Parece claro que Ariza no quiere levantar la liebre, fea liebre, sino que el animal desaparezca. Pero eso sólo lo puede hacer el arzobispo. Motu propio u obligado. Y si no hace nada hasta podrían ser dos las libres que cayeran de un disparo.
Ante una denuncia muy seria y muy grave creo que sería de elemental prudencia por parte del arzobispo ponerse en comunicación con el denunciante y enterarse bien de la denuncia. Y luego actuar en consecuencia si los hechos denunciados fueran ciertos o comunicar a quien se los ha expuesto que se trata de una infamia sin fundamento alguno. Que todo podría ser. Pero después de una indagación seria y sin prejuicios.
Lo que no puede ser es llamarse a andana o querer matar al mensajero si el mensaje fuera cierto. Asquerosamente cierto.
Ya está bien de escándalos en nuestra Iglesia española. Querer ocultarlos es una pésima decisión que termina explotando en las narices del encubridor.
Ese repugnante asunto tiene que aclararse. Sí o sí. Y se va a aclarar. Lo bueno sería que el aclarador, en el sentido que sea, fuera el arzobispo. Y sin demoras. No vaya a resultar que el aclarado sea él.
http://infovaticana.com/2016/09/14/senor-arzobispo-la-carta-se-la-mando-le-parece-este-medio/
http://infovaticana.com/2016/09/16/senor-arzobispo-preocupacion-saber-quien-me-lo-ha-contado/
Me parece absolutamente evangélica la actuación de Ariza. Primero comunicárselo al interesado discretamente. Después ya se verá. Y Dios quiera que no tengamos que ver un nuevo escándalo.
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