El ecologismo en su verdadero lugar

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LA ECOLOGÍA ¿UNA NUEVA RELIGIÓN?
Hace ya muchos años un matrimonio, entonces amigo, estuvo casi un mes en
“San Joaquín” el lugar terrestre que me ensancha el corazón, con dos hijos adoptivos.
Un día decidieron ir a cazar suscitándose una interesante discusión entre niños y niñas
de unos diez años. Uno de los invitados: -nosotros vamos a tirar y ustedes no, porque la
escopeta es de mi papá. Pero una sobrina “La Galletera” respondió rápida: -Pero el
campo es de Mecha (mi mujer). – Pero los animales silvestres son comunes, refutó
rápido el pichón de leguleyo a la vez que me preguntaba: Y vos -¿no venís a cazar? No,
le contesté, -porque soy ecológico, extraña palabra en esos días.
Volvieron con una liebre que un par de días después, un excelente peón el Negro
Olivera, la cuereó y al limpiarla salieron cinco o seis liebrecitas muertas. Se las mostré
mientras le decía: por esto soy ecológico; en esta época no se puede cazar, porque las
liebres se reproducen. Una sana ecología; el respeto al embarazo de las liebres debe
conducir a fortiori al respeto por el embarazo de las mujeres.
Un gran amigo, Patricio Randle, organizó hace años un simposio acerca de “La
conservación”. Comenzaba con la conservación de los suelos y concluía con la
conservación de la fe. Recordamos algunos temas y participantes: La conservación de
los suelos, Ing. Agrónomo Luis Agustín Barberis, medalla de oro de la UBA, mi
compadre y amigo en el tiempo y en la eternidad; La conservación de la fauna, Dr. José
María Gallardo, mi antiguo profesor en el Colegio de los Maristas; La conservación del
material energético, Ing. Jorge Scalabrini Ortiz, hijo del famoso Raúl Scalabrini Ortiz,
autor del “Hombre que está solo y espera”; “La conservación de la hispanidad” Dr.
Roberto Marfany, uno de nuestros mejores historiadores; “Tradición, revolución,
conservación”, Dr. Albero Caturelli, uno de los grandes filósofos argentinos del siglo
XX y “La conservación de la fe”, Mons. Héctor Aguer, arzobispo emérito de La Plata y
conocido por los lectores de este blog.
En el medio de tantos personajes aparece mi trabajo “La conservación de las
instituciones naturales o el ecologismo integral”, reproducido en dos entregas y muy
bien ilustrado por Ideas/Imágenes, suplemento cultural del diario “La Nueva Provincia”,
de Bahía Blanca, abril de 1982.
En mi aporte valoramos la inquietud de muchos por el cuidado de la naturaleza
física, porque Dios crea al hombre y lo ubica en el jardín del edén para cuidarlo y
labrarlo, no para destruirlo. Marcel de Corte denuncia el violento divorcio producido
por la prepotencia e irresponsabilidad humana: “El hombre no abraza más a la
naturaleza como el amante a su bien amada, la viola como a una desconocida; no la
fecunda, la esteriliza”.
Por eso, el hombre debe dejar de ser el pirata que agrede a la naturaleza física y
volver a ser jardinero, custodio, cuidador de ella, pero advirtiendo que a la vez debe
ajustarse a la ley natural moral y fortalecer las instituciones básicas, el matrimonio, la
familia, el municipio, los grupos profesionales y el Estado, que debe volver a ser una
persona de bien y no el gran corruptor de los hombres.
Años después, en 1993, retomé el tema en Mendoza, en el congreso “Ecología y
Filosofía”; mi intervención lleva por título: “Ecosofía: la morada del hombre” y un
​capitel con frase de Saint-Exupéry: “Oh, ciudadela, mi morada, te salvaré de los
proyectos de la arena y te ornaré de clarines a tu alrededor para sonar contra los
bárbaros”.
En el mismo denuncié la degradación creciente de la morada física del hombre y
citando al teólogo ruso Bulgakoff asumí el término “vampirización” de la naturaleza,
con la Ciudad de Santa María de los Buenos Aires, como muestra, ya que en ella y sus
suburbios hemos logrado alterar los cuatro elementos naturales: el agua, el aire, la tierra
y el fuego.
En la esfera institucional hablé de la familia como morada, de los grupos
infrapolíticos, en especial aquellos a los que se refiere Tomás Casares cuando alude a
estructuras sociales “preconstituidas por la naturaleza de las cosas”, del pluralismo
social y ese contexto del Estado y de su papel fundamental, el servicio a las personas,
las familias y los otros grupos infrapolíticos y la Nación.
Finalmente, en el 2006, año en el cual fui jubilado en la Universidad Católica,
como tantos otros profesores por haber cometido un pecado nuevo, cumplir 65 años y
no morirme, sentencia ejecutada por un discípulo de Jacques Attali y su hombre caníbal,
el rector caníbal Mon Zecca con dos trepadores ejecutivos llamados Limodio y Herrera.
Como despedida me ocupé de la “cuestión ambiental” y los temas claves fueron la
ecología en la Biblia, el Génesis nos proporciona el gran criterio con el cual encarar la
cuestión, una nueva religión secular, San Francisco de Asís ¿contra Santo Tomás de
Aquino y el medioevo?, un mundo sin animales.
Por suerte, “La cuestión ambiental” fue publicada en la revista Verbo n° 453-454
marzo-abril de 2007. En estas clases critico los desvaríos de un compatriota Daniel
Brailovsky quien inventa una discrepancia entre San Francisco de Asís y Santo Tomás
de Aquino, la cual solo existe en su cerebro; pero, además recurre al Talmud que según
él afirma: “los animales fueron creados antes que el hombre, son sus mayores”. Pobres
cristianos, ahora ternemos otros hermanos mayores, además de los judíos.
Pero no desprecio a los animales, sino que los estimo y mucho, aunque no a
todos. Por eso gozo con libro del escritor judío Amos Oz “De un trazo en la espesura del
bosque”, fábula en la cual Dios castiga los pecados de un pueblo dejándolo sin
animales. En él el silencio es total. No se escucha un mugido, un rebuzno, el canto de
los pájaros que anuncian la primavera. No conocen los animales más que por los
cuentos y dibujos de la maestra o por la pequeña estatua recortada en el leño de un viejo
pescador. El pueblo vive sumergido en la tristeza. Pero queda la esperanza, ya que Dios
no abandona al pueblo y un día retornará Él y junto con esas criaturas, volverán el amor
y la alegría.
Todo lo expuesto prueba mi permanente inquietud por el tema; pero lo más
grave es que el ecologismo hoy para muchos se transforma en una nueva religión
secular que sacraliza a la naturaleza y así océanos, ríos, bosques tropicales, tierras
pantanosas, montañas, elefantes, ballenas y rinocerontes blancos, murciélagos y garzas
pueden ser objetos de culto.
En estos tiempos de lobbies el ecologismo se hace poderoso y cuenta con Greenpeace,
los Amigos de la Tierra, el Club de Roma y otros. Para muchos, como
escribe Paul Johnson “es una forma de religión. Sus seguidores muestran todos los
signos del fervor religioso… adoptan una nueva forma de panteísmo… Se consideran
​estrictamente razonables y científicos al exponer sus visiones apocalípticas acerca de la
tierra devastada por el efecto invernadero, la lluvia ácida y el calentamiento del globo…
Pero en realidad, no son más sensatos que los antiguos israelitas, quienes, mientras
Moisés estaba en la montaña comunicándose con el verdadero Dios, hacían un becerro
de oro y danzaban alrededor de él” (En busca de Dios, Vergara, Buenos Aires, 1996,
págs. 95/96).
¿Qué pensará de todo esto nuestro papa Francisco? Acá en la Argentina, el
gobernador de Jujuy, inhabilitado para casarse por la Iglesia y por el Estado, ya optó
unirse con su actual pareja ante la Pachamama, nuevo ídolo, que también anduvo por los
jardines vaticanos.
Bernardino Montejano
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