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El desastre de la Compañía de Jesús visto por un gran jesuita

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Lo refiere Magister:

https://infovaticana.com/blogs/sandro-magister/la-compania-de-jesus-a-la-deriva-la-acusacion-de-un-gran-jesuita/

Hasta hace unos años eran bastantes los que veían la tragedia. Hoy apenas debe quedar alguno.

Ya no hay grandes jesuitas ni santos jesuitas. Han acabado con todo. Hoy sólo es vulgaridad. Y la figura más conocida por la gente un propagandista de la homosexualidad.

11 comentarios en “El desastre de la Compañía de Jesús visto por un gran jesuita
  1. Mira que yo tengo la casa natal de San Ignacio de Loyola a un paso, y he estado allí varias veces de hecho.

    Siempre me ha intrigado la Compañía de Jesús; he conocido a varios jesuitas y se puede decir que tienen un “toque” atípico, como queriendo ir un pasito por delante en la Iglesia, como infantería de élite, tratando de dar una respuesta intelectual a todo en la vida; que no es cosa mala, pero tiene sus serios peligros también.

    De hecho un jesuita, difunto ya, era el de los panfletos de eta (ya os comenté en su día, el caso) en tiempos de Franco; marchó al exilio saliendo en el maletero de un coche, en su día.

    Me da que un riesgo de ésto, y de uno en la vida también, es darle demasiadas vueltas a las cosas, querer ir siempre hasta por delante del Señor (por h o por b), dejar de lado la oración y la acción de Dios en la propia vida, y terminar cuestionándose el por qué madrugan los panaderos; al final perderse en batallas que no llevan a ningún sitio, y que puede que no sean del Señor.

    Me da que obedecer (a la Iglesia y su tradición), aún no entendiendo a veces, es camino muy sensato y que da sus frutos siempre (doy fe de ésto también aplicándolo en casa con mi mujer, por cierto ^^).

    Y como, de un tiempo a esta parte, el bienestar general diluye la inquietud intelectual religiosa y adormila a las gentes y a los jóvenes (ya que todo es muy ‘light’, en nuestra sociedad), pues no es cosa que suscite vocaciones hoy día, yo creo.
    Y sospecho que siempre las ha suscitado más la necedad de la predicación (un Dios redentor de todos en la Cruz); pero éso ya es otra historia.

  2. Y va el cafre de Spadaro y lo alaba, seguro que no se lo ha leído. Se podría ver reflejado, el, Sosa y un largo etc. De ser la Congregación de punta de lanza de la Iglesia a ser caricatura de ruina, llena de viejos, descreídos de todo, sin apenas Fe y llenos de novedades que no conducen a nada más que a extinguirse. Y lo que es peor donde el mariconismo parece haberse introducido con pasión

  3. La foto que ilustra la presente entrada es la mejor definición de lo que representa hoy el arrupismo: la traición al santo fundador de los jesuitas y a las enseñanzas de Jesucristo. Afortunadamente, DE DIOS NADIE SE BURLA.

  4. En el pontificado de Pablo VI hubo una serie de jesuitas que basados en la deriva secular neopelagiana implantada por el arrupismo quisieron apartarse de la apuesta fatal desacralizadora porque por esa vía de Arrupe justicialista, ahora beatificable, la Compaía de Jesús dejría de ser Orden Sacerdotal.
    ¿ “el Concilio Vaticano II no podía desviarse de la doctrina tradicional de la Iglesia”?, pues ya se ha visto que sí podía y además eso lo podía ver cualquiera, incluso este servidor de ustedes, todos los que fuimos testigos de las prédicas homiléticas, catequesis “del compromiso histórico”, educación sexual en colegios “católicos” con el pase de la película Helga consistente en laxitud moral, Teología Católica pasada a interconfesional en lugar de Teología comparada en todo caso porque no podíamos ni debemos discrepar de hermanos mayores y hermanos separados guardando nuestros dogmas de La Fe Católica en el trastero y seguir adelante colaborando, conviviendo con ellos en lo que se dice que nos une y olvidando lo que nos separa.
    ¿Hubiera sido posible sin Vaticano II profuso, difuso y confuso aunque no contenga herejía formal, pero sí suficientes ambivalencias y aperturas para dar lugar a este descalabro actual manifiesto?. ¿Elevar a valor de constitución las Declaciones Dignitatis humanae , Nostra Aaetate y Gravissimum educationis?
    Ya entonces los simples fieles experimentamos el cambiazo porque la Liturgia Sacramental se quedaba vacía del contenido sacralizante de la teología de la economía de La Gracia santificada. Y muchos sacerdotes se sintieron defraudados como es el caso de los jesuitas ignacianos fieles que se resistieron al arrupismo y solicitaron a Pablo VI poder seguir siendo jesuitas ignacianos en comunidades aparte desvinculados de los arrupitas y que cuando estaba dispuesto a concederlo encomendó Arrupe a Cirarda, luego arzobispo de Pamplona, una gestión personal para disuadir a Pablo VI de la autorización valiéndose de la amistad con el papa Montini desde los días en que Cirarda se había desempeñado como portavoz del episcopado de habla hispana.
    Por contra, ¿este horrible desbarajuste desacralizador hubiera podido tener lugar antes del Vativano II en La Religión Católica que al presente se empeñan en amalgamar en la interconfesionalidad ecuménica y por lo mismo profana?
    ¿Hubiera sido posible que los pugnaces Azagra y Osés llegaran al Episcopado y que Cirarda fuera cómplice y protector de quienes resquebrajaron hasta el descrédito el Sacramento de la Confesión con el sucedaneo de las Penitencias Comunitarias, por hablar solamente de Pamplona tierra otrora de un catolicismo recio e indubitable, ahora un semi erial, y que Cirada privara de sus derechos de ejercer su sacerdocio y dignidades a quien se opuso a semejante despropósito?
    El llamdo Espíritu del Concilio nos ha traido hasta aquí y más que originará con el sinodalismo asambleario de las iglesia patrioticas autocéfalas cuyo primer brote rojo de sangre martirial ha sido el cambiazo en China de la Religión Católica a religiosidad patriótica secular hasta con nombramiento de obispo patriótico en diócesis en que era el titular un obispo católico que ha tenido que obedecer quedando de auxiliar.
    Un auténtico tremendismo por donde quiera que se mire.

  5. En 1971, Rafael M. Pericás, jesuita visionario, fiel y valiente defensor del legado de San Ignacio de Loyola, en su magnífica obra “Enraizados en el Amor” advertía acerca de “la multitud de desviaciones que han seducido a muchas almas incautas”. Respecto de dichas desviaciones, afirmaba que el mayor daño que causan: “interfieren en el camino hacia Dios, hacia la santidad”.

    Escribió dicho libro persuadido ―al contrario que los arrupitas de hoy, quienes, contumaces, se dan gustos y satisfacciones contra el querer de Dios y contra el bien del prójimo al que buscan confundir y enemistar mediante añagazas― de que “la mejor corrección del error es la explicación sencilla, razonada y coordinada de la Verdad”.

    El P. Pericás nos recuerda que tanto el papa Juan XXIII como Pablo VI han dicho que “el Concilio Vaticano II no podía desviarse de la doctrina tradicional de la Iglesia”, haciendo referencia al “cúmulo de hechos e ideas recogidos en la Sagrada Escritura, en los escritos de los Padres y en el Magisterio ordinario”. Y que frente a ello había extremistas quienes, aprovechando abusivamente la consigna de renovación querían “hacer borrón y cuenta nueva”, tergiversando las ideas surgidas de dicho Concilio.

    Y es que ahora nos damos cuenta de sus acertadas y proféticas palabras, pues entre quienes forjaron el arrupismo abundan los que dicen tener el monopolio de la verdad y del del criterio recto.

    Estos falsos profetas o falsos mesías derriban todo lo construido a lo largo de los siglos, pretendiendo construir un cristianismo totalmente nuevo poniéndose, de un solo salto, por encima de todos los grandes filósofos, teólogos, santos y de la jerarquía cuando ésta no fue de su agrado. Soberbios, los arrupitas consideran que la Iglesia debe seguir sus ideas desnortadas porque “en tiempos de Jesucristo no había grabadoras”.

    ¿Qué se puede esperar de quienes han abandonado la práctica de la oración retirada y prolongada y hasta la contemplación infusa? Someter la voluntad de las almas más vulnerables mediante la imposición de la práctica de piedades soporíferas y del terrorismo espiritual para impedirles encontrar el clima de paz del alma, de la fe, de la confianza y del Amor…

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