Ante la Amoris laetitia

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Enviado para el número del 16 de abril de Siempre P’Alante Creo que algo debería decir de la Exhortación Apostólica que el Papa Francisco y lo que me pide el cuerpo es no decir nada. En primer lugar porque me da una pereza espantosa leerme el documento y no me parece de recibo opinar sobre algo que desconozco. Claro que eso se podría obviar leyendo otras opiniones sobre él y eso ya he empezado a hacerlo. Pero todavía es muy pronto para tener acabado concepto del mismo. Todavía no he tenido tiempo, ganas ni humor de leerme la Laudato Si por lo que parece verse que mi entusiasmo por los escritos del Papa actual no es excesivo. Y la lectura de terceros me es muy necesaria por no considerarme yo con una base en Teología y Moral que me permita absoluta seguridad en mis juicios. Si a esto se añade que tampoco me apetece mucho levantar bandera en algún punto contra lo que dice el Papa pues motivo de más para querer contrastar lo que pudiera ser una primera opinión equivocada con la de personas de las que me fío. Tampoco se me tome esta inapetencia como el asumir todo cuanto haga o diga el Papa. En numerosas ocasiones he manifestado que hay cosas de Francisco que no me gustan. Y aquí puede haber alguna de esas. Por supuesto que no la voy a dar por buena si me parece mala pero creo no tener todavía juicio fundado. Seguramente por mi pereza en adquirirlo. De momento, y el texto pontificio acaba de aparecer, he leído ya los artículos del P. Iraburu y de Bruno Moreno en Infocatólica y los de Fernando Lacalle Ripoll y Cristo era sabio en Infovaticana. Que no son precisamente entusiastas. El último de ellos quizá sea demasiado optimista, en mi pobre opinión. No me cierro a leer los del otro lado siempre que no sean voluntarismos irracionales: Con lo que se quieren Rubén Carlos y Noelia, tan buenas personas y con tantas ganas de comulgar, ¿cómo se lo vamos a negar si Dios es Amor y Misericordia? Aunque, eso sí, discerniendo mucho y acompañando más. Si es que eso vale para todo. Pobre Alba María con lo que le perturba ese embarazo no deseado, aunque por supuesto anestesiando a la criatura para que no vaya a sufrir. O si Dios ha puesto inclinaciones pederastas en alguien, ¿cómo vamos a frustrarle sus anhelos de felicidad en base a una rígida concepción dogmática? Armonicemos ecológicamente, también con mucho discernimiento, los intereses encontrados de forma que puedan realizarse con misericordia para los dos y sin traumas para ninguno. Y así Dios será alabado en todas sus criaturas. Podríamos seguir con los ejemplos. Pero ya he cumplido mi propósito por el momento. Hablar de la Exhortación Apostólica del Papa Francisco, en lo que puedo, sin haberla leído, por ahora. Permanecer, también por ahora, en mi emperezamiento. No asumir el papel ese que achacan a los neocones de que aplauden hasta con las orejas todo lo que hacen o dicen los Papas. He leído que tiene frases muy hermosas y lo aplaudo y alguna tal vez muy preocupante. Si así fuere me preocupa y lo lamento. La frase, no mi preocupación. Porque no lamento preocuparme si me dan motivos para ello sino que lamento que me den esos motivos. Y a los que quieren pillarme: ¿No ha hablado? ¿No va a hablar? Pues advertirles que soy ya muy mayor para caer en esos lazos tan pueriles. Hablo de lo que quiero, como quiero y cuando quiero. Como por ejemplo hoy de la Amoris laetitia. ¿Qué no he dicho nada? Creo haber dicho bastante. ¿Va a decir más? Chi lo sa? Puede que sí o puede que no. Según se presente la cosa. Y sin el menor miedo. Que creo saben que no existe todos los lectores habituales del Blog. Tal vez porque el Papa no puede misericordiearme. A lo más, decir que tengo cara de pepinillo en vinagre, que soy un pelagiano o que discierno poco.    

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