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El Sin Grelo no tiene claro si cree en Dios.

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Resultado de imagen de Santiago agrelo

Parece que ante una pregunta así de sencilla la respuesta también debería serlo. Pues con Sin Grelo y sin otras muchas cosas, la cuestión  ni está clara. Vayan ustedes a saber.

http://www.elmundo.es/cronica/2017/08/05/597cab43ca4741b8608b4677.html

Este arzobispo tan peculiar, lejano a los Grelos pero muy de Asados, y gran comprador de arroz y conservas, está ya pasado de fecha por lo que su renuncia debería ser aceptada pronto. Pero las razones del Papa Francisco para precipitarse en aceptarlas o retrasarlas al límite,  el Coco sigue sin caer de la Palmera, son insondables. Porque uno no quiere creerse lo de que se apresura a admitírselas a los buenos y mantiene a lo peor lo más que puede. Ejemplos de lo uno y de lo otros, meridianos. Aunque en ocasiones con alguna sorpresa.

Sin Grelo es además un arzobispo absolutamente artificial. Porque el arzobispado de Tánger existe prácticamente sólo en el papel. En el que lleva no sé cuanto tiempo figurando el número de 2.500 fieles que ni Sin Grelo se lo cree. Y hasta lo dice.

Me parece penoso. Y al articulista decirle que no todos los arzobispos de la nada tangerina son gallegos. Aunque todos sean franciscanos. Al menos desde 1098. De los tres últimos, Amigo, Peteiro y Sin Grelo gallegos sólo lo fueron dos. Uno muy corrientito y el otro impresentable.

El aburrimiento no es bueno y el actual, sin nada que hacer como arzobispo, entretiene sus ocios, que son todas las horas del día salvo las de dormir, diciendo memeces buenistas.

Supongo que su sucesor, por seguir Francisco, tan poco tradicional, alguna tradición, va a ser también franciscano. Si español lo va a tener complicado porque cada vez quedan menos y más viejos. Si además lo quisiera gallego me atrevería a recomendarle uno que le sobra en su entorno y que seguramente como arzobispo de Tánger iba a ser bastante más discreto que Sin Grelo aunque me parece otra calamidad gallega y franciscana: Chámame Pepe. Pero estoy seguro de que el Papa no me va hacer el menor caso. A ver a quien encuentra.

Comentarios
19 comentarios en “El Sin Grelo no tiene claro si cree en Dios.
  1. Juan General: A ese espantajo se le puede leer a Jeremías: Antequam te formarem in utero novi te et antequam exires de vulva sanctificavi te et prophetam in gentibus dedi te. -Antes de formarte en el útero materno te conocí, y antes de que salieses de la vulva te santifiqué y te destiné como profeta para las gentes.
    En el usus antiquior estas palabras son la capítula de vísperas del oficio de San Juan Bautista.

    Al subnormal de Agrelo le vienen como anillo al dedo unas palabras de la catequesis del Papa Benedicto el 14 de Noviembre de 2014: » En nuestro tiempo se ha verificado un fenómeno particularmente peligroso para la fe: existe una forma de ateísmo que definimos, precisamente, «práctico», en el cual no se niegan las verdades de la fe o los ritos religiosos, sino que simplemente se consideran irrelevantes para la existencia cotidiana, desgajados de la vida, inútiles. Con frecuencia, entonces, se cree en Dios de un modo superficial, y se vive «como si Dios no existiera» (etsi Deus non daretur). Al final, sin embargo, este modo de vivir resulta aún más destructivo, porque lleva a la indiferencia hacia la fe y hacia la cuestión de Dios.»

  2. La plenitud de la gracia

    Fray John Paul Kern OP
    07 de Agosto de 2017
     

    Nota del editor: Este es el primer post de una serie de cuestiones disputadas sobre los cinco temas doctrinales centrales de la Reforma Protestante (las Quinque Solae Quaestiones), quinientos años después de las tesis de 1517.

    ¿Creen los católicos y los protestantes que nos salvamos por la gracia de Dios?

    ¡Sí! Y hoy muchos cristianos que se están dando cuenta de que éste es un punto esencial en lo concerniente a la unidad de los cristianos.

    En 1999 la Iglesia Católica y los líderes luteranos firmaron una Declaración Conjunta sobre la Doctrina de la Justificación, proclamando juntos que «todos dependemos enteramente de la gracia salvadora de Dios para obtener la salvación» (JDDF, 19).

    En 2006, los líderes metodistas afirmaron que esta declaración «corresponde a la doctrina metodista.» Este verano, en el 500 aniversario de la Reforma Protestante, los líderes de las Comunidades Reformadas también aceptaron esta explicación común de la justificación por la gracia.

    ¿Qué significa este acuerdo insólito entre la Iglesia Católica y los líderes protestantes?

    Después de muchos años de dura retórica y, a menudo, malentendidos, la Iglesia Católica y muchas de las grandes comunidades protestantes, han podido reconocer juntos, públicamente, que ambos creemos que los cristianos nos salvamos por la gracia. Reconocer este punto común es un paso importante hacia una unidad cristiana más completa.

    Sin embargo, muchos protestantes siguen siendo escépticos respecto a la posición de la Iglesia Católica, en lo que respecta a la prioridad de la gracia de Dios en la justificación del hombre, lo que Lutero llamó el «primer y principal artículo» de la fe cristiana (Smalcald Articles, II.1).
    Además, la propia Declaración Conjunta reconoce y describe abiertamente las diferencias en la manera en que católicos y protestantes entienden la salvación por la gracia.

    Desafortunadamente, muchos católicos no están familiarizados con la doctrina católica sobre la justificación por la gracia, y lo mismo ocurre con muchos protestantes respecto a las enseñanzas de los reformadores protestantes.
    Por lo tanto, habrá que explorar lo que compartimos en común, así como donde diferimos respecto al «Evangelio de la gracia de Dios» (Hechos 20:24), para apreciar mejor esta hermosa y salvífica verdad en su plenitud.

    Fundamento común: La Primacía de la Gracia de Dios en la Salvación del Hombre
    Dios, que es rico en misericordia, con el gran amor con que nos amó, aun estando muertos por nuestras pecados, nos vivificó en Cristo (por gracia estáis salvados) … Porque por la gracia habéis sido salvos Mediante la fe. Y esto no es obra vuestra: es un don de Dios, no por las obras, para que nadie se gloríe. (Ef 2: 4-5, 8-9).

    San Pablo sabía por su propia conversión que la salvación en Jesucristo viene a través del don de gracia de Dios. Por lo tanto, enfatizó fuertemente esta verdad central del Evangelio a lo largo de sus escritos.

    Habiendo experimentado también una conversión radical por la gracia de Dios, San Agustín de Hipona (354-430) rechazó el error de Pelagio, que afirmaba que el hombre podía salvarse por sí mismo sin la gracia.

    Más tarde, la Iglesia católica usó las enseñanzas de San Agustín para refutar el «semipelagianismo» -la afirmación de que el hombre puede obtener la gracia de la justificación por sus propios méritos- en el Segundo Concilio de Orange (529) y continúa honrando a San Agustín como el Doctor Gratiae (Maestro de la Gracia).

    Mil años más tarde, los teólogos protestantes del siglo XVI articularon su doctrina de la justificación por la sola gratia (sólo por gracia), que también enfatizó la prioridad de la gracia.

    Cuando la Iglesia Católica promulgó su respuesta oficial en el Concilio Ecuménico de Trento (1546-1563), reafirmó firmemente la primacía de la gracia de Dios. Una vez más, rechazó explícitamente el pelagianismo -la afirmación de que «el hombre puede ser justificado ante Dios por sus propias obras … sin la gracia de Dios» -y el semipelagianismo.

    Por lo tanto, la Iglesia Católica en el siglo XVI se pronunció magisterialmente de acuerdo con los reformadores protestantes en relación con la prioridad de la gracia en la salvación.
    Sin embargo, le preocupaba que la doctrina protestante de la sola gratia redujera enormemente el alcance y el poder de la gracia de la justificación al enfatizar el perdón de Dios sin tener en cuenta los efectos de la gracia en el hombre: Para los Protestantes los efectos de la Gracia no pasan de ser una imputación extrínseca de los méritos de Cristo.

    Por lo tanto, la Iglesia Católica enfatizó y continúa enfatizando que la gracia de la justificación de Dios no puede ser entendida en su plenitud sin tener en cuenta el papel de la gracia en todo el plan de Dios respecto a la humanidad.
    Todo ello implica una transformación radical, una renovación y un renacimiento de la persona humana y la elevación del hombre al orden divino -salvadas las analogías- para participar de la naturaleza y de la vida de Dios.
    1. La gracia es un elemento fundamental en la economía de la salvación.
    Para los reformadores protestantes, como Lutero, la cuestión central era la justificación: ¿cómo puede una persona pecadora ser justificada ante Dios? Esto es extremadamente importante. Sin embargo, un singular énfasis en esta pregunta, a menudo lleva a los protestantes a ver la gracia únicamente, como la solución de un problema: el de la justificación.

    Los católicos, por otra parte, entienden la gracia de Dios no sólo como una respuesta misericordiosa al estado miserable y caído del hombre después del pecado, sino también como un don generoso que Dios libre y amorosamente eligió otorgar a Adán y Eva desde el momento de su creación.
    La fe católica enseña que Dios creó al hombre en un estado de gracia, lo que le permitió gozar de una íntima amistad con Dios, conocer y amar a Dios de una manera que no hubiera sido posible sin la gracia de Dios.

    Después de la caída pecaminosa, la gracia de Dios restauró al hombre a un estado de amistad con Dios y le concedió el perdón de los pecados.
    La Iglesia Católica enseña que la gracia antecedente de Dios prepara, elimina y mueve al hombre a recibir libremente la gracia de la justificación, que le comunica la justicia de Cristo. Del principio al fin, es la gracia la que salva.

    A partir del momento de la justificación, la vida cristiana queda animada por la gracia santificante, que permite a los cristianos crecer en santidad a lo largo de su vida. La gracia santificante incluye las virtudes teologales de la fe, la esperanza y la caridad, que son el corazón de la vida cristiana (1 Corintios 13:13) y los dones del Espíritu Santo (Isaías 11: 2). Los cristianos que siguen al Espíritu Santo a través de los dones gozan de los frutos del Espíritu (Gál 5: 22-23), cuya máxima elevación se traduce en las Bienaventuranzas (Mt 5: 3-12).

    Finalmente, la vida de la gracia alcanza su gozo completa en la gloria del cielo: Gratiam et gloriam dabit Dominus. El hombre es capaz de contemplar la visión beatífica de Dios, en la luz de la gloria, que es también una gracia, no por las fuerzas naturales, sino tan sólo como un don de Dios .

    2. La gracia de Dios tiene el poder de transformar realmente a la persona humana
    Según los reformadores protestantes, la justificación por gracia es, como dijimos antes, algo extrínseco al hombre. Es decir, la justificación describe la posición del hombre ante Dios, como un formalismo legal, y no como el estado real del hombre mismo. Según Lutero, el hombre es justificado cuando Dios mira graciosamente los méritos de Cristo, que cubren pero no destruyen el pecado del hombre, y nos imputa una «justicia ajena,» la de Cristo, declarándonos justos por un acto judicial, aunque sigamos siendo pecadores en la realidad. Así, la gracia es simplemente el «favor inmerecido» del juicio misericordioso de Dios, que nos declara «no culpables.»

    Como contraste, la fe católica enseña que mientras las heridas causadas por el pecado original, siguen afectando todavía a los cristianos, la gracia de la justificación no sólo cubre el pecado, sino que lo destruye y regenera al hombre en la vida espiritual (Jn 3,3, Tito 3: 4-7) , Y así restaura su amistad con Dios.

    La Escritura relata que Jesús perdonó los pecados (Mc 2, 1-12), expulsó demonios (Lc 11, 14), curó a los enfermos (Mt 8,1-4), y resucitó a los muertos (Jn 11,40-44). Todo ello es un despliegue de poderosas imágenes que nos muestran lo que Dios realiza en el alma humana a través de la gracia de la justificación.

    Las afirmaciones imperativas de Dios coinciden con la realidad. En la creación Dios habló al universo diciendo: «Fiat -Hágase- …» (Gen 1).
    De manera similar, cuando Dios declara que una persona es justa, simultáneamente y en realidad le da tal condición por el poder de Su gracia: «Para que en Él podamos llegar a ser justicia de Dios.» (2 Cor. 5,21) .

    La gracia de la justificación comunica la justicia de Cristo al hombre y tiene el poder de transformarlo realmente según la imagen de Cristo (Rom. 08,29). El cristiano renace a la nueva vida de la gracia infundida por el Espíritu Santo y le es dado un nuevo corazón (Ez 36: 26-28), una nueva mente (1 Corintios 2:16) y una nueva «naturaleza» en Cristo .( Ef 4: 22-24).

    San Pablo explica: «Quien está en Cristo, es una nueva creación. Lo viejo ha pasado, ha venido lo nuevo.» (2 Cor 05, 17).
    Y así, los cristianos, transformados por la gracia, se han «despojado del hombre viejo con sus prácticas y se han revestido del hombre nuevo, que se renueva en conocimiento según la imagen de Su creador.» (Col 3, 9-10).

    Por lo tanto, «la justificación … no es sólo la remisión de los pecados, sino también la santificación y la renovación del hombre interior [2 Cor 4:16], mediante la recepción voluntaria de la gracia, por la cual el hombre injusto llega a ser justo. [Rom 3:23 24], y el que era un enemigo se convierte en amigo. [Jn 15,15], para ser sea heredero según la esperanza de vida eterna «(Trento, Decreto sobre Justificación, capítulo 7).

    Dios justifica a una persona mediante una infusión de gracia, que causa la transformación del alma de un estado de pecado e injusticia a un estado de gracia y justicia. Esta conversión incluye un movimiento del intelecto hacia Dios en la fe y un movimiento de la voluntad en el amor a Dios y el odio al pecado Y a la vez, da lugar al perdón de los pecados. (Summa Theologica I-II, q 113, a.6). .

    En la obra de la justificación, el favor inmerecido de Dios nos otorga activamente el don de la gracia, que tiene el poder de transformarnos realmente y hacernos justos con la justicia de Jesucristo.

    Por la Gracia participamos de la Naturaleza Divina y también de la Vida Divina.
    Los reformadores protestantes tampoco enfatizan lo más asombroso de la gracia: que la gracia de Dios eleva a los cristianos a la participación en la vida trinitaria del amor de Dios. Lutero afirmó que incluso «el pecado justifica toda obra buena,» y «toda obra del justo es digna de condenación … si se considera tal como realmente es.» (Möhler, Symbolik, 22). Para Calvino, incluso los actos cristianos de caridad «siempre están contaminados por la impureza.» (Instituta, III, 18, 5).

    En cambio, San Pedro escribió: «Su poder divino nos ha concedido todas las cosas que pertenecen a la vida y a la piedad … para que por medio de ellas podamos escapar de la corrupción que hay en el mundo, mediante Su Pasión y participar así de la naturaleza divina.» (2 Pedro 01, 3-4).

    Desde el principio, «Dios … creó libremente al hombre para hacerlo partícipe de Su propia vida bienaventurada.» (CCC 1). Es decir, Dios nos creó para participar, por gracia, en Su propia naturaleza divina y participar en la vida divina del amor trinitario (1 Jn 4,7-16), una vida que está muy por encima y más allá de lo que es posible al ser humano mediante las solas fuerzas de la naturaleza.

    Incluso después del pecado original, la gracia de Dios nos restaura de la muerte espiritual a la nueva vida en Cristo (Romanos 6, 4). La gracia nos permite participar en la propia vida trinitaria de Dios como «hijos adoptivos» en el Hijo (Gal 4: 4-6) y como «hijos de Dios» (Jn 1, 12-13) para que a través de, con y en Jesucristo, por el poder del Espíritu, Que habita en nosotros, (1 Corintios 6,19), podamos llamar a Dios «Padre nuestro.» (Mt 6: 9).

    Por la gracia, estamos verdaderamente unidos a Cristo como miembros Suyos (1 Cor 12,12-27), y la vida de la Vid divina corre por nosotros, que somos los sarmientos (Jn 15,1-11), de modo que con San Pablo es posible proclamar que ahora es «Cristo que vive en mí» (Gálatas 2,20). Como hijos de Dios en Cristo, cooperamos con la gracia de Dios para llevar el fruto espiritual de las buenas obras (Jn 15, 16-17, Ef 2,10), que glorifican a Dios.

    Esta vida sobrenatural de la gracia, que comienza en la tierra, florecerá en la vida de gloria en el cielo. Allí, el don de la fe se transformará en visión cuando contemplemos a Dios cara a cara (1 Cor 13, 12).
    Nuestra esperanza se cumplirá cuando poseamos a Dios, nuestra herencia y recompensa eterna, celebrando la fiesta de las bodas del Cordero (Ap 19: 6-9).
    Sin embargo, el amor, el núcleo de la vida cristiana, continuará perfeccionándose en el cielo, mientras experimentemos la plenitud del gozo alabando a Dios por toda la eternidad.(1 Cor 13, 8). Así, la vida de la gracia será coronada y cumplida en la vida eterna.

    Por la gracia, aún ahora, podemos compartir la vida del amor de Dios y, a imitación de Jesucristo, realizar las obras de nuestro Padre (Jn 4, 34).
    Exclamemos a voz en grito: «Abba! ¡Padre! «En alabanza a Aquél Cuyo amor misericordioso nos ofrece, por la obra salvadora de su Hijo, en el Espíritu Santo, este asombroso don de la gracia!

  3. Este lo que es es un imbécil con balcones a la calle que encima va de intelectual y se queda en intelectualoide. No se puede ser más soberbio, pagado de sí mismo y memo. ¿Qué ha hecho como arzobispo de Tánger? el indio, sólo declaraciones y declaraciones demagógicas pero realmente nada, primero porque no tiene fieles y segundo que por mucho que quiera no puede influir en nada pues está en un país musulmán, y él acepta otros postulados. Este sería un don Julián o un Oppas.

  4. Que tranquilidad deja en Marruecos. Ya en Santiago lo aguantaban porque no tenían mas remedio. Ególotra, enamorado de si mismo, voluble de carácter. Sus misas en Santiago eran infumables. Llegó como máximo a vicario provincial, en estos tiempos…
    Pobre convento a donde vaya, de humilde nada y de hermano menor menos.

  5. Que tranquilidad deja en Marruecos. Ya en Santiago lo aguantaban porque no tenían mas remedio. Ególotra, enamorado de si mismo, voluble de carácter. Sus misas en Santiago eran infumables. Llegó como máximo a vicario provincial, en estos tiempos.
    Pobre convento a donde vaya, de humilde nada y de hermano menor menos.

  6. el arzobispo agrelo demuestra una vez mas que es un espantapájaros intelectual y espiritual, ademas de ser un absoluto desperdicio como franciscano y como obispo.

  7. No hace profesión de fe, sino que dice que se comporta como si Dios existiera. Es decir, no afirma que Dios existe, sino que en el colmo de la soberbia, afirma que él, Agrelo, es bueno, y que en el fondo la existencia de Dios le trae al pairo.

  8. La entrevista no tiene desperdicio; lo único que queda claro es que este tipo está encantadísimo de haberse conocido…

  9. La tradición marca que el Arzobispo de Tánger sea un franciscano de la provincia de Santiago, gallego de nacimiento o no.

    Por lo demás, me sumo al deseo de que al Arzobispo Agrelo le suceda Rodríguez Carballo, también franciscano y gallego.

  10. «Los buenos cristianos no sacan autobuses»…¡Otro «buen» cristiano que «no» juzga! «El Evangelio no habla de vulvas y penes» Bueno… tampoco el Evangelio habla de comunistas, nazis, gulags, campos de exterminio, partidos políticos, eutanasia, aborto, eugenesia, cocaína, franciscanos, jesuitas, dominicos… ¡Otro sembrador de cizaña y leyenda negra sobre la Iglesia! (Salvo la que él representa,claro).

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