
Ha fallecido, con 96 años y trabajando en su catedral hasta el último día, Justo Gallego.
Ejemplo de hasta donde pueda llegar una voluntad, sin medios, sin conocimientos, sin nada más que una locura por la que nadie apostaría ni un céntimo. Y ahí está: colosal, inútil, levantada pese a todas las imposibilidades: económicas, administrativas, técnicas, eclesiales…, espantosa estéticamente hasta lograr la belleza del disparate inmenso, imposible, anacrónico, acumulativo de insensateces e ignorancias y que ahí está. Para asombro de todo el mundo. Haciendo de Mejorada del Campo, que ha nombrado a Justo hijo predilecto, una meta turística. Todo un sinsentido, como un ayuntamiento socialista que otorga su mayor reconocimiento a un hombre que levantó una catedral que la Iglesia no quiere para nada.
Acercaos a verla. Los que no la conozcáis y los que hace muchos años que la visteis porque os parecerá otra cosa. Y os gustará. Mil barbaridades estéticas juntas incomprensiblemente han hecho un conjunto con una cierta y rara belleza.
Y es bello el empeño de un hombre que contra todo, en primer lugar contra el sentido común, consigue levantar él solo, en su pueblo, una inmensa, espantosa, inútil, asombrosa y hasta raramente hermosa catedral.
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