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El general de los jesuitas en España

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Ni tengo el menor interés por el actual general de los jesuitas. Si alguno tuve él se encargó de que desapareciera por las barbaridades que dijo, o las estupideces, lo de que no había grabadoras en los tiempos de Cristo no se lo va a quitar de encima mientras viva, así que paso absolutamente de esta Sosa verdaderamente cáustica.

Si lo  traigo es sólo por la fotografía, No es ariesgado suponer que son los jesuitas que acudieron a reunirse con su general. Pues ya ven lo que hay. Un club de jubilados con contadísimas excepciones.

Y eso es la Compañía de Jesús en España. Un resto terminal. Hace unos cincuenta años superaban los tres mil, a comienzos de este año quedaban apenas unos novecientos sesenta. Y como en los últimos años vienen falleciendo más de sesenta jesuitas españoles no es arriesgado suponer que en enero de 2019 serán ya menos de novecientos. Y un año mayores. Y hasta es posible que el 2020 concluya con  menos de ochocientos jesuitas. La mitad de ellos con más de ochenta años.

9 comentarios en “El general de los jesuitas en España
  1. Entre las actividades más destacadas que llevó a cabo el general Sosa en nuestro país, podemos citar sendas extremaunciones colectivas en las enfermerías de Villagarcía y Alcalá de Henares.

    https://infosj.es/noticias/13937-el-padre-general-invita-a-los-jesuitas

    Señalar también la reunión mantenida con los superiores en la que, a buen seguro se dio cuenta de cuáles serán las siguientes casas en echar el cierre por falta de personal, tarea encomendada a Patxi Álvarez de los Mozos. Y, en la misma línea, hablando de discernimiento, el superior España debió de explicar cómo pretende conseguir que «haya obras ignacianas con o sin jesuitas».

    No dispuso de tiempo, empero, para visitar un noviciado jesuita cada vez más desierto: parece ser que en la actualidad lo pueblan únicamente seis aspirantes.

    De modo que, si en 1931 había exactamente 3.001 jesuitas en España, un siglo después, esto es, en 2031, apenas quedarán dos centenares. Aunque todavía se puedan permitir guardar las apariencias, esta es la antesala de lo que se les viene encima de aquí a muy pocos años: una compañía zomnbi con una presencia en nuestro país meramente testimonial.

    Mientras, los jesuitas-arrupitas, comandados por el general Sosa, siguen discerniendo…

  2. Por lo visto el general de la compañía ha aprovechado su estancia en nuestro país para predicar la necesidad de una “conversión ecológica”. Para estos neofariseos la salvación proviene del escrupuloso cumplimiento de las mil y una prescripciones rituales de la corrección política. Uno se salva reciclando y comiendo lechugas abonadas con mierda natural. Acabáramos.

  3. la foto de esta entrada, demuestra que los progrejesuitas son una especie en vías de extinción. ellos mismos se lo han buscado y merecido. nada que lamentar.

  4. Matización. No son “los jesuitas” que acudieron a reunirse con el general… SON TODOS LOS SUPERIORES JESUITAS DE ESPAÑA.

    El padre España, provincial de España lleva también una camisa de cleriman; es azulona, para que no se le vea mucho.

  5. Ni uno solo, excepto el general, vestido mínimamente con ropa que permita deducir que son sacerdotes. Un jesuita me decía triste, que su residencia se había convertido en una residencia de hombres solteros, donde no existía comunidad religiosa. Esto fue hace más de cuarenta años . Este sacerdote lo decía con pena en el corazón.

  6. Fe, esperanza y amor en camino a Tierra Santa

    Fray Isidore Rice OP
    15 de Mayo de 2018

    Nota del editor: Nota del editor: Ésta es la duodécima publicación de nuestra serie más reciente, referente al álbum autotitulado Tomistas Bucólicos. La serie continuará los martes y jueves durante el Tiempo de la Pascua. Este post se refiere a la canción “To Canaan’s Land”, que puedes leer aquí.

    “To Canaan’s Land” expresa la fe firme en un lugar “donde el alma nunca muere.”
    Repitiendo a menudo este verso al compás de los rasgueos de guitarra de la canción, avanzan con los pasos seguros de un peregrino, avanzando hacia su objetivo.
    La fe de la canción evoca en mi mente el Concilio Quinto de Letrán. Su esperanza me recuerda a San Isidro Labrador, cuya fiesta celebramos hoy. Sin embargo, ¿Qué tienen en común un Concilio de la Iglesia del siglo XVI, un campesino del siglo XII y una canción del álbum de los Tomistas Bucólicos del siglo XXI?

    Ante todo la fe: El Quinto Concilio de Letrán definió con carácter infalible el dogma de la inmortalidad del alma, haciéndolo vinculante de fide. Después del Laterano Quinto no cabe duda de que, como proclama nuestra canción, “el alma del hombre nunca muere.”
    Nuestra fe no se basa principalmente en proposiciones como ésta, sino en Jesucristo, el Verbo Encarnado.
    Y sin embargo, debido a que la Verdad misma ha dicho verdades, al creer en el Verbo Encarnado, también aceptamos Su palabra.
    Por ejemplo, Cristo dijo: “No temáis a los que matan el cuerpo, pero no pueden matar el alma” (Mt 10, 28). Tenemos confianza en que “el alma del hombre nunca muere” porque Jesús proclamó esta verdad y envió Su Espíritu Santo para ayudar a Su Iglesia a custodiarla y proclamarla con fidelidad.

    De nuestra fe en Cristo proviene la esperanza expresada elocuentemente por la canción “A la tierra de Canaán.” Por la fe, sabemos que hay un estado de vida en el que “el alma del hombre nunca muere.”
    Por la esperanza, confío en que Dios pueda llevarme allí, donde “pasaré la eternidad, donde el alma del hombre nunca muere:” El Cielo.

    San Isidro ejemplifica la esperanza de que ” hay un jardín floreciente preparado para mí.”
    Vio que este jardín, ya plantado en su alma por la gracia, era regado cuando rezaba todas las mañanas en las iglesias de Madrid.
    Sólo después de esto volvía a cuidar la granja terrena del caballero local. Cuando este caballero exigió que abandonara sus oraciones para ir más temprano a arar, Isidro con calma, pero con firmeza, se negó y le dijo: “Tomad, señor, todo el grano. Yo me quedaré con la paja.” El poco trigo que había quedado entre la paja, se multiplicó milagrosamente con pasmo de todos. Sabía que estaba en el camino hacia la tierra de Canaán, y que no se desviaría del mismo.

    ¿Esperaba San Isidro recibir ayuda material para salir de este entuerto? Apoyándose confiadamente en el Señor, esperaba que cumpliera Su promesa: “Todo lo demás se os dará por añadidura.”
    Y el Señor atendió su ruego, al enviar ángeles para acelerar el trabajo de San Isidro. Nosotros también, en esta tierra de “despedidas tristes” y “ojos llenos de lágrimas,” le pedimos a Dios muchas cosas necesarias en la oración, esperando recibirlas.
    Sin embargo, como enseñó Santo Tomás y manifiesta el ejemplo de San Isidro, nuestra esperanza es en primer lugar, un don de Dios, de incalculable magnitud: “Debemos esperar de Él nada menos que a Él mismo.” Debemos saber que no nos dirigimos hacia otro lugar que no sea la tierra de Canaán, donde veremos a Dios tal Cual es.

    San Isidro ha entrado en el paraíso celestial preparado para él: Ha obtenido lo que esperaba, cuando la fe ha cedido ante la visión de Dios cara a cara.
    Para San Isidro, la fe y la esperanza han cesado, y “todo es alegría, paz y amor donde el alma del hombre nunca muere.”

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