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El cardenal Barbarin libre de culpa en la acusación de encubrimiento de pederastas

Comentarios
3 comentarios en “El cardenal Barbarin libre de culpa en la acusación de encubrimiento de pederastas
  1. Aguarda: ¿El Cardenal Sarah llamó a Dios Madre?
    Fray Jordan Zajac OP
    13 de Julio de 2017
     

    ¿Cómo puede alguien pensar que el amor de Dios es menos maternal que el amor de una madre, cuando todo el amor de las madres … es sólo una gota en el océano de la ternura maternal de Dios?

    – Robert Cardenal Sarah: El Poder del Silencio

    En las últimas semanas, el bestseller número 1 entre los títulos católicos ha sido el libro del Cardenal Sarah » El poder del silencio:» Contra la dictadura del ruido.
    Se trata del seguimiento de Dios o de la Nada, una obra digna de una lectura lenta y orante.
    De hecho, muchas personas lo están leyendo, lo que significa que algunos pueden confundirse o malinterpretar la cita anterior. Después de todo, Dios es nuestro Padre, ¿verdad? Este pasaje del Cardenal Sarah nos ofrece una oportunidad para pensar acerca de cómo hablamos de Dios y porqué las formas en que lo nombramos son importantes.

    En el contexto del libro el Cardenal Sarah apela a la imagen de la ternura maternal divina al debatir el aparente silencio de Dios frente al mal humano. Lejos de no preocuparse, Dios es en realidad «la primera víctima» del mal, dice el Cardenal Sarah, en el sentido de que el mal existe porque Su amor es rechazado. Y continúa,

    ¿Cómo puede Dios ser golpeado por el mal? Imagina una madre con su hijo enfermo. Puede sufrir por su hijo a través del amor y la identificación. Una madre completamente sana puede experimentar la agonía de su hijo más dolorosamente que el niño, debido a la identificación del amor con el amado. Su amor es capaz de esto.
    ¿Cómo puede alguien pensar que el amor de Dios es menos maternal que el amor de una madre, cuando todo el amor de las madres, incluido el de la Santísima Virgen María, es sólo una gota en el océano de la ternura maternal de Dios? Ésta es la razón por la cual ninguna criatura es golpeada sin que Dios sea golpeado en ella, antes de ella, y por ella. (Págs. 147-48)

    El Cardenal Sarah basa esta hermosa apreciación en la Escritura, citando a Isaías, 49, 15-17. Entonces, ¿cómo conciliamos el uso de una imagen del Antiguo Testamento sobre la maternidad divina con, digamos, la revelación que hace Jesús de la primera Persona de la Trinidad como el «Padre»?

    Parece una señal de la generosidad de Dios darnos diferentes maneras de pensar sobre Él, concebirlo y nombrarlo.
    Pero, como observa Santo Tomás de Aquino, «todo lo que sabemos de Dios lo nombramos según el conocimiento que tenemos de Él.» (ST, I, q. 13, Prólogo). Eso significa que cualquier nombre que apliquemos a Dios debe reflejar con precisión nuestro conocimiento de Él.
    Por esta razón, cuando se trata de llamarlo «Padre,» en contraposición a «madre» (tomando la imagen de «ternura maternal» para significar que podríamos llamar a Dios nuestra madre), necesitamos distinguir entre el Nombre personal revelado por Dios mismo y un mero discurso metafórico. Ambos son verdaderos enunciados de Dios, pero en diferentes aspectos.

    Comencemos con los Nombres personales divinamente revelados: Llamar a las dos primeras personas de la Trinidad «Padre» e «Hijo», y usar el neutro en griego -to Pneûma to Hagion- para designar al Espíritu Santo, no es el esfuerzo de la Iglesia por aferrarse a una opresiva hegemonía patriarcal.
    Más bien, usar estos Nombres es aceptar a Dios en sus propios términos, para hablar Su lenguaje. Como subraya Su Excelencia, el Arzobispo Augustine Di Noia OP, Secretario de la CDF, los nombres «Padre,» «Hijo» y «Espíritu Santo» son «autodescripciones no sustituibles de las Tres Personas de la Trinidad Beatísima.» Éstos son los Nombres que Dios ha escogido para ser conocido. Haríamos bien en honrar esta preferencia.

    Hablar de la primera Persona de la Trinidad como madre, sería además, una expresión literal, inexacta y confusa. Sin embargo, apelar a la «ternura maternal» de Dios es un concepto metafórico aceptable, una figura retórica de la que el Señor mismo nos provee en las palabras inspiradas de la Escritura ( junto con otras metáforas, tales como León de Judá, Guerrero, Roca).
    No se trata de que los Nombres personales divinamente revelados sean verdaderos y nuestro discurso metafórico sobre Dios no lo sea, ni tampoco de que los dos términos sean verdaderos en el mismo sentido.
    Las metáforas están basadas ​​en nuestra experiencia como criaturas. Dios supera nuestra experiencia.
    Por esto cuando atribuimos la ternura maternal a Dios, queremos decir que Dios opera tan amorosamente en Sus obras como lo haría una madre con sus hijos, aunque las obras del Creador sean de un orden infinitamente más alto que las de la criatura.

    En su discusión sobre la naturaleza del mal el cardenal Sarah apela al modo en que el tierno afecto de una madre es una participación y un reflejo del amor de Dios para con nosotros. No porque Dios sea nuestra madre, sino porque Él es Nuestro Dios.

  2. ¡Vaya! Ví que le imputaban por esto en El País, Público… Creo que hasta en El Mundo o El Español. Pero por ahora no he visto que le han absuelto en ninguno de estos medios. ¡Qué cosas!

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