Yo soy yo. Y también mi circunstancia. Pero no soy otros. Y digo lo que quiero y no lo que otros quieren que manifieste. Incondicional no soy de nadie salvo de mi Señor Jesucristo. Que no suele decirme lo que quiere que diga. Del Papa y de la Iglesia en lo que impongan indefectiblemente. Que es muy poco. No de la Laudato si. Aunque tampoco la haya criticado. Procuro respetar, al menos con el silencio, el magisterio. Aunque sea opinable. Creo que sólo hay una persona cuyo juicio, mucho más sensato que el mío, procuro seguir. O por lo menos atender. El de mi mujer. Aunque ella porfíe en que nada. Tampoco es indefectible. Como yo que tampoco lo soy. He criticado muchísimas cosas de otros pero jamás les he requerido que adopten mi criterio. Eso es cosa suya. Pues el mío es cosa mía. En el Blog habéis leído muchas críticas a mis exposiciones. Las comprendo y ahí quedan. Y añado que no me duelen nada. Están en su derecho a opinar distinto que yo. Pero no tienen ninguno a marcarme mi opinión. Ni por la izquierda ni por la derecha. Que de ambos lados hay. A quienes les molesta lo que digo, o que no diga más que lo que digo, tienen dos posibilidades. Decirlo o no visitar el Blog. Pero quienes pretendan que a mi edad, ya 75 años y después de toda una vida diciendo lo mismo, vaya a cambiar de criterio lo tienen crudo. Sea para ellos fascista, integrista o neocón. Todo a mucha honra por mi parte por venir de quienes viene y sin que uno se reconozca para nada en los calificativos. Salvo tal vez en el de integrista en un sentido amplio del mismo. Diría que me reconozco como un integrista liberal. No se puede leer a nadie reprochándole que no es la ideología del leído la del lector. Caben las críticas a la misma aunque no pocas veces procedan de paranoias del lector y del escaso background de los mismos. Pero ya lo de exigir ser su eco o su portavoz parece demasié. Conmigo lo llevan crudo. Soy sólo portavoz de mí mismo. Jamás pretendí otras portavocedurías. Me bastan con las que tengo. Pero de ellas soy muy celoso. Aunque presto siempre a corregir errores. Creo que debía decirlo ante quienes, equivocadísimos, pretendan otras cosas. No la crítica a mis lentejas, abiertísima, sino a que las condimente de otro modo. A mí me gustan así.
Ayuda a Infovaticana a seguir informando