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A Bedoya le traiciona el fotógrafo

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vallecas

Juan G. Bedoya, responsable de la información religiosa de El País, era dentro de su línea, que no ocultaba, d lo más honesto y presentable. Me da la impresión de que últimamente se está radicalizando por motivos que ignoro. Aunque todavía dentro de parámetros no explosivos.

En Vallecas, que era el símbolo del ultraprogresismo diocesano con el “obispo rojo”, Iniesta, como icono, y con Entrevías como puerta de entrada a un barrio “referencia”, alguien pretende reucitar lo que gracias a Dios se ha muerto hace ya algunos años.

De Iniesta recuerdan unos años eclesialmente tristes y ocultan que le llevaron a una depresión que requirió largo tratamiento y que cuando se recuperó, ya en silla de ruedas, fue un permanente testimonio de oración y adoración con olvido absoluto de protagonismos anteriores. Y Entrevías hoy ya no es nada en la archidiócesis madrileña. Un espectáculo sin el menor interés, absolutamente minoritario, que si llega a los medios, ya muy poco, es por su extravagancia católica y como pretexto sin valor para combatir a la Iglesia. Pienso que ni Josito ni el obispo Cobo, caso de que les tuvieran alguna simpatía, se atreven a manifestarla.

Pues en esa decadencia agonizante del progresismo madrileño alguien quiso servirse de lo ya inexistente para intentar resucitar lo que fue aquello. E intentaron vendernos los católicos vallecanos se había levantad como un solo hombre, perdón, como un solo hombre y una sola mujer, contra un vicario territorial y unos nuevos curas que traicionaban miserablemente los cordiales y profundos sentimientos de los fieles. Bedoya se apuntó a eso desde las importantes páginas de El País. Con lo que seguramente algunos lectores, porque la mayoría de los del periódico pienso que se saltan la información religiosa, fueron inducidos a engaño.

Porque el vicario de zona y los nuevos párrocos no tienen el menor problema. Ni hay problema. Los desesperados en su nulidad han intentado levantar uno inexistente. Y Bedoya se apuntó a respaldarles. Nada menos que desde El País. Que sigue siendo todavía, pese a precipitarse, el diario de mayor tirada de España.

Pero al periodista le traicionan los fotógrafos. Él era el eco, con resonancia, de aquellos Congresos de la Juan XXIII que invariablemente reunían, año tras año, a mil asistentes. Lo que era un verdadero milagro pues dada la edad de la mayoría tenían que tener, milagrosamente, muchos relevos juveniles. Pues el milagro no existía. Todo era un camelo. Un año, Bedoya publicó la fotografía del encuentro y serían unos doscientos ancianos. Y aquella mentira sostenida se murió en los medios. Hoy se celebra sin que a nadie le importe ni le haga eco.

Pues con esa reacción de fieles vallecanos, todos o casi, contra el arzobispo, su vicario y los párrocos que nombraron parecería que el barrio, progresista hasta la médula, reaccionaba contra la dictadura arzobispal poniéndose en pie de guerra.

https://elpais.com/ccaa/2018/12/22/madrid/1545504858_814021.html

Luego leías la noticia y… menos lobos, Caperucita. Sólo varios centenares de vallecanos indignados entre los bastantes miles que van a la Iglesia. Pero a seguir restando lobos. Porque en la fotografía ni a cien llegan. Ancianos en su gran mayoría. Salvo tres niños a los que habrá llevado su abuela sin la menor idea de a lo que iban.

El País, con su fotógrafo, se ha cargado lo que no existía pero que nos querían vender. Porque ya ven todos lo que hay. Nada.

Sería de agradecer que de nimiedades, insignificancias, naderías, mierdadas, no intentaran vendérnoslas como importantes acontecimientos eclesiales porque además son los vendedores quienes se descreditan.

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La gran mayoría de los fotografiados son hasta incapaces del cartel. Alguien se lo hizo y esa pobre gente a posar debajo. Algún cura fracasado tal vez. Y digo fracasado porque si un cura lo que puede reunir es eso vaya mierda de reunión y vaya mierda de cura.

7 comentarios en “A Bedoya le traiciona el fotógrafo
  1. “Son acogidos por la Asociación de Vecinos Los Pinos de San Agustín para cumplir con la misa de precepto.” ¿Y quién celebra esa Misa?

    1. Pues confío en que al venerable sacerdote no le hagan las mismas bromas que desde hace milenios le gastan al caduco progre de “El País” con el dichoso apellido…

    1. Yo cuento unos cincuenta y tantos. Qué contraste con los tiempos del pobre don Casimiro Morcillo, a quien los curas comunistas de Vallecas (entre los que estaba, por lo que me han contado, el mismísimo don Fidel Herráez) terminaron matando a disgustos.

      1. Tiene usted toda la razón. Y a través de este espacio , que nos facilita Don Francisco José, deseo rendir un pequeño homenaje, y a la vez
        emocionado, al que fué arzobispo de Madrid, Don Casimiro Morcillo González. En sus últimos años sufrió muchísimo con parte del clero díscolo y rebelde de Vallecas y otras partes de la diócesis. Cuando voy a la antigua catedral de San Isidro, siempre rezo en su sepultura, a la entrada del templo. Fué el obispo de mi niñez y juventud. Conservo como precioso tesoro el librito que contiene las alocuciones o despedidas a las diversas entidades de la diócesis, cuando con una entereza admirable, veía acercarse su final. Emociona leer, su confianza en Dios, en la vida eterna, el abrazo definitivo con el Señor, como él lo llamaba, llegar a la eternidad feliz, al regazo del Padre. Que Dios le haya premiado sus sacrificios y desvelos. Coincido con usted: ¡Cuanto le hicieron sufrir!

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