El arzobispo de Buenos Aires, pícaro

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Quién es Jorge García Cuerva, el nuevo arzobispo de Buenos Aires - GRUPO  DERF

INCULTURA Y HEREJÍA DE NUESTRO ARZOBISPO

Existe una buena dosis de incultura y herejía en toda una generación de seguidores del papa argentino: Fernández, Mestre, García Cuerva.

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Hoy lamento tener que ocuparme de mi arzobispo al leer en “La Nación”, la siguiente nota: La Iglesia pide “no caer en la trampa de las promesas incumplidas. El título me entusiasmó porque recordé una bienaventuranza del cardenal van Thuan: “bienaventurado el político que cumple con sus promesas electorales”.

Pero, al terminar la lectura se apoderó de mí la némesis, la justa indignación aristotélica, porque García Cuerva señala que, frente a una trampa, uno puede tomar dos actitudes. Victimizarnos y decir “pobre de mí, fui víctima de este plan para engañarme. O enojarme y el que se enoja, pierde”.

Después comienzan las barbaridades referidas a un pasaje evangélico, porque ante la posibilidad de ser víctima de una trampa, Jesús trata de ser inteligente”.

Nuestro arzobispo se refiere a Dios, a la Segunda Persona de la Santísima Trinidad, como si fuera un mero hombre, que trata de ser inteligente. Herejía manifiesta. Confusión máxima.

Dios es; en el Antiguo Testamento se presenta: “Soy el que soy”. No puede “tratar de ser” herejía manifiesta con sabor al dios de Teilhard, “el viejo logos de los estoicos vestido de cosmonauta” al decir de mi amigo Philipe-André Vincent O.P.

Nadie le enseñó que Dios vive en un eterno presente y que conoce los futuros contingentes (Ver Suma Teológica, 1, q. 14. a 13)

Continúa el prelado: “trata de responder con astucia, con viveza, con esa viveza criolla que no está mal tenerla y que deberíamos desarrollar un poco más para no pasar por tontos”. ¿Dónde habrá estudiado este personaje? Nadie le enseñó que la astucia es un vicio y que la virtud se llama sagacidad, la solertia, en el derogado y perseguido latín.

Nadie le enseñó que la astucia camina para conseguir un fin bueno o malo por vías fingidas o aparentes (Suma Teológica, 2-2 q. 55 a. 3).

Por último, ¿cómo puede promover la “viveza criolla” como si fuera un émulo del Viejo Vizcacha del Martín Fierro, esa viveza por la cual tenemos mala fama muchas veces los argentinos?

En su libro “La fe de Martín Fierro”, el P. Francisco Compañy, sacerdote cordobés, nos habla de dos morales contrapuestas encarnadas en los consejos de Fierro y Vizcacha, como surge del verso 6990:

“Nace el hombre con la astucia

Que ha de servirle de guía,

Sin ella sucumbiría

Pero según mi experiencia,

Se vuelve en unos, prudencia

Y en los otros, picardía”.

Fierro profesa “la moral de la prudencia” y Vizcacha, “la moral de la picardía”. García Cuerva mi pastor, al preconizar y recomendar la “viveza criolla” profesa la “moral de la Picardía”; prefiero quedarme con el vino añejo y profesar con Fierro la moral de la Prudencia. Un abismo nos separa.

Bernardino Montejano

Comentarios
3 comentarios en “El arzobispo de Buenos Aires, pícaro
  1. Al menos no se ha llevado el capelo. Dado que los electores no serán ciento veinte hasta muy avanzado el 2024, tendrá que esperar.

  2. Vaya bobada de artículo. Jesús recomienda ser astuto y él mismo se muestra así cuando quiere: por ejemplo, cuando le presentan a la mujer pillada en flagrante adulterio y quieren lapidarla. Que este arzobispo recomiende actuar con viveza (criolla o del tipo que sea) no tiene por qué poner en cuestión la divinidad de Jesucristo.

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