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La sombra de Don Marcelo es alargada

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Y continúa cubriendo protectora, aun después de su fallecimiento, a su amada Iglesia española. Se vienen publicando, incluso desde antes de su muerte, una serie de volúmenes que recogen escritos, pastorales, homilías… de aquella figura ingente de nuestra Iglesia. Según pienso sin parangón desde Gomá. Pero los años pontificales del egregio cardenal catalán fueron más breves. Los del cardenal castellano Dios nos los quiso conceder más largos. A ambos les tocó un periodo trágico de nuestra historia eclesial. El genocidio católico de los últimos años republicanos fue tan bárbaro, tan sangriento, que puede llevar a mentes superficiales a pensar que nada tiene que ver con los días más tranquilos aparentemente de su sucesor en la sede primada. Pero esos días tan «tranquilos» supusieron la muerte de una Iglesia que era consustancial a nuestro pueblo. De una práctica masiva, que seguramente superaba el 80% se ha pasado a un 20% en las regiones más practicantes, de un bautismo generalizado a cotas insospechadas, de seminarios rebosantes a inmensos caserones hoy vacíos, de una religión respetada y honrada a la que hoy vivimos, rechazada institucionalmente en no pocos lugares y objeto de profanaciones y sacrilegios constantes. Gomá fue el referente del renacer católico, Don Marcelo de que algo sobreviviera. El primero estaba respaldado por la primacía eclesial, la de Don Marcelo no era ya más que un título honorífico aunque él consiguiera hacerlo verdadera realidad. Fue sin duda el primero entre los obispos de España en sus días. Y referente, ancla, ejemplo, esperanza, sostén… de lo que iba quedando de la Iglesia. Y si entre tanta ruina queda todavía algún brote verde a su magisterio, su ejemplo, su inmensa solidez, incluso física, qué voz la suya, se lo debemos. Los tomos de sus escritos son todos una lección teológica y pastoral. Don Rafael Palmero, que fue obispo auxiliar suyo y luego titular de Palencia y Orihuela-Alicante, nos acaba de hacer un análisis excelente de los tomos publicados, a la vez largo y breve, lo primero por la extensión del texto y lo segundo por la concisión de con la que analiza cada uno de esos tomos. No me resisto a dárosla a conocer. Y seguramente hay mucho más que de momento no conocemos. Don Santiago Calvo, fidelísimo secretario de Don Marcelo en todos sus años episcopales, debe tener en su poder el epistolarios del cardenal. Al menos en parte porque monseñor González Martín contestaba muchísimas cartas a pluma por lo que no habrá constancia de sus respuestas. El epistolario de Gomá es fuente imprescindible para cualquier estudioso de aquellos años trágicos y gloriosos de la Iglesia española. Y también para la misma historia de España. Pienso que el de Don Marcelo no le irá a la zaga respecto a los años eclesiales negros que le tocaron. Tal vez el que haya muchos de sus corresponsales vivos, o muy recientemente fallecidos impongan un distanciamiento temporal que hoy todavía no existe. Os dejo el texto de Don Rafael Palmero, a quien felicito por el mismo. Y pienso, Don Santiago Calvo, que allá arriba Don Marcelo no se cansa de decir: qué buen secretario me busqué. DOCTRINA Y MAGISTERIO DE DON MARCELO GONZÁLEZ MARTÍN, ADMIRABLE Y ADMIRADO PASTOR DE LA IGLESIA Se redondea, con el volumen XI recientemente aparecido, la edición de escritos pastorales del Cardenal Marcelo González Martín, don Marcelo, Arzobispo de Toledo. No se recoge, es cierto, toda su producción homilética y pastoral, porque otras intervenciones suyas, también importantes, se han reflejado con anterioridad en ediciones más sencillas. Sin embargo, es valioso y actual poner al alcance de muchos, que vienen solicitándolo, este resultado complexivo. En el interior de cada tomo de estas “obras”, aparecen nombres –no siempre los mismos– de quienes han ido facilitando la entrega de documentos. Y es que, con el conjunto de los tomos, nos hemos ido asomando a un pequeño mar… Pero, es justo reconocerlo, la mano experta de don José Luis Gutiérrez García es la que ha movido permanentemente los hilos. Conocida es su autoridad a la hora de preparar y ofrecernos la espiritualidad del Padre Alfonso Torres, s. j., con el título “Los caminos de Dios”1. De vademécum del espíritu y pieza inamovible de la espiritualidad española ha sido calificado este libro. Junto a don José Luis, se ha mantenido desde el primer momento, en guardia permanente, don Santiago Calvo Valencia, secretario de don Marcelo durante todos los años de su servicio episcopal a la Iglesia. Tarea suya ha sido recuperar y disponer los textos que hoy se ofrecen en su autenticidad. Pensemos que don Marcelo escribía siempre a mano, tanto los esquemas que en ocasiones facilitaba, como otras intervenciones más desarrolladas. Los demás nombres de este “equipo sucesivo”, encajamos en la denominación genérica de colaboradores, comprometidos en mayor o menor medida, pero gozosos siempre de poder servir. A don José Luis y a don Santiago, en consecuencia, nuestro reconocimiento unánime y la gratitud sincera de muchos. Son 5.580 páginas de texto que, finalmente hoy, se ofrecen en bandeja. La edición, en su conjunto, es del Estudio Teológico San Ildefonso de Toledo. Reconocimiento, igualmente, a las instituciones y personas –anónimas en ocasiones, aunque nunca delante de Dios– que han venido costeando la edición desde el principio. En la etapa última y con el correspondido favor a “Donación Matía Prim. Donación Cardenal Marcelo”. 1 José Luis Gutiérrez García, Los caminos de Dios. Doctrina espiritual del P. Alfonso Torres, S. I., Madrid 1947, 637 pp., XII-XIII.       TOMO I.- EL VALOR DE LO SAGRADO Así se titula el primer volumen, que vio la luz, con 24 documentos y 477 páginas de texto, el año 1986. Se evidencia en él la plena “sintonía de don Marcelo con las enseñanzas del Concilio Vaticano II y los Papas contemporáneos y la fidelidad con que recoge las voces de la época, los signos de los tiempos, los retos del presente”. El prólogo es del Cardenal J. Höfner, Arzobispo de Colonia, que constata en el mismo: “ya el mismo título del presente volumen, El valor de lo sagrado, demuestra esta armoniosa combinación de fidelidad y de servicio”. Puede, en efecto, afirmarse que el Cardenal Arzobispo de Toledo se ha adelantado, con insistencia significativa, al tratamiento que ha dado el reciente Sínodo extraordinario, convocado con motivo del XX aniversario del Concilio Vaticano II. “En los escritos que contiene este volumen, puede el lector encontrar elementos y ayudas más que suficientes para recuperar, si lo ha perdido, y para desarrollarlo si lo mantiene, este sentido de lo sagrado, que constituye dimensión capital constitutiva del hombre, valor inesquivable de la historia y elemento supremo de lo que Pío XII calificó como de orden absoluto del ser y de los fines”. Son estos escritos que, a la riqueza, plenitud y aire de los mismos, a su valor intrínseco, unen el esplendor exterior de una prosa clásica y moderna a la vez, que el propio lector no tardará en descubrir conforme se vaya adentrando en estas páginas que me he honrado en presentar a instancias de los preparadores del volumen. “La expresión correcta de la fe católica, la vivencia profunda de la misma, el despliegue dinámico de las tareas de evangelización, requieren que se evite la tentación del fideísmo, que hoy serpea por el recinto interior de la propia Iglesia”. En su primera parte, Lo sagrado en la sociedad contemporánea, se precisa el concepto teológico del mundo y la posición del cristiano moderno ante él. Se habla de Cristianos por el socialismo y se reflexiona sobre La Iglesia de hoy ante la idea de una Europa unida. En la segunda, Presencia de la Iglesia en la España de hoy, se analiza la fe y la moral en el actual momento eclesial, y se invita a mirar el futuro, conociendo profundamente nuestra fe y amándola. ¿Qué queda de la España católica y qué puede quedar a final de siglo? Una y otra pregunta encuentran aquí su respuesta, en la que se descarta la tentación de un catolicismo fácil que nunca sería remedio para una España intransigente. Se analiza la crisis del mundo más que de la Iglesia, crisis que afecta a la acción pastoral de la misma y crisis que se ha manifestado en España. Permanecen, dice don Marcelo, los valores redentores de la humanidad, valores humanos porque son evangélicos, y se hace una invitación a no dilapidar la herencia que hemos recibido.   TOMO II.- SANTA MADRE IGLESIA TOMO III.- EN EL CORAZÓN DE LA IGLESIA Al año siguiente, 1987, vieron la luz estos dos volúmenes con una sorpresa grata, ya que, el conjunto de documentos sobre el tema de la Iglesia aconseja, aún con una drástica eliminación (seleccionar significa eliminar), desdoblar el contenido en dos tomos. Si el Concilio Vaticano II hizo de la Iglesia el eje ordenador de su Magisterio, situándola en su perspectiva sobrenatural como sacramento de salvación, fácilmente advertimos que el magisterio de don Marcelo sobre la Iglesia se sitúa dentro de esta perspectiva, cristológica y trinitaria, ofreciéndonos temas y consideraciones valiosísimas, tanto para el estudio, como para la predicación y la catequesis. Lo mismo que en el sosiego de la oración personal y comunitaria. La Iglesia de la Trinidad, el Espíritu Santo, alma de la Iglesia, y la vida contemplativa, llenan las páginas del segundo volumen, prologado por el Cardenal J. Hamer, o. p., Prefecto de la Congregación para los Religiosos y los Institutos seculares. “Deseo muy de veras –nos dice–, que el magisterio de don Marcelo contribuya eficazmente a que la Santa Iglesia que peregrina en España, heredera de una consolidada tradición eclesial y de un extraordinario impulso misionero, contribuya también hoy a la nueva evangelización que el mundo necesita en esta encrucijada abierta ya al final del segundo milenio”. La Eucaristía, centro y cima de la vida cristiana. El Corazón de Jesús, Arca de la Nueva Alianza. María, Madre de la Iglesia y la Iglesia bajo el patrocinio de san José llenan las páginas, 434 en total, del volumen III. A prologarlo fue invitado el entonces Cardenal Prefecto de la Sagrada Congregación para la Doctrina de la Fe, Joseph Ratzinger. Suyas son estas líneas: “Hazte presente, Jesús, buen pontífice, en medio de nosotros, como estuviste en medio de tus discípulos”, se decía en la antigua liturgia mozárabe, en cuya renovación tantos desvelos y trabajos ha puesto el Cardenal González Martín. La piedad eucarística nos lleva a una devoción cristológica de inmediatez. Por eso la devoción a Cristo Jesús, el Hijo de Dios que se hizo carne y que por ello, no puede prescindir de su Humanidad, para no ser superficial tiene que llevar a su Corazón. En efecto, el “Corazón” es lo decisivo en el hombre y lo que permite valorarlo plenamente. San Jerónimo, con gran claridad expresaba esta idea, rica para la antropología cristiana, cuando escribió: “Se pregunta dónde está lo principal del alma: Platón dice que en el cerebro, Cristo muestra que en el corazón” (Epístola 64, 1)… “La piedad mariana española tiene el punto de partida de su primer gran desarrollo en la obra de San Ildefonso de Toledo, Sobre la virginidad perpetua de Santa María. S. S. Juan Pablo II en Zaragoza, durante su viaje a España, llamaba a “San Ildefonso de Toledo el más antiguo testigo de esta forma de devoción que se llama ‘esclavitud mariana’, a la vez que puso de relieve, con textos concretos de San Ildefonso, cómo en él la piedad mariana tiene, como objeto último, a Cristo. Pues así se refiere al Señor lo que sirve a la esclava; así redunda en el Hijo lo que se entrega a la Madre; así pasa al rey el honor que se tributa a la reina” (De virginitate perpetua, 12). El Sr. Cardenal Arzobispo de Toledo, en alguna ocasión muy reflejadamente, ha querido ser sucesor fiel de San Ildefonso no sólo en la sede, sino en su esfuerzo por explicar la doctrina católica sobre la Virgen María… “Deseo, termina diciendo, que el catolicismo español siga siendo hoy lo que siempre fue al servicio de Dios y de la Iglesia”.           TOMO IV.- EVANGELIZAR Es el título del volumen IV, publicado en 1988, con 590 páginas y prologado por el Cardenal López Trujillo, Arzobispo de Medellín. “Este nuevo volumen de un gran evangelizador –así se expresa el prologuista, a la sazón, Presidente de la Conferencia episcopal colombiana– el admirado Cardenal don Marcelo González Martín…, representa un ejemplo claro y sugerente de lo que es el ejercicio mismo de un anuncio fiel del Señor, sin vacilaciones y temores. En la riqueza y variedad de los temas, en la diversidad de circunstancias, se revela, como constante hilo que hilvana el conjunto, su amor a la Iglesia. Un amor costoso, que no cede a las tentaciones de la moda, ni se escapa en silencios reñidos con la misión de centinelas y de profetas. Son densos los contenidos doctrinales, con una teología hecha de rodillas y al calor de una celosa acción pastoral. Todo en esta obra tiene la vibración firme y serena de quien es, ante todo, como Obispo y guía, un sincero creyente. Me parece que don Marcelo retoma este talante de los evangelizadores que salieron de la Madre Patria, como llamamos a España en Hispanoamérica, a la heroica aventura de sembrar las semillas del Reino de Cristo. En ellos no hay dudas, ni acomodaciones, sino certidumbres de fe. La lectura de este tomo hará mucho bien, en España y en América Latina, en los umbrales del Quinto centenario de la evangelización. Será como un reflejo del ser, del alma cristiana de España, a veces oculta y hasta acosada, pero existente y actuante”. Destacamos, dentro del contenido del mismo: La misión de la Iglesia es evangelizar. El Papa es el primer evangelizador, y con él los obispos, sucesores de los Apóstoles, con sus sacerdotes. Las cartas pastorales, en su primera Diócesis: El porvenir espiritual de nuestra Diócesis y Astorga, diócesis misionera, y cartas pastorales de Barcelona La fe conocida, vivida y amada, La acción pastoral del sacerdote en Barcelona. También sus intervenciones en el Sínodo de Obispos celebrado en Roma en octubre de 1974 sobre la evangelización, y la conferencia pronunciada en Madrid: No lamentos, sino acción en la hora presente. Sus comentarios autorizados sobre el viaje de Juan Pablo II a España y su artículo El Papa que no entendería a España, (Diario Ya, Madrid 7 de octubre de 1984). Y un pequeño tratado sobre el sacerdocio hoy, fiel reflejo del momento y con doctrina permanente y estimuladora, y temas de actualidad sobre familia y educación.     TOMO V.- VIVIR EN CRISTO. Predicación de Cuaresma y Semana Santa Se recogen en este quinto volumen las predicaciones de Cuaresma, tiempo de renovación necesaria, tanto en Barcelona como en Toledo. Durante cuatro años sucesivos, don Marcelo habló en la ciudad condal todos los viernes cuaresmales sobre las virtudes teologales y los hijos de la luz, Jesucristo y la Virgen María. Y en dos ocasiones predicó las Siete Palabras de Jesús en la Cruz el Viernes Santo de 1968 y 1969, ante la fachada principal de la Catedral. En Toledo predicó los viernes de cada semana de Cuaresma, siempre a la luz de las enseñanzas del Concilio Vaticano II. Tenemos en su conjunto una muestra elocuente del continuo ejercicio del ministerio de la palabra. El prólogo, en esta ocasión, es del Card. Antonio Innocenti, antiguo Nuncio Apostólico en España, y a la sazón, Prefecto de la S. Congregación para el Clero. “Posee (don Marcelo), nos dice, un conocimiento profundo, vitalmente asimilado del Nuevo Testamento, sobre todo de los Evangelios y de las epístolas paulinas. Ha hecho suyo, y se ve que desde muy joven, el certero consejo de otro gran maestro español de la predicación, el insigne Apóstol de Andalucía, San Juan de Ávila… Previene a sus fieles frente al riesgo de crecientes mutilaciones de la enseñanza real del Concilio. Subraya la necesidad de adaptación sensata, pero admitiendo con meridiana claridad que “el Concilio no ha cambiado, no puede cambiar la fe y la creencia… Y alza la voz este Pastor con energía profética, para decir que “hablar de renovación es hablar también y principalmente de reforma personal interior, y no puede haber reforma personal interior, si no hay conciencia de pecado, y concluye: ‘No hablar del pecado es un terrible error religioso’, y ante la crisis de obediencia que hoy ha ido surgiendo en la Iglesia, no vacila en reiterar que la obediencia es virtud capital, que no ha pasado de moda y que pertenece al cuadro esencial de la vida cristiana auténtica. Eliminar o reducir la obediencia es eliminar o difuminar la presencia de la Cruz en la vida del cristiano”. “Ya apareció la palabra –explica don Marcelo el miércoles de Ceniza de 1968– que hoy conmueve y turba los espíritus de tantas gentes, ‘renovación’. Pronunciémosla con humildad, sin intenciones agresivas y reivindicatorias, que supondrían, si así se hiciera, una triste ignorancia respecto al noble abolengo de esta palabra, e incluso más: significaría también una injuria a la Iglesia. ¿Qué es lo que hay que renovar hoy en la Iglesia de Dios? La respuesta a esta pregunta nos la va a dar el mismo nuestro Señor Jesucristo, y es una respuesta tan radical, tan profunda y tan llena de compromisos, que no podrá ser superada nunca, ni siquiera por ninguna declaración conciliar”.               TOMO VI. – TESTIGOS DE LA FE Homilías, cartas pastorales y conferencias integran las 412 páginas de este tomo, referidas a santos como el Beato Enrique de Oso, Santa Teresa Jornet e Ibars, San Ignacio de Loyola, San Francisco de Asís, el Hermano Rafael, San Juan de Ávila, el Beato Manuel Domingo y Sol, San Bernardo, San Agustín; también Santa Beatriz de Silva, San Benito, San Juan Bosco, el Cardenal Espínola, San Francisco de Borja, San Vicente Paúl… Buen libro éste para la lectura sosegada y meditación provechosa de todos, pero de modo especial de los miembros de la gran familia de consagrados a Dios. Importa poco, se dice aquí el momento en que cada cual haya hecho su entrega de por vida al Señor. Los modelos de comportamiento son muchos e iluminadores para quienes seguimos peregrinando en la vida. De estos hermanos y hermanas que gozan ya de la visión de Dios en el cielo podemos aprender todos la alegría cristiana, y con ella todas las demás virtudes: “La alegría no es prerrogativa de ninguna posición social. No se compra con nada. No está ligada a nada que se pueda ‘tener’, a nada absolutamente. Depende de cómo se ‘es’. Es una conquista personal. Es el sello de Dios que garantiza la acción bien realizada, la práctica de una virtud, la ayuda prestada, la entrega generosa, el deber cumplido con sacrificio lleno de amor, la enfermedad aceptada, la envidia superada. El fruto del espíritu bueno es la alegría. Caridad, alegría y paz se encuentran reunidas y expresan una idéntica actitud. No hay caridad sin alegría, pero la alegría es también caridad. Y no hay paz sin alegría, pero la alegría es expresión de la paz”. Ésta es la alegría de San Francisco de Asís. La experiencia de Dios y de la fraternidad y su espíritu abierto a todo lo creado le inundan de alegría y le llevan a esa forma de oración tan suya y tan jubilosa que es la alabanza. “En esta convicción firme de la mutua comunicación con los santos del cielo –escribe el Cardenal Paul Augustin Mayer, O.S.B., Presidente de la Pontifica Comisión Ecclesia Dei– el pueblo cristiano sabe que tal vinculación no se limita a un mero recuerdo histórico, sino que consiste sobre todo en un trato y diálogo fraternos con quienes viven en la gloria de la presencia directa, sin velos ya del Señor. La comunión con los santos se abre también del lado de acá como relación personal, íntima, con quienes, amigos, hermanos, intercesores son portadores de la suprema vida…”. Me parece ver, en los documentos reunidos en este volumen, una ejemplar aplicación de cuanto el Concilio Vaticano II recordó sobre el culto y la devoción a los santos en la Constitución sobre la liturgia y en la Constitución también sobre la Iglesia. La primera abordó el tema de forma sintética. La segunda lo expuso con mayor desarrollo. “Las fiestas de los santos proclaman las maravillas de Cristo en sus servidores y proponen ejemplos oportunos a la imitación de los fieles” (Sacrosanctum concilium, 111).     Tomo VII.- SEMINARIO NUEVO Y LIBRE Asistimos aquí a un recorrido atento por los Seminarios de Astorga, de Barcelona y de Toledo. En todos ellos dejó don Marcelo las mejores de sus energías jóvenes y maduras, en favor de esta institución semper reformanda, que tan buenos resultados ha dado en las Diócesis encomendadas a este Pastor. “No es un misterio que el Seminario constituye la gran pasión de don Marcelo. Nada extraño que los puntos de su pluma rezumen experiencia y transparencia. Conoce a fondo la temática y la elabora con maestría. Y con suma prudencia: la delicadeza propia de la formación sacerdotal impone cultivar el campo con solicitud y caminar de puntillas para no pisotear la sementera. ¿Por qué no hacer tesoro de las reflexiones de un experto consumado?…”. En plena crisis mundial, llamó la atención en Roma el espectáculo de Toledo, con tres Seminarios Mayores y otros tantos Menores, repletos de seminaristas y en pleno proceso de expansión. Si es cierto que buena parte del éxito en materia vocacional es fruto de contagio, habrá que suponer que fue muy intenso el entusiasmo de don Marcelo. No lo había disimulado al iniciar su misión en la sede primacial de las Españas. “Pienso, escribía, que ningún servicio más fecundo puedo prestar que el de mi trabajo ordenado, constante y fiel en favor de las vocaciones sacerdotales y del sacerdocio”… No cabe duda, por tanto, que el autor de estos escritos sabe de veras de qué escribe. Una lectura reposada sobre los mismos certifica que el autor escribe de lo que mucho sabe. Don Marcelo vio claro el cometido asignado al Seminario Menor. “Con notable claridad de objetivos –observa la Congregación– se ha ido modificando su fisonomía, desde un Colegio-Seminario abierto a todos hasta un Seminario Menor propiamente tal. En efecto, el Seminario Menor debe entenderse como una comunidad de jóvenes que vibran con el anhelo del sacerdocio de Cristo, a quienes, en régimen de internado, se imparte una formación apta para el cultivo de su vocación”… La Congregación se congratula por “la calidad de la formación intelectual impartida en el ‘Estudio San Ildefonso’, gracias a un buen claustro de profesores y en el enriquecimiento de su biblioteca, y la atención que se concede a la formación humana y cultural de los alumnos, y expresamos nuestra satisfacción. Pero el conocimiento evangélico va mucho más allá, condicionado como se halla por el amor. Un amor oblativo que lleva al Buen Pastor a dar la vida por las ovejas”. De ahí la justeza de la nota de la Congregación: “Pero un punto queremos destacar sobre todo: se trata de la insistencia en la formación espiritual. Ella corresponde exactamente a la necesidad urgente para la ‘nueva evangelización’ formulada en el último Sínodo Extraordinario de los Obispos en estos términos: ‘hoy es absolutamente necesario que los pastores de la Iglesia sobresalgan por el testimonio de santidad’. Las demás cualidades de un pastor son hoy día sumamente importantes, pero ésta es sumamente necesaria”. Quien escribe así en el prólogo de este volumen es el Card. Antonio M. Javierre, Bibliotecario y Archivista de la Santa Iglesia Romana. En las páginas de este volumen aparece la carta pastoral de don Marcelo que dio vuelta a medio mundo y que ha conseguido resultados espléndidos, en España y fuera de España: Un Seminario nuevo y libre. Las aspiraciones han sido nobilísimas y los resultados están a la vista. Sin embargo, don Marcelo sigue soñando: “Que ni una sola Parroquia de la Diócesis deje de tener, con el tiempo, un sacerdote y una religiosa en España, y un misionero o misionera en otros países. Tratar de conseguir esto sería un buen programa de acción pastoral indispensable junto con las demás acciones que emprenderéis y en que trabajáis”. Y una recomendación también atendible: “Tenéis que orar mucho al Señor por las vocaciones, amarlas, dar ejemplo de fidelidad en nuestra consagración; llamar, llamar a adolescentes, jóvenes, adultos. Y estar convencidos de que sin sacerdotes que les atiendan, las parroquias y las comunidades se quedarán sin alma. Como ha dicho el Papa, “no hay defensa ni crecimiento en la fe, si no hay sacerdotes dignos, dotados de una preparación humana, cultural y espiritual sólida, que los capacite para el delicado oficio de pastores del Pueblo de Dios” (Juan Pablo II, 19 abril 1980).           TOMO VIII.- HUMANISMO CRISTIANO En 1993 ve la luz el volumen VIII, con este título. Se proyecta en él una mirada atenta al ayer y al hoy de la Iglesia en Toledo. A la Virgen de Guadalupe y la evangelización de América. Al humanismo cristiano. A determinadas fechas del Año litúrgico. Y se muestra una rica galería de retratos: Cardenal Gomá, El Jefe de Estado en su tránsito, Mons. Josemaría Escrivá de Balaguer, etc. Se pensaba entonces que con los 257 documentos ofrecidos hasta el momento, podría quedar redondeado el proyecto. Pero no, ha seguido corriendo, como veremos, el agua limpia de la evangelización, de este maestro testigo y apóstol. Es muy de agradecer el valioso índice analítico que se inserta en las páginas 319-357, preparado en el curso 91-92 por un grupo de alumnos del Estudio Teológico de San Ildefonso, bajo la dirección del Prof. don Evencio Cófreces Merino. Se familiarizaron todos con tan rico contenido y nos ofrecen el fruto de su esfuerzo. Gracias, muchas gracias. Redacta el prólogo, en esta ocasión, el Cardenal Bernardín Gantín, Prefecto de la Sagrada Congregación de Obispos y Presidente de la Pontificia Comisión para América Latina. Suyas son estas frases, elogiosas sí, pero fraternales y aclaratorias sobre todo: “Una nota constante advierto en toda la labor episcopal del Cardenal González Martín: su profundo y fino sentido de Iglesia, el amor a la Santa Iglesia de Cristo. Es como el eje constante de toda su vida y de toda su acción. La Iglesia como misterio de la salvación, como sacramento de la infinita sabiduría divina, con su inmensa e inabarcable grandeza y también con las inevitables páginas, a veces oscuras, de su necesaria vertiente humana… Coherente con esta visión se destaca el sentido de servicio, de entrega, de donación infatigable de sí mismo que, en su tarea de gobierno eclesial, caracteriza al Cardenal González Martín. Servir, sin reparar en sacrificios, sin arredrarse ante incomprensiones. Con audacia santa y sentido de la época. Parece como si se hubiera anticipado a la grave advertencia del Concilio Vaticano II: “El Obispo, enviado por el padre de familia a gobernar su familia, tenga siempre ante los ojos el ejemplo del Buen Pastor, que vino no a ser servido, sino a servir y dar la vida por las ovejas” (Lumen gentium, 27)… En la hora de la Nueva Evangelización, estos volúmenes de orientaciones doctrinales y pastorales, en perfecta sintonía con las enseñanzas del Santo Padre, constituirán una iluminación en el camino del Pueblo de Dios, especialmente de los evangelizadores, en orden a llevar el Mensaje de Jesús a los hombres y mujeres de nuestro tiempo. Es la consigna de San Pablo: “Evangelizare Iesum Christum” (Cf. Gal 1, 16).     TOMO IX.- LOS VALORES DE SIEMPRE Componen este volumen escritos y alocuciones, mayores por su extensión, contenido y circunstancias, con otros, relativamente menores, pero también de interés no pequeño. “En los unos y en los otros lucen el sentido de actualidad que ha caracterizado el magisterio episcopal de don Marcelo, y simultáneamente la fidelidad constante al depósito de la fe y a los valores del hombre, a los valores permanentes que dan título al volumen”. Señalo la carta pastoral Cuaresma, primavera de las almas, firmada en Barcelona el año 1968. Se habla en ella de la vida ascética que se traduce en disciplina y esfuerzo para aprovechar todas las energías en orden al desarrollo íntegro de nuestra personalidad físico-espiritual en una síntesis equilibrada y armoniosa. Con un triple equilibrio: humano, cósmico y religioso. Se recoge otra exhortación pastoral de 1969, en Barcelona también, titulada La Cuaresma y la práctica de los ejercicios espirituales de San Ignacio. Se analiza la tarea común de la Nueva Evangelización: no hay evangelización, explica don Marcelo en otro momento, si no se propone a Jesucristo o se prescinde de María, su Madre, de la familia, y también del demonio, ángel del abismo, tema que tampoco hoy puede olvidarse totalmente. Se me pidió a mí en esta ocasión el prólogo. Con el título de “Don Marcelo, predicador”, quise recordar a todos: “Ya desde sus años de estudiante en la Universidad, don Marcelo vio con meridiana claridad interior que el ministerio de la Palabra ocupaba un puesto preeminente en la obra evangelizadora. En toda época. En momentos serenos y en días de tormenta. Con el testimonio insustituible de una vida consecuente y con el uso de la palabra transmisora del misterio de la fe. ‘La fe nace de la audición del mensaje: mensaje que es el anuncio de Cristo’. Esta primacía de la predicación cobra relieve destacado en el cuadro del servicio episcopal, porque fue, es y será el “ministerio principalísimo” de los apóstoles y de sus sucesores los obispos. “Enseñar, comenta el Doctor Angélico, es decir, explicar el Evangelio, pertenece propiamente al obispo, cuya labor peculiar es perfeccionar… Y perfeccionar es la mismo que enseñar…”. En la predicación de don Marcelo no se han dado lagunas, ni se han producido silencios. El Obispo de Astorga primero, Arzobispo de Barcelona después y por último Cardenal de Toledo, ha cubierto todos los géneros propios de la oratoria sagrada. Y ha atendido, con atención alerta, a toda el área de los dogmas y de la moral católicos, con adaptación a sus oyentes en cada situación. Podemos referir con todo derecho a don Marcelo las palabras que Posidio escribe a propósito de San Agustín: “Predicó la divina Palabra con asiduidad, celo, valentía, con claridad y vigor intelectual”.     TOMO X.- PRÓLOGOS Y COMENTARIOS AL EVANGELIO Ve la luz el año 2014, con una doble singularidad: se recogen en él 95 prólogos solicitados para obras de diversa índole. Memorables son las dedicadas a la Virgen María en la historia de España, en la poesía española, en la historia de la salvación, a los mártires de la contienda española y a San José, a San Ildefonso de Toledo y a distintos libros sobre Juan Pablo II. En la carta-prólogo a la obra del P. Braulio Manzano Martín, s. j., titulada Jesús, escándalo de los hombres, y editada el año 1974, don Marcelo confiesa: “Toda mi vida de sacerdote, desde los años ya lejanos en que comencé a ejercer mi ministerio, he alimentado dentro de mí el deseo de escribir una “Vida de Jesús”. No me retraía el intento de que fuese una Vida más –¡qué desmesura!–, con atención preferente a eso que llamamos el hombre de hoy. Esto sucedía antes del Concilio Vaticano II. Los trabajos múltiples, en que tantas va quedando prendida la vida de un sacerdote, como la lana de las ovejas entre las zarzas, me impidieron realizar mi propósito. No fueron obstáculos, sin embargo, para predicar y hablar de Jesús, de la vida de Jesús. Mucho, muchísimo. Ello me consolaba, no del todo, de la siempre aplazada determinación de dar forma y expresión literaria a tantas notas y apuntes que iba tomando en medio de mis meditaciones”. Se recoge también una selección extensa de comentarios al Evangelio, en torno a las lecturas de las Misas dominicales, conforme a la nueva ordenación del Año litúrgico de los años 1996-1997, publicados en la edición dominical del Diario madrileño ABC, y que brillan por “el permanente subrayado de las lecciones espirituales de los textos comentados, la preocupación pastoral que en todo momento sobresale en ellas y la misma galanura, sobria, castiza del castellano de la redacción”. El Prólogo de prólogos está firmado por don Braulio Rodríguez Plaza, sucesor actual de don Marcelo en Toledo. Sintiéndose también tan unido a cada uno de todos aquellos agraciados que pidieron a don Marcelo un prólogo para su obra. “Destacan –dice– prólogos a libros sobre Toledo, ciudad a la que tanto amó y sirvió y en la que reposa en el interior de la Catedral primada. Y me fijo, añade, por devoción, en prólogos que tienen que ver con publicaciones sobre la Liturgia de la Iglesia, algunos, cómo no, como la liturgia hispano-mozárabe. Conocí muy de cerca el enorme esfuerzo del Cardenal para posibilitar que el viejo rito del cardenal cobrara una nueva tradición ininterrumpidamente toledana, para que no fuera arqueología litúrgica”. Y termina diciendo don Braulio: “¡Gracias, Sr. Cardenal! ¡Dios se lo pague!”. Amén, así sea.     TOMO XI.- SANTA TERESA DE JESÚS, HIJA DE LA IGLESIA Con este título, de memorable y actual recordación, por el reciente Año jubilar del V centenario del nacimiento de la Santa. Se ofrecen 28 documentos directamente relacionados con la primera Doctora de la Iglesia, “guía y modelo incomparable”. Así se expresa en el prólogo de este volumen el Cardenal Antonio Cañizares, Arzobispo de Valencia. Tienen actualidad sus páginas, afirma el que fue con anterioridad Obispo de Ávila, porque “necesitamos volver a Santa Teresa de Jesús, “arroyo que lleva a la fuente” de agua viva, que sacia el corazón sediento del hombre, sediento del Dios vivo. Ella es “resplandor que conduce a la luz, y su luz es Cristo”: luz que alumbra a todo hombre que viene a este mundo; esperanza de los pueblos; Maestro de sabiduría, libro vivo en que Teresa aprendió las verdades, en el único en quien podemos aprender la Verdad, la Verdad de Dios y la verdad del hombre, que nos hace libres con la libertad de los hijos de Dios; piedra angular sobre la que se edifica la historia. Este libro de don Marcelo nos ayudará muy mucho en este propósito y necesidad. ¡Gracias, don Marcelo, por este don que se nos ofrece de su predicación, de sus escritos, de sus enseñanzas sobre Santa Teresa de Jesús! ¡Gracias por esta ayuda que nos ofrece para adentrarnos en los caminos teresianos, en la experiencia y vida de Santa Teresa, tan actual siempre! Los diocesanos de don Marcelo y también las Carmelitas Descalzas de La Encarnación y de San José de Ávila, así como los fieles todos de esta ciudad castellana única, oyeron de viva voz consideraciones que aquí se recogen y que sirven para recordar siempre a esta mujer española y universal. “Ella seguirá en su silencio, pero también con la elocuencia de sus obras: las escritas y las realizadas. Ahora ya no habla. Vive. Vive en la Iglesia, vive en sus hijas, vive en todos aquellos que viven el don de la Iglesia, vive en el conjunto de las comunidades católicas. De un modo o de otro, todos suspiramos por acercarnos a ella. Como a una madre nos acogemos junto a Santa Teresa, la llamamos por su nombre, la invocamos con amor y pedimos que sea intercesora nuestra… En estas tierras se ha servido Dios, se ha mantenido la fe, constata don Marcelo, se ha predicado el sentido de Dios, y, aunque abundara el pecado, terminaba abundando la gracia. Como epílogo que facilita el manejo de los distintos volúmenes se recogen aquí dos índices, sintético y temático, de todas sus páginas. Gracias también por el esfuerzo para lograrlo. Ánimo, pues, y a calar hondo en la lectura sosegada y también comprometedora de este manantial que mana y corre. + Rafael Palmero Ramos Obispo emérito de Orihuela-Alicante    

Comentarios
0 comentarios en “La sombra de Don Marcelo es alargada
  1. D. Marcelo, en vida fue excelente obispo y un hombre sabio y prudente, actualmente es un santo; no me cabe de ello, la menor duda.

  2. La pastoral que dio sobre la Constitución aconsejando el voto negativo a la misma entre otras razones porque abría la puerta al divorcio y al aborto libre (resulto profetica) junto con el articulo 2 y el titulo VIII son los que me movieron a mi y a mi familia a votar que no a la misma y a negarnos a jurarla cuando hemos sido requeridos.

  3. Paulo VI le llegó a decir:Veo en vuestra eminencia la representación más genuina de la Iglesia Española.
    Sí: En verdad fue un PRIMADO…

  4. Magnifica oportunidad para leer, pensar, comprometerse…
    Me quedo con dos consideraciones
    1. «De una práctica masiva, que seguramente superaba el 80% se ha pasado a un 20% en las regiones más practicantes, de un bautismo generalizado a cotas insospechadas, de seminarios rebosantes a inmensos caserones hoy vacíos, de una religión respetada y honrada a la que hoy vivimos, rechazada institucionalmente en no pocos lugares ….»

    2.» Fue sin duda el primero entre los obispos de España en sus días. Y referente, ancla, ejemplo, esperanza, sostén… de lo que iba quedando de la Iglesia. Y si entre tanta ruina queda todavía algún brote verde a su magisterio, su ejemplo, su inmensa solidez, incluso física, qué voz la suya, se lo debemos».

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