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La Iglesia española y Franco en los primeros meses de la guerra civil

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La Revista Razón Española, a  la que tan vinculado me siento en la persona de su fundador y queridísimo y admirado amigo, Gonzalo Fernández de la Mora, y que ahora continúa con notable mérito su hijo y también muy querido amigo de igual nombre, me publica en su último número, 194, de noviembre-diciembre de este año, un artículo de tema eclesial que por ese motivo incorporo al Blog: La Iglesia y Franco en los primeros meses de la guerra La sublevación militar del 18 de julio de 1936, precipitada por el asesinato pocos días antes de Calvo Sotelo, inauguró un nuevo periodo de relaciones de la Santa Sede con el Estado español. Con la evidente dificultad de que había ya dos Estados. El nacional y el republicano. La experiencia republicana no había sido favorable a la Iglesia. A menos de un mes de la proclamación de la República habían ardido templos en muchos lugares. Y la legislación no había sido precisamente favorable a la Iglesia. Y después del bienio centroderechista la situación se agravó con el triunfo del Frente Popular. Es pues normalísimo que en los primeros momentos posteriores al alzamiento militar Roma estuviera a la expectativa. Por elemental prudencia. La Iglesia que, con más o menos gusto, había acatado la República, evidentemente escaldada con la experiencia republicana, fue absolutamente ajena a la sublevación militar. No tuvo nada que ver en ella. El cardenal Gomá. Arzobispo de Toledo y primado de España, seguramente salvó su vida por encontrarse fuera de su diócesis y en la España nacional pero no por advertencia previa de los sublevados sino por haberse trasladado al norte con el fin de consagrar a su obispo auxiliar, monseñor Madrego, en Tarazona. Y Gomá va a ser referencia permanente de lo que vamos a relatar tras su salida de Toledo. Estallada la sublevación militar, que fue eso, un pronunciamiento del Ejército, sin contar para nada con bases civiles, la situación cambió pero sin que la Iglesia tuviera parte alguna salvo en la masacre que padeció en la zona republicana. Un auténtico holocausto. En Barbastro fue asesinado, junto con su obispo, el 88% del clero del obispado. Más numerosos religiosos y muchísimos seglares católicos. Puedo contar una anécdota de la que soy testigo indirecto. El 14 o el 15 de julio de 1936 yo no había nacido. Y me faltaban para ello casi cuatro años. Pero un queridísimo amigo y maestro , protagonista directo, me la refirió. Estaban en Acción Española comentando sin duda el asesinato de Calvo Sotelo tan próximo a la casa, cuando se presentan en ella dos o tres oficiales de Regimiento de El Pardo, uno de ellos hermano de quien me lo refirió y alma mi admirado amigo de lo que fue aquel importantísimo movimiento político en años republicanos y después, de algún modo aguado, incluso en el franquismo. Los oficiales venían a reclamar un general, preferentemente de Ingenieros, que se pusiera al frente de su regimiento para asesinar en el vecino palacete de La Quinta al presidente de la República, Manuel Azaña. Y además del general reclamaban una ametralladora. Que no debía tener el Regimiento. Creo que alguno objetó que sustraer una ametralladora era un delito gravísimo pero también hubo quien respondió que si con esa ametralladora se mataba al presidente de la República lo de menos iba a ser la sustracción. Pero mi maestro en tantas cosas, todas buenas, alma de aquel reducto de patriotismo e intelectualidad en la España republicana, Eugenio Vegas, impuso cordura y mientras unos iban en búsqueda del general García de la Herrán, que acababa de abandonar el local, él, con algún otro, se dirigió al domicilio del coronel Ortiz de Zárate de quien sospechaba , en una relación amistosa que tenía con él, que estaba fraguando algo. Llegado a su domicilio, en el que había estado en otras ocasiones, observó que el mueble del recibidor estaba lleno de sombreros. Con lo que coligieron que había una reunión. La chica que les abrió la puerta les dijo que el coronel estaba reunido y no podía recibirles. Ante lo cual Vegas insistió: Dígale al coronel que estoy aquí y me es urgentísimo hablarle. En pocos minutos compareció Ortiz de Zárate y escuchó atentamente lo que le refirieron. Y una vez terminada la exposición se ausentó un momento y a su regreso les dijo: No hagan nada. Pero si en cuatro o cinco días no pasa algo muy gordo, cuenten conmigo para cualquier locura que se les pueda ocurrir. Regresados a Acción Española, estaba allí el general García de la Herrán, a quien habían encontrado y que también se hallaba dispuesto a cualquier “locura”, pocos días después sería asesinado por las turbas, dijeron a los oficiales de El Pardo que suspendieran de momento cualquier acción. Días después, al mando de su coronel, Carrascosa,  salieron de su acuartelamiento madrileño y en una inverosímil marcha se presentaron en La Granja de Segovia siendo un importantísimo refuerzo para las fuerzas nacionales que comenzaban a marchar sobre Madrid. Aunque su entrada en la capital de España se demorara casi tres años. No pretendo hacer ninguna historia política o militar del alzamiento. Hasta eludo lo de Glorioso. Que cada uno piense lo que quiera. Lo que pienso yo creo que no es necesario que lo declare. Se me nota a leguas. Si traigo aquí esta anécdota, tal vez de escasa importancia aunque yo piense que no poca, es para confirmar que el alzamiento militar fue militar. La Iglesia e incluso los políticos más próximos no estaban advertidos. Eugenio Vegas fue animado en puertísimas a que saliera de Madrid, Y algunos más. Pero Don Ramiro de Maeztu aquí se quedó y aquí fue asesinado. La marcha al norte del cardenal Gomá tampoco respondió a avisos de que en Toledo peligraba. Que hubiera peligrado. O más bien sucumbido. Pues a lo que íbamos. La sublevación no tuvo nada que ver con la Iglesia. Aunque, una vez producida, a unos les pareció maravillosa y a otros les llevó a la muerte. A muchísimos. Seguro que también hubo, dos o tres, o digamos dos o tres centenares, y muchos me parecen, que lo lamentaron. Quiero decir, católicos. No de simple bautismo que eso lo eran todos incluso entre los asesinos. Con la excepción tal vez vascongada por las especialísimas circunstancias que allí se dieron. Únicas. En ningún otro sitio de España. Aunque bastante miserables. Que asesinen a los católicos multitudinariamente mientras que aquí sólo sean poquitos. Y además contrarios al PNV. Ya con la sublevación militar en marcha, en su inicio con escasas probabilidades de triunfo: Madrid, Barcelona, Valencia, Málaga, Bilbao estaban en la España republicana, apenas Zaragoza y Sevilla en la nacional, es comprensible que en el Vaticano recelaran. Hasta el fin de la guerra las capitales rojas fueron Madrid, Valencia y Barcelona. Las nacionales Salamanca y Burgos.  Pues como para andarse con cuidado. La Iglesia asistió estupefacta al hecho. Con indudable entusiasmo y reconocimiento en un lado y masacrada en otro.  ¿Dónde estarían sus simpatías a posteriori? Incluso al que asó la manteca se le ocurre. La primera manifestación digamos que oficial la produjeron dos obispos tachados de nacionalistas. El de Pamplona, Olaechea, y el de Vitoria, Múgica. Ambos firmaron, el 6 de agosto, una pastoral conjunta en apoyo de los sublevados. Fue seguramente la primera manifestación episcopal favorable a los nacionales. Pronto se fue conociendo la barbarie y la masacre que estaba padeciendo la Iglesia en la zona roja y Pío XI, el Papa que había dirigido a España su encíclica Dilectissima Nobis, el 3 de junio de 1933, sumamente crítica con la situación republicana, recibió el 14 de septiembre de 1936 a unos refugiados españoles y en su discurso se hizo eco inequívoco de la barbarie republicana aunque en España a algunos les parecieran palabras demasiado prudentes. A la cautela comprensible en los primeros días, de inciertos resultados, pronto se añadieron otros factores ciertamente desestabilizadores que comenzaron a preocupar hondamente en el Vaticano. El primero y fundamental fue el mimetismo de la España nacional con la parafernalia nazi y fascista. Uniformes, correajes, saludos, canciones, nombres… Führer, Duce, Caudillo. Y no sólo era un mimetismo de formas externas sino que había un indudable apoyo bélico y político que reclamaba pagos. En el Vaticano donde el entusiasmo por los acuerdos de 1929 con Italia estaba enturbiado por numerosos incidentes posteriores y donde el nazismo preocupaba todavía más, precisamente por esas fechas el Papa estaba preparando su encíclica Mit brennender sorge, aparecida en marzo de 1937 y que constituyó una abierta desautorización del nacionalsocialismo, toda esa apariencia externa del nuevo régimen preocupaba no poco. Sin darse cuenta de que en España todo eso tenía no poco de trampantojo. En Alemania e Italia unos partidos políticos llevaron a sus líderes al poder. En España el poder se lo dio el Ejército a un general que no tenía detrás partido alguno. Había una ultraminoritaria Falange cuyo jefe nacional iba a ser asesinado poco después y que tras el alzamiento, por circunstancias que han sido ya muy estudiadas, creció aluvionalmente. Pero nadie tenía en él una jefatura indiscutible. Franco tuvo la habilidad de utilizarlo a su servicio. Y al estar descabezada la cabeza fue él. Hubo quienes se resistieron tras el decreto de Unificación, también el en carlismo, otro de los unificados, pero fueron enseguida desaparecidos de la vida política. Poquísimos, por otra parte. Curiosamente personajes de cierta significación entre los incorporados en el aluvión, y posiblemente los más caracterizados por sus simpatías hitlerianas, se pasarían después a posiciones liberales con un cambio de chaqueta espectacular. Hubo también disidencias carlistas y monárquicodinásticas. Pero ninguna de ellas inquietó gravemente a Franco. Su momento crítico estuvo años después con la victoria aliada en 1945. Pero el general gallego supo salvar lo que parecía insalvable. Aunque estamos entrando en unos años muy posteriores al propósito de estas líneas. En el Epistolario de Gomá, interesantísimo, queda sobrada constancia de la erisipela que le producían al cardenal los aguerridos capellanes falangistas, Izurdiaga, Pérez de Urbel, de las Muñecas. Volvamos a los primeros tiempos del alzamiento. A los aspectos totalitarios se añadieron cuestiones que aunque relacionadas tuvieron entidad propia. La primera fue el empeño del Gobierno nacional en deshacerse del obispo de Vitoria al que tachaban de nacionalista pese a ser con Olaechea, obispo de Pamplona, el primer firmante de un documento episcopal favorable a los sublevados. Múgica era un obispo conservador y monárquico que tenía un clero dividido. Y parte del que quedó en zona republicana era manifiestamente afecto al Partido Nacionalista Vasco. Había sido expulsado por la República y ahora volvía a serlo por la España nacional. En mi opinión fue un error. El general Dávila, una de las figuras sobresalientes de la nueva situación, y católico convicto y confeso, fue decidido partidario de la expulsión del obispo de Vitoria y de nada sirvieron las gestiones de Gomá. El Vaticano se avino y Múgica quedó resentido. No firmaría la carta colectiva de 1937porque seguía sangrando por la herida. Lo entiendo. Aseguraba que la firmaría sin el menor problema pero restituido a su diócesis y desde Vitoria. No pudo ser. Creo que fue un error de la España nacional porque Múgica no era un enemigo. Pero así vienen las cosas. El que dos gobiernos tan distintos como el republicano y el nacional reclamaran la expulsión de la diócesis de tal prelado tal vez llevara al Vaticano a terminar cediendo ante las reclamaciones ahora de los militares pero aun así son pretensiones no gratas en Roma. La situación del cardenal Vidal era muy distinta pues huido de Cataluña para salvar su vida era entonces absolutamente imposible su regreso a Tarragona al estar toda Cataluña dominada por los rojos. Otro hecho lamentable y en el que también tuvo que intervenir el cardenal Gomá fue el de la ejecución de más de una docena de sacerdotes vascos vinculados a los gudaris. Siempre me pareció un descomunal error y el cardenal primado consiguió inmediatamente de Franco que esos hechos no se repetirían. La situación de las Vascongadas era muy distinta a la del resto de la España roja. Allí había culto y los asesinatos y los incendios , que los hubo, tuvieron una cota mucho menor que en otras regiones de España. En Barbastro se asesinó, con su obispo, al 88% del clero diocesano, en Lérida, también con su obispo, al 66%, en Tortosa, al 62%, en Segorbe al 55%, en Menorca al 49%, en Málaga y Toledo, al 48%… En Vitoria, obispado que abarcaba a las tres provincias vascas, sólo al 1,6%. Eso naturalmente pesaba en Roma aunque el PNV fuera el aliado de los asesinos. Además allí, al contrario que en Cataluña, donde se había asesinado ya al obispo de Lérida y al auxiliar de Tarragona y se desconocía la suerte del de Barcelona, también asesinado, hubo sacerdotes vascos que defendían en Roma la ilegitimidad de la insurrección. Cosa que no ocurría, de momento, con los catalanes que estaban ocultos o en el exilio pero todos ellos espantados ante en lo que en su tierra había ocurrido. Hay una carta del cardenal Vidal y Barraquer a Gomá, refugiado ya el purpurado catalán en Italia, en la que expresa sus férvidos deseos por el triunfo de la causa franquista. A la intervención de esos sacerdotes vascos el Vaticano respondió con deseos de una rendición honorable de la resistencia vasca circunscrita ya a Bilbao. Franco dio buenas palabras, que luego cumplió, la represión en Vascongadas fue muchísimo menos cruenta que en Málaga o Asturias, pero hábilmente ordenó que se precipitara la ofensiva que, con la caída de Bilbao, acabó con ese problema. Al mismo tiempo había focos contrarios al alzamiento militar, sobre todo en Francia, nación que entonces tenía notable peso en el catolicismo. Maritain y Mauriac eran los principales, prófugos de la Action Française de Maurras que había sido condenada unos años antes por el mismo Pío XI. No voy a entrar ahora en lo acertado o no de esa condena, ojalá Estanislao Cantero, el máximo conocedor hoy en España de lo que fue aquello y ciertamente crítico con determinados aspectos de Maurras, quiera darnos algún día su versión sobre ello. Pero lo que sí es cierto es que Pío XII, en 1939, levantó la condena que pesaba sobre la Action Française aunque no justificara expresiones blasfemas de algunas obras de juventud del político francés que eran injustificables. Pues en esa situación, compleja, se encontraba el alzamiento español frente al Vaticano. En la España nacional no se entendía que Roma no la reconociera y los más hitlerianos reclamaban posiciones de ruptura. Y entonces Roma dio un paso cauto pero que resultó definitivo. Nombrar al cardenal arzobispo de Toledo representante confidencial y oficioso para las relaciones con la España nacional. Con la otra eran inexistentes. Ya en esa condición el cardenal se entrevista con Franco el 29 de diciembre de 1936 y de esa entrevista Gomá llega a dos conclusiones fundamentales que marcarían toda su actuación posterior aunque hubiera incidentes puntuales que era normalísimo que se produjeran. La primera es que aquí no había un partido totalitario de raíz nazi sino un Jefe del Estado que sabía lo que quería y que tenía en sus manos todo el poder de la nación. Y que, además, le hizo declaración firmísima de que iba a respetar los derechos de la Iglesia. Sin lugar a dudas ni a injerencias foráneas. Y Gomá confió en Franco y Franco en Gomá. Las informaciones del cardenal, y también la marcha de la guerra hicieron que el Vaticano fuera cediendo en sus reservas. Y en ello fue también de decisivo peso una ocurrencia del arzobispo primado que terminó de cuajar en el primer semestre de 1937, contando con la aprobación romana y que fue la carta colectiva del episcopado español a los obispos de todo el mundo que constituyó sin duda el más importante y efectivo acto de propaganda de la España nacional. Él hizo que la situación de España fuera verdaderamente conocida por todos los católicos del mundo y las respuestas que se recibieron, colectivas unas e individuales otras, constituyeron una adhesión masiva y entusiasta del episcopado católico a la causa nacional. Desde los más eminentes cardenales a obispos ignorados de remotísimos lugares llegaron a España numerosísimos testimonios de aliento, solidaridad y admiración. Nunca una campaña de coste cero produjo tan excelentes resultados. La Iglesia católica del mundo entero estaba con la Iglesia mártir de España. Públicamente. Con ello la campaña de algunos contra en nuevo régimen quedó prácticamente neutralizada y decayó muchísimo. Excede el propósito de estas líneas analizar la carta colectiva, su génesis, las ausencias, la respuesta masiva de los obispos del mundo entero… Harían larguísimo el artículo. Sólo diremos que con ella la Iglesia española en su conjunto avaló a uno de los bandos contendientes, que no significaba justificar todas sus actuaciones, y que tal acto tuvo una resonancia verdaderamente mundial.    

Comentarios
0 comentarios en “La Iglesia española y Franco en los primeros meses de la guerra civil
  1. El coronel Ortiz de Zárate era ayudante y enlace del General Mola al mando de esa región militar, por cierto general español nacido en Cuba, que fué el organizador del Levantamiento al que se sumaría Franco a última hora y con el que por supuesto contaba. No es baladí que partiera de Navarra la rebelión contra la política sectaria anticatólica del Gobierno de la Nación en trance de ser sovietizada en la que se daban vivas a Rusia pero el viva a España era un riesgo y un estigma de fascismo.
    Conocí a Doña Mariana de Movellán viuda del coronel Ortiz de Zárate caído en los inicios de la guerra en el frente guipuzcoano de Oyarzún, proximidades de Irún ocupada por las fuerzas rojas; y madre del teniente Ortiz de Zárate, un militar entregado a su vocación que pereció abatido víctima de los marroquies cuando al mando de una compañía fue a liberar a los militares españoles que habían sido copados y asediados en Sidi-Ifni como un primer episodio de lo que sería el despojo del Sahara por conveniencia anglosajona de los fosfatos.
    Se comprende que Mola fuera el artífice de la trama preparatoria, en realidad fallida, ya que la base sólida de apoyo civil eran los requetés navarros cuyos jefes para sumarse al golpe exigían condiciones casi inadmisibles y de ahí las dudas y en parte improvisaciones. Eran ademas los únicos con milicias preparadas, aunque reducidas, pues algún grupo se habían entrenado en la Italia mussoliniana, entonces pujante y complaciente con la Iglesia que hace comprensible lo que ahora parecería un oportunismo inconsecuente. Por entonces el enemigo mortal era el comunismo ateo y aún no se habían iniciado las derivas etnicistas criminales nazis.
    Respecto al Levantamiento es imposible que la Gran Bretaña ignorara la preparación ya que en el ejército español en Marruecos había oficiales a sueldo de la Gran Bretaña para que le pasaran información. El avión fletado por March para la ruta desde Gran Bretaña a Marruecos pasando por Canarias donde recogió a Franco, aunque el coste económico fue abonado a través de la banca de París, al Gobierno británico no podía pasarle desapercibido; pero es que además el Ejército sublevado se quedó sin reservas de petróleo ni derivados a las primeras de cambio porque no estaba previsto el fracaso inicial y los propios británicos les advirtieron del hecho por lo que se habían permitido disponer de un petrolero cargado en aguas cercanas al Ferrol. No podían dejar asentarse el comunismo soviético en torno al estrecho de Gibraltar. Se explica así la postura de Churchill condescendiente con la permanencia del Gobierno de Franco después de acabada la guerra mundial.

  2. Un buen artículo que muestra lo que fue aquella época, que conviene recordar porque con lo de la memoria histérica, se tergiversa todo y hay que ir contando la verdad o la mentira se apoderará de todo.

  3. Don PacoPepe, lo primero es felicitarle por su artículo,.
    Citando al clásico. «ni quito ni pongo rey, pero ayudo a mi señor», solo decir que crecí en plena era franquista y en mis años universitarios pude comprobar que la mayoría del profesado era filo-comunista que actuaba con plena libertad. Los que dicen ahora que no existía libertad es una falsedad como un templo. En esos mismos años, la Iglesia renunció al franquismo con una facilidad pasmosa. Cierto que recuerdo la cárcel de Zamora y el viejo chiste del cura en el sermón: «Carísimos hermanos, y digo lo de carísimos porque cada sermón me cuestra 250.000 pesetas». Pero esa eran más anécdotas que norma de vida.
    Respeto a Franco y al inmenso bien que hizo por España y por la Iglesia, aunque no quisiera tenerlo de vuelta. Esos son tiempos pasados y hoy toca bregar con el presente.
    ¡Felices Navidades a todos! ¡Que el niño Dios bendiga a todos ustedes!

  4. Efectivamente la persecución religiosa en el diminuto territorio controlado por el PNV, Vizcaya y parte de Guipúzcoa, no es comparable con la de otras zonas controladas por Frente Popular, pero hay que tener en cuenta algunos datos:
    – Fueron asesinados 59 sacerdotes (algunas fuentes aseguran que 67). La cifra es modesta si se compara con Cataluña, por ejemplo, pero considerar al PNV como protector de los católicos, es un sarcasmo. A estos hay que sumar los 14 sacerdotes vascos condenados y ejecutados por los nacionales, pero que no pueden considerarse víctimas de persecución religiosa.
    – El total de sacerdotes de la diócesis de Vitoria en 1936, era de 2.028 (según el obispo 2.020), pero la mitad – o más – estaban en la zona nacional, Álava y San Sebastián,Irún, …
    – El control del PNV, antes de la caída de Bilbao, duró 10 meses, y en Madrid o Valencia casi 3 años.

  5. Hoy se hizo pública la aceptación de la renuncia del hasta hoy obispo de Ponce, Félix Lázaro Martínez, Sch P, natural de Logroño, a menos de dos meses de cumplir 80 años. ¡Vaya prorroga!

  6. ¡El Caudillo! hace poco estuve visitando el palacio del Pardo y vi sus austeras habitaciones, recordando sus mas austeras costumbres. Su sueldo de Capitán General para el colegio de huérfanos del Ejército, donde mi padre y tíos evitaron el hambre y pudieron estudiar. ¡En fin! Se le hará justicia algún día. Mientras, cuando recorro España en familia les indico los centenares de silos y pantanos que hizo para evitar la especulación del trigo en épocas de escasez y la sed en las de sequía. Los millares de viviendas sociales, los polos de desarrollo, las industrias…

  7. «Franco. Su momento crítico estuvo años después con la victoria aliada en 1945. Pero el general gallego supo salvar lo que parecía insalvable»
    Yo diría muy beneficiado del momento geopolítico, con las potencias occidentales enmasacarando su liberalismo anti católico, para unir fuerzas contra la amenaza de la Rusia roja, situación que duró 40 años, y que no sólo le permitió permanecer en el poder a Franco, sino a los militares que en todos los países hispanoaméricanos gobernaron en la época siendo Augusto Pinochet en Chile, el último en sucumbir a la «renovada democracia de los derechos humanos», impulsada por la hipocresía de esas mismas potencias occidentales, que superada la amenaza comunista pasaron a atacar al enemigo primigenio del liberalismo, la Iglesia…

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