Con China al fondo

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China mapamundi - Mapa político y administrativo para imprimir
Buenos cristianos y buenos ciudadanos
Francisco ha pedido desde Mongolia a los católicos chinos que sean “buenos cristianos y
buenos ciudadanos”.
“Es la misma la virtud del hombre y la del ciudadano en la ciudad mejor” (libro tercero, XII)
Solo en el gobierno de los mejores “la misma persona es varón bueno y buen ciudadano en
términos absolutos” Aristóteles, Política Libro Cuarto, V)
En estos días el Sumo Pontífice ha visitado Mongolia mirando a China y desde aquel
país ha pedido a los católicos chinos que sean “buenos cristianos y buenos ciudadanos”.
Pero hoy ¿es posible ser buen ciudadano bajo la tiranía del Partido Comunista? O
acaso sin ninguna ambigüedad ha escrito Pío XI que el comunismo es “intrínsecamente
perverso” y que es inadmisible “que colaboren con el comunismo en terreno alguno los que
quieran salvar de la ruina la civilización cristiana (Divini Redemptoris, 60)
.
“Dad al César lo que es del César” ordenó Cristo y San Pedro en su primera epístola lo
precisa: “Sed sumisos a causa del Señor a … los gobernantes como enviados por él para castigo
de los que obran mal y alabanza de los que obran el bien”.
El gobernante, a quien San Pablo llama “ministro de Dos para el bien”, puede obrar
mal y su injusticia afectar a un bien humano, en cuyo caso, como esa norma no obliga en
conciencia, se podrá cumplir o no; pero cuando afecta a un bien divino, como obligar al culto a
los ídolos, el cristiano debe desobedecerla siempre, pues debe obedecer a Dios antes que a los
hombres (Hechos de los Apóstoles, 4,19). Grandes ejemplos son los mártires de todos los
tiempos.
En nuestros días el nuevo ídolo se llama “Partido Comunista Chino” y ante él se
arrodillan los nuevos obispos de la “Iglesia patriótica” confirmados por el Vaticano, mientras se
derriban cruces y se destruyen las iglesias de la Iglesia clandestina y se premia a quienes
delatan a sus fieles.
Pero los chinos tienen fuerzas nativas que arrancan de una antigua tradición anterior al
cristianismo legada por Confucio (551-479 a.C.) Esa tradición persiste hoy y la tiranía infame
que detenta el poder en China, intenta servirse de ella y adulterarla. Pero es imposible pues los
hechos tiránicos que destrozan a la familia y la herencia cultural prueban la antítesis.
Como escribe un añorado amigo español Francisco Elías de Tejada: “Confucio encarna
en China la sabiduría que constituye el origen de todos los saberes, el origen y el trasfondo de
la vida tal como los chinos la conciben” (Tratado de filosofía de derecho, T. II, p. 230,
Universidad de Sevilla, 1977).
Confucio no fundó una religión como sostienen muchos ignorantes, sino “una filosofía
práctica del orden social” orden que comienza con el interior de la persona, su cultivo
mediante una educación que procure, en palabras de Odile Kaltenmarkn” salvar la tradición
vivificándola”.
No quiero extenderme, pero hace años que estudio el pensamiento del gran maestro
chino; solo quiero recomendar el libro de las memorias de Pierre-Celestin Lou Tseng-Tsiang,
que fue primer ministro y canciller de China y murió siendo abad benedictino en Saint-André
de Bruges, que tiene un sugestivo subtítulo: “Les chemins de Confucius a la renconte du Christ».
Bernardino Monbejano
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