
Como su catedral. No podía llamarse de otro modo la catedral de ese obispo: la magistral. Tiene otra y todavía más gloriosa si cabe, Su catedral de los Mártires. El nombre se lo puso él. Y cuando celebra en ella parece como si se encontrara en la antesala del cielo. Que verdaderamente lo fue en el más exacto sentido de la palabra.
Pues este obispo que todo lo hace bien, qué antesala del cielo sería España si en todos sus diócesis hubiera un obispo como Reig, hasta de bagatelas saca genialidades. La maravillosa carta a los Reyes Magos de los niños que siempre recordaremos pese a los muchísimos años ya sin ilusiones y pobres los niños que no han tenido carta y cabrones los padres que se la negaron, el obispo de Alcalá la ha resucitado también para los mayores. Hasta para los más hundidos en los que parece ya muerta la esperanza. Y en la que los juguetes son mucho más importantes que el tren, la pistola o la muñeca. La salud propia o de alguien muy querido, el trabajo perdido que permitía alimentar a la familia, el amor que se fue, en el marido, la mujer, los padres, los hijos, la Iglesia, la Patria, un amigo que sufre…
¿Escribir una carta a los Magos por todas esas sangrantes necesidades? ¿Estaremos ante un engañabobos? A Reig no se le suelen ocurrir memeces sin sentido. Y esas cartas, que pienso que algún valor ya tienen en sí mismas, se llevan después a conventos de clausura para que las religiosas recen a Dios por sus contenidos. Con lo que ganas me entran de viajar a Alcalá con mi carta.