Hoy cumple 80 años el cardenal Vallini

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Pierde por tanto sus derechos electorales para el próximo Cónclave

Era Vicario emérito de Roma. Lo había creado cardenal Benedicto XVI en 2006 por lo que solo pudo participar en el Cónclave que eligió a Francisco.

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Seguimos con ovebooking cardenalicio pues quedan 122 cardenales electores, dos más sobre la cifra que estableció Pablo VI. En lo que resta de año, salvo imprevistos con los que no cabe contar solo habrá dos cardenales, el italiano Baldisseri y el norteamericano Wuerl que dejaran de ser electores. El primero, pésimo, cumplirá ochenta años el 20 de septiembre, todavía está en activo a cinco meses de cumplir los ochenta y el arzobispo emérito de Washington el 12 de noviembre.

No se producirá la primera vacante sobre el cupo paulino hasta el 27 de febrero de 2021 con el cumpleaños del sudanés Wako. Le seguirán el sudafricano Napier el 8 de marzo; el australiano Pell, el 8 de junio; Piat, de Isla Mauricio, el 19 d julio; Stella, italiano, prefecto de la Congregación del Clero, el 18 de agosto, otro día para celebrar y el italiano Scola, el 7 de noviembre. Cinco vacantes a fin del próximo año que podrían dar lugar a un consistorio poco numeroso. Siempre que el coronavirus o Francisco no dispongan otra cisa.

Comentarios
23 comentarios en “Hoy cumple 80 años el cardenal Vallini
  1. El actual vicario del Papa para la diócesis de Roma, cardenal Angelo de Donatis, de 66 años, dio positivo en la prueba de coronavirus no recuerdo exactamente cuánto hace. No he sabido más de él. Y el obispo de Ávila, José María Gil Tamayo, de 62, uno de los primeros en dar positivo, parece que sigue hospitalizado, pues no se ha dado noticia de que recibiera el alta médica, como sí ocurrió con el de Palencia.
    Ayer el papa emérito alcanzó la edad de León XIII, el papa más longevo del siglo pasado (y del XIX). De no haber renunciado Benedicto XVI, desde hace tres años tendríamos un papa nonagenario, cosa que no ocurre desde 1903.
    El beato Pío IX fue elegido papa el 16 de junio de 1846 y siguió siendo arzobispo-obispo de Imola hasta el 21 de septiembre del mismo año, día en que renunció a esta sede y nombró a su sucesor . Cuentan que en el cónclave que le eligió para suceder al último papa perteneciente al clero regular antes de Francisco (El camaldulense Mauro Capellari, Gregorio XVI, también el último papa elegido sin ser obispo: tuvieron que consagrarle antes de la coronación), Giovanni Maria Mastai-Ferretti, que así se llamaba el papa de la Inmaculada y del Concilio Vaticano I (aunque todos sus sucesores hasta san Juan XXIII lo fueron, ya que este concilio se aplazó «sine die» tras siete meses y diez días de sesiones y lo declaró clausurado el papa Roncalli al convocar el Vaticano II), era escrutador y a medida que iba abriendo papeletas y veía cómo se incrementaba el número de las que contenían su nombre hasta ser suficientes para la elección, se desmayó.
    No preocuparse por si ahora, Dios no lo quiera, el cardenal Farrell (71 años), tuviera que convocar un cónclave. Si hay algún cabo suelto, a grandes males, grandes remedios.

    1. El cardenal Farrell no tendrá que convocar cónclave alguno. Ni puede hacerlo. Es el Cardenal Decano, nada más ser informado de la muerte del Papa por el Camarlengo o el Prefecto de la Casa Pontificia, el obligado a comunicar el óbito a los cardenales y convocarlos a las congregaciones cardenalicias (art. 19 de la UDG), una de las cuales -no la primera- fijará el comienzo de las operaciones de voto (art. 13 i). A día de hoy, si de alguien puede decirse que puede y debe convocar un cónclave, es del cardenal Re.

  2. P.S. Efectivamente, Hermenegildo, su tercera pregunta la debatimos tiempo atrás. En el hilo «Ya tenemos carmarlento de la Santa Romana Iglesia» de 1 de febrero de 2019. Todavía está en la red.

  3. Hermenegildo:

    La respuesta a su primera pregunta me es dudosa. En los tiempos recientes es obvio que cuando un residencial es elegido Papa deja su sede. Pero si me pregunta qué norma lo ordena, ni la conozco ni estoy seguro que exista. Sí sé en cambio que históricamente el papado no era incompatible con el mantenimiento de la sede, y le doy dos ejemplos. El primero está ya lejano: Benedicto XIII, que siguió rigiendo su sede de Benevento durante su papado (aunque creo que como Administrador). Pero el segundo es de anteayer como quien dice: el pontificado veneciano de Albino Luciani se extendió hasta el día que murió siendo ya Papa Juan Pablo I. No renunció; o no tuvo tiempo. Por ello me inclino a pensar que hoy no es obligado pero sí acostumbrado. Me surge la duda de si en la actualidad el cese en la sede es automático por los cánones sobre pérdida de un beneficio eclesiástico por traslado, pero no estoy seguro.

    A la segunda, menos. El art 89 de la UDG no habla, como anunciador, del cardenal protodiácono sino de «el primero de los Cardenales Diáconos». El art. 88 deja claro que el Papa lo es desde su aceptación, que formal y materialmente precede a la proclamación. Por tanto desde que el elegido acepta es Obispo de Roma y Papa y ya no cardenal protodiácono. Por tanto la proclamación competerá al «primero de los cardenales diáconos», que, obviamente, será el que hasta hace unos minutos seguía al protodiácono en el orden de precedencia.

    Me sorprende la tercera pregunta. Porque, si mal no recuerdo, y suelo recordar bastante bien, ese problema lo debatimos con bastante extensión no hace mucho tiempo, y usted y yo mantuvimos opiniones opuestas. Me parece recordar que usted argumentaba que el anunciador tenía que ser forzosamente elector porque si no el cónclave tendría que paralizarse a la espera de buscar, encontrar y traer al protodiácono. Yo en cambio no veía inconveniente legal y material alguno para que un protodiácono octogenario y por tanto no elector cumpliera su cometido proclamador. Bastaría con estar preparado, acomodado en el Vaticano, y con un teléfono a mano. Subrayo por otra parte que la UDG atribuye la proclamación al «primero de los Cardenales Diáconos» y no al primero de los cardenales diáconos electores. O sea que legalmente no hay óbice. Como es de cajón, los precedentes no sirven aquí de nada. Lo sucedido antes de 1978 no cuenta porque hasta mediados de Pablo Vi no se inventó lo de dejar fuera de juego a los octogenarios. Y lo sucedido después tampoco porque, que recuerde, los proclamadores en las cuatro últimas elecciones papales han sido diáconos electores. Para tener una respuesta segura, haría falta un cónclave cercano con Martino de protodiácono y en buen estado de salud (si el protodiácono es nonagenario y está postrado en una cama obviamente huelga la discusión). Solo así podríamos saber quién tiene razón: si usted o yo.

    P.S. Que me pregunte no supone abuso alguno. Si tengo tiempo, contesto muy a gusto. Y en la presente reclusión mayor, me sobran las horas.

  4. La cuestión es irresoluble, dadas las circunstancias, pero, como Sotana Blanca sigue vivo, no hay nada que temer.En junio se normalizará la situación y, aunque el virus rebrote, ya no será lo mismo, pues no pillará desprevenido a nadie.Incluso así, sería bueno añadir un nuevo artículo que dijese que, en caso de infección vírica o bacteriana generalizada y peligrosa para la salud, el Colegio de Cardenales decidirá aplazar el cónclave, dejando que el camarlengo despache sólo los asuntos burocráticos, sin tocar nada más (como hace hasta ahora).

  5. D. Antonio, hoy abusaré de su paciencia. Teniendo en cuenta que el actual Cardenal Protodiácono, Martino, es mayor de ochenta años, ¿tendrá que ser llamado para hacer la proclamación del nuevo Papa al no participar en el cónclave?

  6. D. Antonio, dos curiosidades: cuando un cardenal es obispo presidencial y resulta elegido Papa, ¿tiene que renunciar a su sede anterior o la aceptación de la elección papal implica dicha renuncia?

    Si el cardenal protodiácono es elegido Papa, ¿hace su proclamación el cardenal diácono que le sigue en antigüedad?

  7. Las respuestas a las preguntas de F. Enríquez son simples y claras «prima facie» pero, en opinión, son dudosísimas en una situación como la actual.

    Es cierto y exacto lo que dice Hermenegildo; se produce la sede vacante hasta que se produzca el cónclave (más exactamente, hasta que el cónclave logre su propósito electivo). Y Joaquín concuerda pero relativiza que el cónclave sea inmediato o tarde algo por la pandemia. Es razonabilísimo.

    El problema es que la norma vigente no contempla semejante flexibilización del plazo. El art. 37 de la constitución «Universi Dominici Gregis» es tajante: «Establezco, además, que desde el momento en que la Sede Apostólica esté legítimamente vacante los Cardenales electores presentes esperen durante quince días completos a los ausentes; dejo además al Colegio de los Cardenales la facultad de retrasar, si hubiera motivos graves, el comienzo de la elección algunos días. Pero pasados al máximo veinte días desde el inicio de la Sede vacante, todos los Cardenales electores presentes están obligados a proceder a la elección». Incluso un motivo tan grave como la pandemia no puede frenar el cónclave más allá de veinte días.

    Cabe oponer que la ley contempla una situación de normalidad y no ha previsto la excepcionalidad de una pandemia universal. Y que las normas deben interpretarse conforme a la realidad social. Ciertísimo. Esa facultad de interpretar las normas con amplitud podría entenderse atribuida a los cardenales por el art. 5: «En el caso de que surgiesen dudas sobre las disposiciones contenidas en esta Constitución, o sobre el modo de llevarlas a cabo, dispongo formalmente que todo el poder de emitir un juicio al respecto corresponde al Colegio de los Cardenales, al cual doy por tanto la facultad de interpretar los puntos dudosos o controvertidos, estableciendo que cuando sea necesario deliberar sobre estas o parecidas cuestiones, excepto sobre el acto de la elección, sea suficiente que la mayoría de los Cardenales reunidos esté de acuerdo sobre la misma opinión.»

    Sería razonable, en este sentido, que los cardenales presentes «ab initio» pudieran flexibilizar la norma sobre el modo de llevar a cabo la elección y fechar el comienzo del cónclave más allá de los veinte días legales. Pero con ello se pasaría por encima del art. 4 de la misma norma según el cual «Durante la vacante de la Sede Apostólica, las leyes emanadas por los Romanos Pontífices no pueden de ningún modo ser corregidas o modificadas, ni se puede añadir, quitar nada o dispensar de una parte de las mismas, especialmente en lo que se refiere al ordenamiento de la elección del Sumo Pontífice. Es más, si sucediera eventualmente que se hiciera o intentara algo contra esta disposición, con mi suprema autoridad lo declaro nulo e inválido.».

    Las normas son las que son. «Dura lex sed lex». A su tenor, yo no veo posibilidad real de acordar una sede vacante tan larga como exija el fin de la pandemia. Veinte días y a empezar. Aunque sea con los pocos cardenales residentes «in Urbe». Pero esto tampoco zanjaría los problemas porque quizás se estaría atentando contra el derecho establecido por el art. 40 («Ningún Cardenal elector podrá ser excluido de la elección, activa o pasiva, por ningún motivo o pretexto, quedando en pie lo establecido en el n. 40 de esta Constitución.»). Excluir del cónclave a los cardenales que, siendo electores, queriendo elegir, pudiendo desplazarse a Roma, se ven impedidos no por su voluntad sino por los cierres de fronteras, falta de vuelos y demás circunstancias digamos civiles, ¿no significaría un abuso perpetrado por los «romanos» y curiales contra los de fuera?

    Otra prescripción de la «Universi…» resulta, a la luz de las actuales circunstancias, sorprendente. Los cardenales pueden empezar el cónclave, con la misa «Pro eligendo Papa», en cualquier lugar (art. 49). Pero la elección debe desarrollarse «exclusivamente» en la Capilla Sixtina (art. 51). En medio de una pandemoa ¿se podría celebrar la elección, con un montón de personas de edad hacinadas, en la Sixtina? ¿Se podrían adoptar en la Sixtina las elementales medidas de precaución exigidas por las circunstancias? ¿Se podría acomodar a los cardenales en la Casa Santa Marta evitando los contactos personales? Y ¿cómo prepararían la elección?: ¿tirando de móvil? Absurdo.

    Se podría hacer alguna trampa. Comenzar el cónclave en veinte días e ir dilatando la cosa -no dando mayoría a ningún candidato- hasta que la mayoría de los cardenales fueran llegando (el art. 39 dice: «Pero, si algunos Cardenales electores llegasen re integra, es decir, antes de que se haya procedido a elegir al Pastor de la Iglesia, serán admitidos a los trabajos de la elección en la fase en que éstos se hallen.»). Pero surgirían otros problemas. Por ejemplo, si estando un conclave un cardenal se pone enfermo puede salir y tratarse, pero lo cierto es que, si quiere volver tras su curación «o incluso antes», tiene que ser readmitido. Imaginemos un cónclave en que los cardenales se ponen «sintomáticos», salen, mejoran, regresan, recaen y vuelven a salir… Poco serio. Y otro caso dudoso: ¿cómo puede el Camarlengo gobernar la Iglesia durante una larga sede vacante si está encerrado en cónclave?

    La conclusión, creo, es que lo legislado para el cónclave y la elección está pensado para la confortable normalidad en que hemos vivido hasta hace dos meses. Ni los papas infalibles han imaginado que de pronto se dieran circunstancias que desaconsejaran e hicieran casi imposible elegir Papa en veinte días y precisamente en la Sixtina, so pena de nulidad. Nadie imaginó una pandemia. Ni siquiera se contempló una situación como la que, hace poco más de dos siglos, obligó a esperar varios meses hasta que pudo celebrarse el cónclave de Venecia (el que eligió a Pío VII). El mundo parecía en orden, pero el «bichillo» amarillo ha asestado un golpe tremendo a la soberbia de nuestro tiempo. Y nos ha cogido «in puribus». Hasta a la Santa Sede.

    Por todo ello pienso que el problema está previsto pero la previsión no vale, lo que equivale a decir que no está previsto. Con lo que F. Enríquez pone el dedo en la llaga: si no está previsto ¿por qué no se prevé ya? Algo tendrán que hacer. Pero si en siete años no han conseguido modificar una norma orgánica como la «Pastor bonus» (algo que cualquier gobierno civil sabe hacer a los pocos días de ser elegido)…

  8. Que yo sepa no hay Camarlengo nombrado desde que murió Touran, el cardenal francés que anunció en la logia de San Pedro que bergoglio había sido elegido Papa. ¿No es una grave irresponsabilidad que si en esta situación de coronavirus no hay nombrado uno y pasa algo se produciría un gran desorden?.

  9. ¿Qué pasaría si muriera hoy el Papa? ¿Podría reunirse el Cónclave? ¿Quedaría vacante la Santa Sede?
    ¿Está previsto? Y si no está previsto ¿por qué no se prevé ya?

      1. Absolutamente sí, como lo dice Hermenegildo. La muerte del Pontífice genera la Sede Vacante de hecho y de iure. Y comienzan los preparativos para el Cónclave, sin lugar a dudas. Que se realice de inmediato o se tarde un poco por el tema de la pandemia, eso es otra cosa.

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