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El Sagrario donde debe estar

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Y de donde nunca debió salir. Un obispo norteamericano así lo ha dispuesto. Pues muy bien. La Iglesia USA se está manifestando como una de las mejores del mundo. Y un artículo de Don Santiago González en Adelante la Fe nos describe una situación desgraciadamente muy habitual en nuestras iglesias españolas. Incluso en mi parroquia de Caná que debe ser lo mejor de España y en la que el Sagrario está donde debe. http://infocatolica.com/?t=noticia&cod=26146 http://adelantelafe.com/sagrario-en-el-centro-de-la-iglesia-que-es-la-casa-de-dios/ En España creo que no podemos quejarnos de la mayoría de nuestros obispos. Unos mejores, otros no tanto, pero seguramente más del 20%  de nuestros pastores son aceptables o excelentes. Pero, reconociendo eso, a veces quisiera que algunos como mons. Morlino, obispo de Madison, fuera también obispo en España.

Comentarios
0 comentarios en “El Sagrario donde debe estar
  1. Eso, eso, Octavio. Veamos lo que dice tal Instrucción (teniendo en cuenta, además, que tal documento no tiene el rango de una definición dogmática, que es infalible):
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    314. Para cualquier estructura de la iglesia y según las legítimas costumbres de los lugares, consérvese el Santísimo Sacramento en el Sagrario, en la parte más noble de la iglesia, insigne, visible, hermosamente adornada y apta para la oración.
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    [La legítima costumbre en el momento de redactarse esta Instrucción, y desde hacía siglos, era que el sagrario estuviera en el altar mayor -que casi siempre estaba adosado-, el cual, además, es la parte más noble, insigne y sobre todo, visible. Así que, habrá que devolverlo a su sitio desde donde se ha retirado, para cumplir con este punto].
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    Como norma general, el tabernáculo debe ser uno solo, inamovible, elaborado de materia sólida e inviolable, no transparente y cerrado de tal manera que se evite al máximo el peligro de profanación. Conviene, además, que se bendiga según el rito descrito en el Ritual Romano antes de destinarlo al uso litúrgico.
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    315. Por razón del signo conviene más que en el altar en el que se celebra la Misa no haya sagrario en el que se conserve la Santísima Eucaristía.
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    [En aquellos templos en los que la Santa Misa se ha dejado de celebrar en los altares existentes y se ha comenzado a celebrar en una mesa delante del altar mayor, este punto se cumple perfectamente con el Santísimo reservado en el sagrario en el que siempre ha estado: el del altar mayor. Por lo cual, también según este punto habría que volver a reservar el Santísimo en éste, y no escondido en una capilla escondida].
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    Por esto, es preferible que el tabernáculo, sea colocado de acuerdo con el parecer del Obispo diocesano:
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    [¡Vaya, si dice “preferible”, no obligatorio! No hay que olvidar que cuando se redactó fue un momento de “experimentación” litúrgica, que tan negativos resultados ha traído posteriormente].
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    a) o en el presbiterio, fuera del altar de la celebración, en la forma y en el lugar más convenientes, sin excluir el antiguo altar que ya no se emplea para la celebración (cfr. n. 303);
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    [Justo lo que he dicho más arriba; donde siempre ha estado: en el tabernáculo del altar mayor, que suele estar elevado y al que las nuevas mesas no suelen tapar de la vista de los fieles].
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    b) o también en alguna capilla idónea para la adoración y la oración privada de los fieles, que esté armónicamente unida con la iglesia y sea visible para los fieles.
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    [Optativo, pues. No obligatorio. Y, de hacerse, nada de en capillas escondidas y no visible desde la nave central, como ocurre hoy en día en muchos templos].
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    Conclusión: o no ha leído la Instrucción que usted mismo recomienda, o, de haberlo hecho, no ha asimilado su lectura -o no quiere aceptar lo que ésta dice-. Si no, no diría que «lo que propone este obispo no parece lo más conveniente según lo que manda la santa madre Iglesia» (sic). Lo primero, porque autoriza al obispo diocesano a mantener, o volver a poner, a Nuestro Señor reservado en el sagrario del altar mayor. Y, lo segundo, porque no obliga, ni mucho menos, a retirarle de la vista de los fieles en una capilla escondida.
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    Como usted dice, Roma locuta, causa finita. Pero Roma, no usted -porque, además, usted no dice lo mismo que Roma-.

  2. Pues bien, como me maliciaba, lo que propone este obispo no parece lo más conveniente según lo que manda la santa madre Iglesia. Roma locuta, causa finita. Lean los números 314 y 315 de la Instrucción General del Misal Romano.

  3. En todas las grandes Catedrales, Monasterios y templos de Europa, el Sagrario se encuentra en la Capilla del Santísimo, en la que se reserva al finalizar las Misas el Cuerpo de Cristo. Y esto no es nuevo. Es desde hace siglos. No se la relación histórica, pero si tan importante es la tradición, parece de lógica que en esto también se cumpla.
    Y de la me jor parroquia del mundo, ¿qué decir? Siempre el mismo bombo, que se resquebrajó el día que salió por TVE. Ni estaba de bote en bote, ni estaba atestada de jóvenes… Normalita, como todas. Y eso sin contar con la polémica, que aún continúa, sobre su construcción.

  4. Emplea palabras que, no por más utilizadas, crean menos confusión hoy en día. Habla de «la Cena», que hace que nos vengan a la mente las celebraciones protestantes, que así la consideran. La Santa Misa no es sólo una Cena: es el Sacrificio del Calvario. Si se rememora la Última Cena del Señor es porque ésta fue el mismo Sacrificio del Calvario -pues el Sacrificio de Cristo se produjo una sola vez y para siempre-, pero, a diferencia de la Santa Misa que se ofrece a Dios Padre en los altares de todas las iglesias del mundo, en aquella ocasión se anticipó al Calvario por única vez, frente a la renovación del mismo sacrificio que se produjo a partir de ese momento y se sigue produciendo hasta el día de hoy. Igualmente, también es confusa su frase «no está la misa para el Sagrario, sino para la comunión«. La Santa Misa no está para la Comunión. Como ya le he señalado, la Santa Misa es el Sacrificio expiatorio de Cristo ofrecido sólo a Dios Padre, y su valor es infinito y el mismo, haya fieles o no, comulguen o no. Pero vamos, que el tema de la entrada es la posición del sagrario, con Nuestro Señor dentro de forma permanente, en el templo; con Misa o sin Misa. En cuanto a la duplicación del gesto reverencial ante un altar, mesa o ante Nuestro Señor, no se duplica, y no sé cómo lo compara siquiera: ante Nuestro Señor, presente físicamente en Cuerpo, Sangre, Alma y Divinidad en el sagrario, uno debe hacer genuflexión; ante un altar no; y no digamos si se trata de una mesa -como ocurre, desgraciadamente, en muchos templos tras los años 70 del siglo XX-. Quizás se refiera a estas mesas, sustitutas de los altares, cuando habla de «paleoreclamaciones».

  5. Felicito a este obispo, pero me parece que sería más lógico que esa medida fuese acompañada de la supresión del indulto respecto a la recepción de la Comunión en la mano y la supresión de los llamados ministros extraordinario de la Eucaristía, que han acabado convirtiéndose en ministros ordinarios y que merman el respeto y reverencia al Señor así como la fe de los fieles al ver que seglares tocan y distribuyen al mismo Dios sacramentado.

  6. Lo más lógico es que el Señor Sacramentado fuese colocado en el lugar más céntrico, visible y digno del templo. Entre otras cosas porque la Santa Misa ocupa un espacio de tiempo muy corto en relación con el resto del día en el que el Señor está siempre en el sagrario. Desplazar al Señor para que el sacerdote ocupe el centro es, en mi opinión, un error. Desgraciadamente, el cambio de orientación del sacerdote en la celebración de la Santa Misa ocasiona muchas distorsiones, una de ellas es la ubicación de la reserva del Santísimo, otra, la colocación en el centro del altar de un crucifijo que sea visible tanto por el celebrante como por los fieles. Son de esas cosas que nos trajo la reforma litúrgica tras el último concilio y que, como la eliminación de los comulgatorios o la supresión del latín, han causado estragos en la vida de fe de muchos. Lex orandi, lex credendi.

  7. Perded toda esperanza. Al menos durante una buena temporada. Agua pasada no mueve Morlino, que dicen muchos intelectuales de esa cosa llamada teosofía interreligiosa. Es que son incompatibles la FE Católica y todas las religiones igualmente dignas, o ea salvadoras. Hasta esa afirmación disparatada se ha llegado por birretistas purpurados.
    Dichosas las diócesis con obispo solamente católico sin pasarse a otras creencias secularistas desacralizadas.¡Pero quién se atreve a señalarse en las circunstancias presentes en que se han de andar con pies de plomo para no contradecir la heteropraxis imperante?

  8. Hay otras formas de verlo. Por ejemplo, la vieja costumbre de la columba eucarística, donde se reservaba al Santísimo para el viático de enfermos graves, al menos hasta el siglo X. Después la polémica sobre la Presencia real desplazó la Reserva al exterior de la sacristía, instalándose en una nave lateral del templo, donde era accesible para la Comunión y también para la adoración, en recogimiento y silencio, fuera del ámbito más amplio del resto del templo. Lo nuclear de la actividad en el templo es la celebración de la Eucaristía, la Cena, la MIsa; no está la misa para el Sagrario, sino para la comunión, y eso no parece discutible. Otra cosa es la consecuencia de la Presencia real y la adoración que de ello se deriva. Por otra parte se produce una confusión litúrgica cuando el sacerdote inicia y concluye la misa en un templo en el que se encuentran en lugar central el altar, venerado como imagen de Jesucristo y así reverenciado y mesa donde se ofrece el Sacrificio, y el sagrario, de modo que el gesto reverencial se duplica innecesariamente, anulando su valor simbólico. Cuando acudo a un templo lo primero que busco es la capilla del Santísimo, para saludar y encomendarme, y luego veo tranquilamente el resto; en Leyre, la primera visita es siempre para la capilla del Santísimo y la segunda para el arqueta de los reyes navarros, para luego revisitar, paseando pausadamente, el templo. Allí la misa monástica tiene perfectamente establecida la diferencia entre altar y presbiterio y capilla (vieja sala capitular) del Santísima. Y la liturgia, que no es hieratismo ni anquilosamiento mistagógico, se desarrolla con solemnidad y dignidad absoluta, sin estridencias ni paleoreclamaciones. En algún oratorio privado de hermanas paulas, en un pisito, he adorado al Santísimo en Reserva; allí no se celebra la misa y por eso el pequeño sagrario (una hermosa caja de cerámica vidriada con esmaltes y racú, dorada en el interior) es el centro de la casa para adoración y oración. Pero esa casa no es un templo parroquial. El centro de la liturgia parroquial es la misa, no el sagrario, y sobre esta base pueden hacerse aplicaciones diversas y opinables siempre que no se manipule ni el Sagrario ni el altar para enfatizar algún personal criterio.

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