un hombre con el pretexto de la eutanasia. Se puede cortar la vida que acaba de dársele a un inocente con la facultad de producir el aborto de la madre bestial. Cuando se va la fe su lugar es ocupado por la muerte. Por eso es posible que esa antigua cantera de santos se desintegre ante nuestros ojos bajo la sombra de Pedro”.

Pensar que Aragón escribió esto hace más de cuarenta años y esos “logros” logrados por Italia, bajo el gobierno y la complicidad de la democracia cristiana, se han generalizado en el mundo occidental, incluida la Argentina.

Aquí también sufrimos la destrucción de la familia como un todo de orden jerárquico y servicial. Empezamos por la patria potestad compartida y acabamos con su desaparición, reemplazada por la responsabilidad parental, seguimos por el divorcio eliminando sus causales e instaurando su modalidad “exprés”; continuamos con el “matrimonio igualitario” o sodomonio y el reconocimiento de diversos tipos de familia, seguimos con la legalización del aborto, disfrazado como interrupción del embarazo y nos encaminamos hacia la eutanasia, y la zoofilia.

Lo último bajo el pontificado de un papa argentino, quien no tuvo problemas en recibir al principal responsable de tantos asesinatos impunes, el presidente turista Alberto Fernández y darle la comunión a través de su lacayo, el arzobispo Sánchez Sorondo a él y a su pareja Fabiola, quien acaba de abandonarlo al término de su gobierno.

Este pontificado, el peor sin duda de estos tiempos, miente cuando habla de una “Iglesia de salida”, cuando es “en liquidación”, en muchos países de Europa y de América, que incluye a nuestro país. Pero la Nave de Pedro resiste en África y en algunos países de Asia,  en China donde los fieles y su iglesia clandestina son entregados a una iglesia patriótica confundida con el comunismo gobernante y en los jirones de Cristiandad, que preparan una nueva primavera. 

Estancia San Joaquín, Azul, julio 29 de 2024.              Bernardino Montejano

  

         

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