IX Jornadas Martiriales en Talavera de la Reina

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Estuvimos, no es un plural mayestátio, simplemente matrimonial, en la inauguración de las Jornadas en la espectacular Casa de la Iglesia de Talavera. Ambiente muy grato al que sin duda contribuían con su cercanía y amabilidad los tres pastores, el cardenal arzobispo emérito de Madrid, el arzobispo emérito de Toledo y el obispo emérito de Segovia, que estuvieron permanentemente con nosotros. Y verdaderamente con nosotros.

Don Braulio y Don Ángel además con dos conferencias, la del primero sobre su diócesis ciertamente martirial, era persona indicadísima para pronunciarla y el segundo, siempre en su estilo tan próximo y catequético, sobre un sacerdote mártir de Guadalupe, aunque exactamente no hubiera nacido allí, como sí lo hizo Don Ángel. Don Antonio María Rouco, con un aspecto extraordinario, mejor, podría decirse, que cuando tenía responsabilidades directas sobre la Iglesia madrileña y la española,  y lleva ya siete años de emérito, presidió la dignísima misa en la iglesia de San Francisco, donde en una urna de plata, al pie del altar, se conservan los restos del beato Saturnino Ortega, martirizado en Talavera el 6 de agosto de 1936. La homilía, sin un papel, muy propia del momento. La megafonía de la Iglesia, deficiente. Y mi oído también. Presidió la celebración, con Don Ángel a su derecha y Don Braulio a su izquierda con una casulla roja que me pareció entender fue del beato Saturnino Ortega. Entre los sacerdotes concelebrantes destacaban por su tamaño dos en los que la estatura iba pareja con su simpatía, uno, aragonés, llegado de años en Suiza y el otro, carmelita calzado, con ministerio en Talavera. También de notable talla el diácono, de raza negra, que llevaba una dalmática espectacular y que desempeñó muy bien su papel. . Otro de  estatura y alma de las jornadas, Jorge López Teulón no concelebró pero estaba en el templo pendiente de tareas organizativas. Un coro femenino, de variopinto aspecto, momjas y seglares, puso la música. Se cantó también el himno del beato mártir y el cardenal cerró la misa con el Salve Regina. Imposible no evocar su tantas veces iniciado Salve Señora de tez morena.

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Religiosas, habitadas, y dos de ellas con la toca blanca de novicias. Es cierto que hay hábitos sin novicias pero también que no hay novicias sin hábitos. Por mucho que moleste a algunos que se les duga.

Y seglares. Una de ellas, pendiente de la organización y la acogida, resultó nuera del matrimonio amiguísimo Pueyo Sichar, ya fallecido,en el que Carmen era hermana de tres mártires, dos sacerdores y un seglar.

Jorge López Teulón nos encomendó para que luego encontráramos el coche a un matrimonio encantador que no solo nos llevó al automóvil sino luego a la ermita de la Virgen del Prado desde donde ya sabíamos seguir para Madrid. Dales Jorge las gracias de nuestra parte y a tí por lo bien que haces todo.

Además comimos muy bien, tomamos café en un lugar precioso al pie de las impresionantes murallas. a la espalda de la Casa de la Iglesia y frente a la puerta donde está la adoración permanente, donde naturalmente entramos y adoramos.

Y nos fuimos con el sentimiento de no poder estar hoy y mañana en Talavera.

Comentarios
2 comentarios en “IX Jornadas Martiriales en Talavera de la Reina
  1. Los mártires de Talavera en agosto de 1936, asesinados como casi todos por los milicianos del gobierno del Frente Popular, fueron el prólogo de la batalla de Talavera menos de un mes después el 3 de septiembre, cuando llegaron las dos columnas mal armadas de las tropas nacionales bajo el mando del teniente coronel Yagüe. En el que los escasos 3.500 hombres se enfrentaron al potente ejército del Frente Popular de 10.000 hombres, con abundante artillería y un tren blindado, bajo el mando del general Riquelme. La derrota del ejército rojo, cuya experiencia básica de combate se reducía al asesinato y al saqueo, fue una bendición para el ejército nacional, pues capturó una enorme cantidad de artillería y material abandonado que permitió armar a los nacionales casi carentes de él. Los valientes milicianos acostumbrados a asesinar a los malvados e indefensos católicos, en cuanto se enfrentaban a soldados huían en desbandada arrollando a sus propias tropas disciplinadas como los guardias de asalto.

  2. Muchas gracias a los dos por venir. Nos veremos con más calma para seguir disfrutando de la amistad y de tantos temas de Iglesia y otros. Un fuerte abrazo

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