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La nadedad de la Iglesia en estos días del coronavirus

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Como si no existiese. O hubiese desaparecido. Una Iglesia en salida, un hospital de campaña, un puente aunque no se sabía a donde… se fueron, cerraron, desaparecieron… Como si hubiera levantado unos muros infranqueables que impidieran captar no ya el olor a oveja sino cualquiera. Nada. No había nada. Apenas unas palabras vacías que han quedado en el ridículo porque no significaban nada.

Esa es la sensación general. La Iglesia ha echado el cierre. Se fue. No existe. Y eso cuando más necesaria sería.

Bien sé que no han sido todos los desaparecidos. Que hay obispos y sacerdotes que hacen lo que pueden es estos días tan difíciles. Y que muchos católicos les encontramos. Pero son una pequeña minoría. El resto, el gran resto, comenzando por el nuevo presidente de la Conferencia Episcopal ni está ni sele espera. Y lo peor es que esa ausencia le trae sin cuidado a la gran mayoría de los españoles. Que reclaman además su desaparición no vayan a contagiar.

Porque parece que aquí la única que contagia es la Iglesia. Los de la manifestación, los que tienen un familiar cercanísimo contagiado y se saltan impunemente la cuarentena deben ser inofensivos. Los verdaderamente peligrosos son los curas  que, observando todas las precauciones recomendadas mantienen abiertas sus iglesias y están en ellas  o el matrimonio anciano que va junto al supermercado como lo hicieron toda su vida y que en estos días horribles se aferran el uno al otro que es lo único que de verdad tienen. Multarles, como se está haciendo, cuando se permite, con exhibición pública en televisión, la libre circulación de quien debería estar recluido en su casa en cuarentena me parece miserable.

Entiendo, responde a su ideología, a los que desde su odio a Dios y a la Iglesia se valen del coronavirus para intentar la ansiada desaparición. Aunque podrían dedicarse a otra cosa pues es la misma Iglesia la que se encarga sola de desaparecer, motu propio. Lo que es ya de más difícil comprensión, como no sea por la propia e integral imbecilidad, es el caso de los aparentemente católicos que no sólo están felices con la desaparición sino que la reclaman airadamente.

El artículo de hoy de Germinans se refiere muy acertadamente a todo esto. Todos los días vemos manifestaciones de gratitud, merecidísimas por otra parte, a sanitarios, policías, guardias civiles, militares, cajeras de supermercados, farmacéuticos… Nadie se ha acordado de la Iglesia en la gratitud. No existe. Y no es injusticia ninguna porque no se lo merece. Y estando obligada al merecimiento más que nadie.

Por supuesto que hay excepciones meritorísimas que quienes las conocemos las hemos agradecido como se merecen. Pero que no salvan a la Iglesia sino que la avergüenzan porque debiendo ser todos como ellos aparecen como una pequeña minoría que pasa desapercibida a la mayoría de la nación.

https://germinansgerminabit.blogspot.com/2020/03/tiempo-de-conversion.html

 

6 comentarios en “La nadedad de la Iglesia en estos días del coronavirus
  1. Usted D Cigona se fija demasiado en los Obispos, curas, sacerdotes, religiosos, iglesias cerradas o abiertas, etc…. le sugiero que se fije mas en Dios, si en Dios, que no cierra puertas y que abre su corazón…. No sea usted tan religioso y sea un poco mas cristiano… Y vera Usted que no vivira tan amargurado y obsecionado con algunas cuestiones… Puede usted echar mano de todos los tratados eclesiologicos para argumentar, pero como decia alguien de quien Usted ya habra oido hablar: Solo Dios Basta! Ya se que la Iglesia es importante y hace falta, es una señal… pero hombre baje un poco la guardia y sea feliz.

  2. Cuesta admitir su falta de análisis de la realidad, Sr. Bloguero. Me pregunto si será lo paranoico de estos días o la rabia que todos acumulamos porque nos han encerrado en casa. Pero lo suyo es crítico, altamente vertiginoso y preocupante. Usted nos confirma que lo único que sabe hacer es juzgar, todo el rato. ¿Cómo lleva usted el confinamiento? ¿Mal, eh? Ahora es cuando todas las perturbaciones salen a flote. Tal vez no tiene nada más que hacer o, lo que sería mucho peor, no sabe hacer otra cosa que entregarse a la maledicencia. Usted siempre pretende ser superior a los canallas, más santo y más perfecto que todos los mortales pecadores. ¿Qué sabe usted de lo que hacen o no hacen los sacerdotes? ¿Lo tiene usted que ver? No tiene fe: ¿dónde queda aquello tan arcaico de que los sacramentos son eficaces «ex opere operato», haya o no haya pueblo, se abran o se cierren las iglesias, te enteres o no te enteres? ¡Que poca fe, cuánta bajeza! Sus escritos mediocres no valen ni una minúscula parte de la liturgia del más pecador de los sacerdotes. Léase usted al santo de Asís. Usted cuando se paraliza un país como nunca habíamos conocido, lo primero que supo hacer fue no dar pábulo a las advertencias de los médicos y vejar a los que comulgaban en la mano. ¿De verdad ahora el debate es este Poniendo fotos de curas y mandando mensajes odiosos. ¿De verdad está usted bien? Yo no quiero que mis curas mayores o enfermos, ni los jóvenes, se me mueran. Yo no deseo que demos una imagen de total irresponsabilidad ante la gente cuando las celebraciones aunque yo no esté ahí siguen teniendo el mismo valor de salvación. Le llamo al orden, Sr. Bloguero. Le llamo a la decencia, a la cordura, a sentir con la Iglesia, a no ser creído hasta rozar el pecado capital de Satán. ¿Ha visto que un seminario de la Fraternidad sacerdotal de San Pedro está infectado al completo por este maldito virus, ha vistos las decenas y decenas de curas muertos, párrocos con feligreses hospitalizados o párrocos contagiados para un mal del que no hay cura? Usted está perdiendo a sus seguidores, al menos a los que aman a Dios por crear la vida humana, a todos esos ya no los volverá a tener. A lo mejor este confinamiento era para convertirnos y usted va en dirección prohibida. Se trata de un poco de paciencia

    1. Oiga, no se pase. No puede haber decenas y decenas de curas muertos, porque no hay decenas y decenas de curas, ¡que más quisiéramos! Me refiero a que hubiera decenas y decenas de curas, claro.

      Pues mire, en mi diócesis el obispo no ha mandado cerrar las iglesias, sin embargo mi parroquia está cerrada. He ido a Misa a otra iglesia y por supuesto, he comulgado de rodillas y en la boca, sin el menor problema.

      Teniendo en cuenta que la ‘clientela’ es mayoritariamente mayor y que esos no van a salir de sus casas, no veo el problema de ocho o diez personas en una iglesia. Pero como el miedo es libre, no voy a juzgar a nadie.

      Pero la Iglesia está montada en la nadedad, tal vez por primera vez en dos mil años. Y eso es evidente y por tanto no hay que darle más vueltas.

  3. La Iglesia en España, está siguiendo el sistema que el gobierno, como si estuviera mirándolo de reojo para lograr su aprobación. Los mismos largos discursos vacíos de contenido. Es difícil una demostración de incompetencia mayor no ya en la gestión de la pandemia, que tiene atenuantes, sino en el criminal descuido de no haber tratado de acumular un mínimo stok desde que empezó epidemia, con material de prevención, al menos para el personal sanitario. Cuando se han generalizado los contagios, es casi imposible conseguir material sanitario. La imprevisión en la Iglesia ha sido parecida en no organizar algún tipo de turno en la administración de sacramentos y la atención de Cáritas y asilos, antes de que se generalizaran los contagios. Lo más deprimente, es que es probable que si hubiera hoy unas nuevas elecciones, los resultados serían parecidos, a pesar de que es patente la forma en que se está gestionando o falta de gestión de esta crisis.

  4. No ha sido negligencia, descuido o tibieza. La auto-anulación y liquidación de la Iglesia es lo que lleva buscando ansioso el estamento eclesiástico durante años sin cuento; y sin que todos esos zombies del «Señor Obispo» dejen de reverenciar con sacudidas de cerviz. Años de consagrar, elevar y promover maquiavélicamente a los peores, siempre a los peores, no podía tener otro designio que desear morir matando. Pues, como diría el Señor, ya tienen su recompensa.

  5. Estimado Francisco José:

    Encima el obispo de Teruel pidiendo a los curas que estén quietos, que no hagan nada, por poco que sea. Y riñe a quienes intentan usar los medios a su alcance para estar más cerca de los fieles.

    Espero su comentario al respecto. Ha sido, hasta el momento, el único obispo español que ha salido y escrito con esta dureza. Con la curiosa y sugerente anuencia de Infovaticana y Ecclesia.

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