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¿Gregory sucesor de Wuerl en Washington?

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Nuestro habituales comentaristas Tony de New York y Pincho nos informan que lo medios norteamericanos están dando como posible sucesor de Wuerl en Washington al arzobispo e Atlanta Wilton Gregory Al que Tony califica de liberal. Nacido el 7 de diciembre de 1947 por lo que a fines de este año cumplirá 72 años. Fue auxiliar de progresista cardenal Bernardin (1983-1993), obispo de Belleville (1993-2004) y desde  esa fecha arzobispo de Atlanta.

Va a resultar que el menos malo era Wuerl. Me alegra que ni Tobin ni Cupich, que sonaban queden descartados pero eso tendrá la ventaja que siendo los dos cardenales nos evitábamos otro cardenal progre.  Este, nada entusiasmante pienso que es menos malo que el McElroy de quien también se hablaba. Y que sólo tiene 65 años.

No se entiende bien esta voluntad del Papa de nombrar para diócesis importantes a personas en puertas de la renuncia. Aunque así será menor el daño que harán a la diócesis al estar poco tiempo al frente de ella.

Comentarios
14 comentarios en “¿Gregory sucesor de Wuerl en Washington?
    1. No. Se está moviendo la causa de su sucesor, Francis George, pero no la de Bernardin.
      Por cierto, un periodista americano que suele estar muy bien informado, Rocco Palmo, da como seguro que mañana se anuncie el nombramiento de Gregory para Washington.

  1. Las gracias de la Cuaresma

    Fray Raymond La Grange OP
    28 de Marzo de 2019 |
    Cruz, Cuaresma, Sufrimiento
    En las lecturas de la misa de hoy, escuchamos un oráculo de uno de los momentos más difíciles en la historia de Judá: Los eventos que rodean al exilio babilónico.
    Durante este período, Jerusalén fue conquistada y muchos de sus habitantes fueron deportados al lejano imperio babilónico en un intento por destruir la nación de Judá.

    Jeremías nos deja las palabras del Señor: «Esto es lo que le ordené a mi pueblo: Escucha mi voz; entonces seré tu Dios y tú serás mi pueblo … Pero no obedecieron, ni prestaron atención …Ésta es la nación que no escucha la voz del Señor, su Dios, ni se corrige.
    La fidelidad ha desaparecido; la palabra misma es desterrada de su discurso ”(Jer 7, 23-24, 28).
    Al poco, aunque no esté en la lectura de hoy, Jeremías habla del resultado de todo esto: «Haré cesar de las ciudades de Judá y de las calles de Jerusalén la voz de alegría, la voz del novio y la voz de la novia; porque la tierra se convertirá en un muladar.» (Jer 7, 34 ).
    Jeremías profetiza la destrucción de su tierra natal. Al gran pecado le sigue un gran castigo.

    Santa Catalina de Siena en su Diálogo escribe sobre las lágrimas. Describe las diferentes maneras en que Dios Se sirve de nuestra tristeza para llevarnos a una unión cada vez más estrecha con Él.
    Estamos tristes cuando nos encontramos con el vacío del pecado y el temor al castigo eterno. Esta tristeza nos aleja del pecado y nos dirige hacia la virtud.
    Los que comienzan a alejarse del pecado, aún sienten que pierden las cosas que aman, los bienes mundanos o los amigos queridos.
    Aquéllos que se han acostumbrado a sentirse cerca de Dios pueden incluso experimentar por un tiempo, una pérdida de consuelo espiritual, como si Dios se estuviera retirando de ellos.
    Estas pérdidas también conducen a la tristeza, aunque de una calidad muy diferente y por diferentes razones. Esto ayuda a purificar el amor de su egoísmo, para que el alma pueda volverse más y más a Dios.
    Incluso la tristeza debida a los males cometidos contra Dios y la gente que amamos puede acercarnos a Dios, porque podemos unir nuestro sufrimiento con el sufrimiento de Jesús en la cruz. Dios se sirve de nuestra tristeza para llevarnos a Él.

    En el caso de Judá en el exilio, la tristeza fue el resultado de un castigo justo por los pecados. Esta tristeza se hizo aún más dolorosa porque fue hecha por Dios a través de una nación inicua: Babilonia.
    Sin embargo, los profetas como Jeremías entendieron que Dios permitía que ocurrieran estos terribles males para producir bienes mucho mayores.
    Aunque Dios es sumamente justo, Su justicia forma parte de la manera en que comunica Su bondad. En el caso de la rebelde Judá, el exilio babilónico fue una necesidads para devolver al pueblo a la verdadera fe, y prepararlos para recibir al Señor Encarnado cientos de años después.
    Desde otro punto de vista, esta es la gracia de Dios. En lugar de abandonar a su nación desleal a la perdición eterna debido a sus pecados, la trajo de vuelta, aunque el costo fue grande.

    Tradicionalmente, los católicos han emprendido mortificaciones voluntarias durante la Cuaresma, como renunciar a la televisión o dedicar tiempo extra a la oración en medio de una agenda apretada.
    Pero también deberíamos tomar un tiempo en esta Cuaresma para meditar sobre las formas en que Dios nos mortifica.
    Esa mortificación puede ser por la pérdida de las cosas o las personas que amamos, por la frustración causada por quienes nos rodean, por la injusticia o por cualquier cosa que cause sufrimiento en nuestra vida.
    Dios no es vengativo sin más, hasta el punto que deba castigarnos por nuestros pecados para satisfacer Su ira; más bien, al permitir el sufrimiento en nuestra vida, nos acerca cada vez más a Él.
    El costo puede ser grande y es posible que tengamos que renunciar a lo que pensábamos que amábamos, pero cuando sufrimos, en lugar de dejarnos consumir por nuestra ira, tristeza o frustración, podemos recurrir a Dios y ofrecerle nuestro dolor, y preguntarle a dónde nos lleva.

  2. El peso del amor

    Fray Charles Marie Rooney OP
    29 de Marzo de 2019
    La película del Viernes
    «El taller del orfebre.»
    https://gloria.tv/text/4pjWj1eJU8KqBhLdzwPCXDKVR

    “El amor es un desafío constante. Se le da al hombre para que pueda hacer frente al destino; El futuro depende del amor.»

    Quizás la característica más grave de vivir en un tiempo tan secularizado como el nuestro, es una inevitable crisis de amor.
    Cuando el hombre ignora al Dios, Que es Amor, pronto se olvida de la esencia del amor y, por lo tanto, de su identidad y finalidad básicas: Que ha sido creado por el mismo amor, mediante un acto de amor, con el noble propósito de amar.

    Ese tema, la vocación del hombre al amor, es el núcleo de The Jeweller’s Shop -El taller del orfebre- (1988), una obra adaptada al cine, de Karol Wojtyła, publicada por primera vez con seudónimo en 1960, cuando el futuro Papa San Juan Pablo II era Obispo auxiliar del Cardenal Adam Sapieha, en Cracovia.
    Tanto la obra (que está subtitulada, «Una meditación sobre el sacramento del matrimonio, tomando pie de un drama,») y la película muestran la relación entrelazada de tres parejas: Teresa y Andrew (Andrzej, en la película), Anna y Stefan , y Christopher y Monica.
    La historia dramática de cada relato va ligada a un misterioso joyero, que tiene en su tienda una balanza que no mide el «peso de los anillos de oro» sino el «peso cabal del hombre,» es decir, el amor que anida dentro de su alma.

    La película comienza en la Cracovia en 1939, justo antes del advenimiento de la Segunda Guerra Mundial.
    Andrzej y Stefan, hombres de veintitantos años, cortejan con entusiasmo a dos compañeras, Teresa y Anna, mientras se embarcan en una excursión de senderismo en los Montes Tatra con otros jóvenes adultos, liderados por un sacerdote joven y sabio: El Padre Adam.
    (El acento de la trama de la biografía de Wojtyła es inconfundible).
    A medida que Andrzej y Stefan profundizan su relación con Teresa y Anna, se ponen de relieve sus diferencias de carácter y el destino de sus futuros matrimonios.
    Andrzej y Teresa son claros y sinceros: Luchan, cada uno, con los factores que entorpecen su disposición para el compromiso y el sacrificio, que saben van conexos con el amor.
    La insistencia de Teresa mueve a Andrzej, un ambicioso arquitecto, a la contemplación de una belleza que va más allá de lo que se puede «sentir y tocar,» una belleza que «tocó [su] mente», que le pide a Teresa que sea su «compañera de por vida.»
    Andrzej finalmente se convence de que el amor, en última instancia, no es una cuestión exclusivamente pasional, sino de voluntad: Que él y Teresa» deben estar juntos, sin importar cuál sea su estado de ánimo y sus sensaciones.»

    Stefan, por otro lado, persigue a Anna atrayendo su atención con mentiras, frases grandilocuentes y otras tonterías.
    Sus acciones expresan la comprensión de que una esposa no es tanto una «compañera de vida,» como un accesorio aparente, un objeto afectivo sentimental, que, con el paso del tiempo, cuando los sentimientos se agotan, se convierte en una carga bastante onerosa.
    Mientras la Alemania nazi se prepara para lanzarse sobre Polonia, Stefan se burla de la decisión de Andrzej de unirse al ejército polaco para luchar contra los nazis («si un país vale la pena para vivir en él, vale la pena luchar por él,» dice Andrzej). Anna comparte el plan de huida de Stefan.
    Anna y él irán a Canadá, donde Stefan espera poder ejercer su profesión. El evidente egoísmo de esa decisión lo persiguirá más tarde, más aún al enterarse de que Andrzej murió de las heridas sufridas durante la invasión nazi de Cracovia.
    Pero incluso esa noticia no es suficiente para cambiar su vida, y Stefan continuará alejándose más de sí mismo y de Anna como si fueran extraños, y no una familia.

    Es bien sabido que Karol Wojtyła, quien vivió durante los días oscuros de la guerra, fue un gran estudiante del amor conyugal y un pastor experimentado de las parejas casadas.
    El mismo año en que publicó El taller del orfebre, también mandó a la editorial Amor y responsabilidad, un tratado filosófico centrado especialmente en el amor conyugal.
    Su conocimiento conceptual y experiencial del amor divino y humano se manifiesta poderosamente en las imágenes de la obra y de la película de la tercera relación, la de Christopher y Mónica.

    Habiéndose mudado a Quebec con la ayuda de Anna y Stefan en 1947, Teresa sacó adelante sola a su hijo Christopher, que llevaba en su seno tras la muerte de Andrzej.
    En 1962, Christopher es ya un estudiante universitario y, tiene una relación seria con la hija de Anna y Stefan, Mónica. Pero este noviazgo no es tan sencillo como el de sus padres.
    Las heridas persisten en ambos lados: En Christopher, la ausencia permanente de un icono de referencia paterna. En Mónica, un escepticismo agudo acerca de la posibilidad misma del amor por haber crecido en un matrimonio privado de amor.
    («¿Este matrimonio va a resultar como el tuyo?» -pregunta con dolor a Stefan.-)

    El realismo de la película llega a los hogares desde ese planteamiento: El amor no es un juego, y cuando falla, se producen consecuencias trágicas. Sólo hay que mirar alrededor de nuestra cultura para ver el tsunami de destrucción causado por el falso amor.
    Y, al final de la película aparece el reto duradero del amor, la llamada de Love Itself, para que cada cual luche por el amor verdadero y busque su renovación diaria. Esta interpelación mueve a cada personaje a actuar en consecuencia.
    Anna, desesperada por la constante negligencia y dureza de corazón de su marido, intenta devolver el anillo de boda al joyero, pero tras leer en el registro, le dice: «Su marido debe estar vivo, en cuyo caso no puedo aceptar por separado ninguno de los anillos. El anillo de su marido tiene su propio peso.»
    A raíz de eso, y con la ayuda del Padre Adam, Anna se da cuenta de que el rostro que ha despreciado, el de su marido, es, de hecho, para ella, el rostro de Cristo, que debe amar, que tiene que amar, el que el día del juicio le dirá directamente: «A Mí Me lo hiciste.» (Mt 25,40).

    Mientras tanto, Christopher, cerciorado por el firme testimonio de su madre sobre la integridad del amor de su padre Andrzej, persevera fielmente en la conquista de Mónica, a pesar de algunos errores torpes y extraños .
    Y Monica, en su búsqueda audaz por descubrir si el amor es real, inspira a sus padres a encarar su situación y, en ese quehacer encuentra la respuesta que ha estado buscando.

    Tanto la obra de (aproximadamente 70 páginas) como la película (87 minutos), valen su tiempo, especialmente para que las parejas la lean en voz alta y la vean juntos, sean novios o recién casados ​​o con motivo de la cercanía de las bodas de plata o de oro.
    De hecho, The Jeweller’s Shop, según la opinión del Papa San Juan Pablo, fue «la mejor película posible basada en mi obra».
    Eso se puede decir sin más, no porque la película sea fiel a la obra en la trama y el guión sino, fundamentalmente, porque se adentra en el corazón del tema nuclear del libro: El ser humano está hecho para el amor, y las alegrías más profundas y puras de la vida se descubren sólo cuando se vive el amor genuino, con su demanda constante de sacrificio y conversión.
    Contra las trampas seductoras del amor efímero, tan extendido en nuestra situación contemporánea, -amarse a sí mismo-, el amor verdadero constituye el único antídoto: Porque, como dice el Padre Adam, Dios es eterno, y la eternidad del hombre sólo puede pasar por el Dios Amor.
    N.B. La referencia al Padre Adam, que hace el entonces Obispo Karol Wojtila, es autobiográfica, pero a la vez es un filial homenaje a la memoria de quien fue su Arzobispo, el Príncipe Adam Stefan Estanislao Sapieha, Cardenal de Cracovia, fallecido en 1952, cuyo hermano, el Príncipe Wladislao Leo Sapieha, fue tatarabuelo de la Reina Matilde de Bélgica.
    El Cardenal Sapieha fue quien ordenó de Sacerdote a Karol Wojtila en Noviembre de 1946.

    1. Lapsus: Karol Joseph Wojtila no fue Auxiliar del Cardenal Sapieha, pues éste falleció en 1951, siendo nombrado Administrador Apostólico de Cracovia, el Arzobispo Eugeniusz Baziak, quien en 1958 propuso a Karol Wojtila como Obispo Auxiliar, siendo uno de los últimos nombramientos episcopales del Papa Pío XII. Monseñor Baziak fue el Consagrante principal. Falleció en 1962, siendo Karol Wojtila promovido a la dignidad de Arzobispo y al cargo de la archidiócesis de Cracovia en 1964 por Pablo VI, quien en Junio de 1967 lo nombraría Cardenal.

  3. Aunque sí parece claro que se lo han ofrecido no es seguro que vaya a aceptar. Creo que lo que está pasando con Washington es que nadie quiere ese puesto. Si Gregory rehúsa, atentos a un nombre que podría ser el «tapado» del Papa para Estados Unidos, ya sea para Washington, ya sea para Boston, Saint Louis o Philadelphia (cuyos titulares renuncian este año): Peter Bryan Wells, de 55 años, ex asesor de la Secretaría de Estado vaticana y nuncio en Sudáfrica. Si los rumores resultan ser ciertos, Wells sería para Francisco lo que Francis Spellmann para Pío XII o Justin Rigali para Juan Pablo II . Veremos.

      1. Cierto…es lo que tiene informarse de lo que pasa en la Iglesia americana en publicaciones escritas en inglés, que se te pasan por alto cosillas como esa.

    1. Bernardin fue un saboteador, y probablemente un infiltrado comunista. Laminó siempre que pudo el voto antiabortista católico con el sofisma de la «prenda sin costura» (“Seamless garment”). Con sólo 46 años presidió lo que entonces se llamaba Conferencia de Obispos Católicos (después USCCB) y desde entonces hasta su muerte manejó los hilos. Amigacho de Saul Alinsky (el autor de «Tratado para Radicales», el libro de cabecera de Obama y la Hitlary), presentó a este marxista cultural y antiguo gángster judío de Chicago a Pablo VI. Se dice que también maricón. Desde luego, uno de los grandes detractores de la encíclica de Pablo VI Humanae Vitae.

      1. Bernardin -que no fue ni es santo de mi devoción- fue acusado de lo que Vd. apunta. Del disgusto ocasionado le sobrevino un cáncer fulminante. Estando ya en el lecho de muerte, el acusador le pidió publicamente perdón y aclaró que se trataba de una calumnia.

  4. Mientras no esté nombrado, mejor no quejarse: no serviría de nada.Una vez nombrado, no es tan claro que reciba el capelo a las primeras de cambio.Quizá lo hagan esperar a que el Sibilino cumpla los ochenta.De momento, este sigue en Washington como si allí no hubiese ocurrido nada.

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