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Gente que quiere molestar. En Cádiz

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No  sé si habrá sido el Kichi u otras personas las que han querido otorgar la medalla de oro de su ciudad a la Virgen del Rosario. Es evidente que a la Virgen en el Cielo, en todo su Gloria, no le aporta absolutamente nada esa medalla que más bien dice en honor de quienes se la conceden.

Pues parece ser que hay una entidad irritadísima que ha llevado la medalla a los tribunales.

Evidentemente no todos somos iguales. En su caso tal vez «semos». A mí si el ayuntamiento de El Algarrobo decide nombrar hija adoptiva a la madre del presidente de la asociación que ha llevado la medalla a los tribunales o el museo local de Encinarejo decidiera colocar en sus vitrinas la fregona con la que la señora de alguno de los directivos de la entidad de marras fregaba las escaleras, de su casa, me traería absolutamente sin cuidado  y jamás se me ocurriría llevar nombramiento de hija adoptiva o fregona a los tribunales en menoscabo de esas mujeres. Estos parece ser que no son así. Les gusta jorobar. Y no a la  Santísima Virgen que están seguros de que no existe sino a convecinos suyos que jamás les han faltado en nada y que viven felices desconociendo su triste existencia. Porque hace falta ser tristes para dedicar la vida a intentar fastidiar a quienes aman a la Virgen. Seguro que en los libros de Psiquiatría está ese caso. Que probablemente no es grave. Sólo imbécil.

Ni idea en lo que terminará la vista. Pero me encantaría que les condenaran en costas. Por…. lo que ustedes quieran poner. Yo ya se lo he puesto.

https://www.lavozdigital.es/cadiz/lvdi-patrona-no-esta-sola-201810261605_noticia.html

 

 

 

Comentarios
3 comentarios en “Gente que quiere molestar. En Cádiz
  1. Sufrir con Dios

    Fray Simon Teller OP
    30 de Octubre de 2018

    Nota del editor: Este es el octavo post de nuestra serie más reciente, Beholding True Beauty, -contemplando la verdadera belleza- que consiste en meditar orando sobre obras de arte sacro.

    María, la causa de nuestra alegría, llora. Oscuros nubarrones cubren el cielo, las flores de primavera comienzan a marchitarse, ha llegado la noche.
    María mira a Jesús, y una luz celestial irradia en Su rostro mientras llora suavemente. Al contemplar la Faz de Su Señor a través de un velo de lágrimas, Su espíritu nunca cesará de regocijarse, a pesar de que Su Corazón esté transido de dolor.

    Jesús se sienta en la luz y en la oscuridad, baja la Cabeza, sosteniendo en Su mano atravesada una corona de espinas.
    El dedo de Dios, que sacó la luz de la oscuridad, está sangrando.
    Es el Inmortal, Que mora en una luz inaccesible. Pero, viene a nosotros rodeado de sombras de muerte, tomando la oscuridad como compañera, caminando por el umbrátil valle de la muerte y la tristeza.
    Las sombras oscurecen Su rostro, aunque no del todo. La luz brilla en la oscuridad, y la oscuridad no puede apagarla.
    Jesús es la luz, Que se sienta con nosotros en la oscuridad, hasta la llegada del día, cuando el lucero matinal se eleva y alienta en nuestro corazón.

    Tú también estás allí. Te has acercado a Jesús por el bautismo: Mediante la vestidura blanca, las aguas de un tono azul oscuro, la dorada fuente de la regeneración. Estás allí con Jesús y María, viviendo el dolor terrenal en presencia del gozo celestial, morando en la luz y en la oscuridad.
    Las aguas del bautismo aún fluyen en tu corazón, y permanecerán allí para siempre. Aunque las aguas caudalosas se eleven hasta tu cuello y tu alma sienta como si se hundiera en el abismo, la luz de Jesús continúa aún en tí, trabajando tu salvación.
    Jesús está contigo en tu dolor, está allí en la noche oscura. Hace llevadero tu sufrimiento, sosteniéndolo suavemente en su mano taladrada. Te va acercando a la luz, donde lo verás cara a cara.

    Si estamos de luto, nos es posible llorar con María y acercarnos a Sus mejillas. Sus lágrimas se mezclarán con las nuestras, y Ella nos ayudará a ver desde Su perspectiva.
    Ella nos ayudará a mirar a Jesús. Ahora, de noche, Su rostro nos aparece oscuro, embarrado por nuestro velo de lágrimas.
    María nos ayuda a salir de la noche. Con Ella, podremos soportar la oscuridad. Luego, vendrá la mañana, y ya no habrá más noche, pues, el Señor convertirá nuestra tristeza en alegría, y nuestro gozo será pleno.

    1. Pues nada, que sigan tocando las narices, hasta un buen día la Semana Santa se haga dentro de las iglesias y entonces que les cuenten a los del ramo de hostelería todas estas historias.

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