Al vicario episcopal de la I: Juan Carlos Vera Gállego

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Juan Carlos Vera

Tiene usted por lo menos dos párrocos chulos en su jurisdicción. En la Asunción y en La Cabrera.

Confiamos en que les habrá llamado la atención por su chulería y ordenado que respeten el derecho de los fieles a comulgar en la forma que prefieran. Siguiendo por otra parte las instrucciones de su cardenal arzobispo que recomienda, no manda, comulgar en la mano. Usted, por estómago agradecido o por lo que sea, puede ser tan obsequioso con Osoro que sus recomendaciones sean órdenes para usted pero confío que será capaz de entender que una recomendación no es una obligación general y que se puede legítimamente desatenderla.

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Pues usted verá si se quiere encubridor  y hasta cómplice de la chulería o si pone coto en su vicaría a esos excesos clericales. Una vez tengamos constancia de su decisión pasaremos a calificarle como proceda y se merece.

Creo que es también un derecho de los fieles de Madrid conocer quienes son sus vicarios.

 

 

 

Comentarios
9 comentarios en “Al vicario episcopal de la I: Juan Carlos Vera Gállego
  1. «Es absolutamente legítimo desatender la recomendación. También atenderla, Cada fiel valorará lo que debe hacer.»

    Cierto; entonces, ¿para qué el Arzobispado hace una recomendación tan superflua? ¿Para influir en el ánimo de los fieles y orientarlos hacia un determinado modelo de Iglesia (protestantizado)?

  2. Jesús:
    Hermoso salmo. Pero sin quitar importancia a la peste, me parecen cosa de risa en comparación con la peste provocada de los 100,000 abortos anuales, o la peste de la ideología de género, o la prostitución de menores bajo la tutela del Estado, o el saqueo y despilfarro de las arcas públicas, o la corrupción en la Iglesia, o la corrupcion de la infancia en la enseñanza, o ….

  3. No sé a qué se refiere lo de los párrocos «chulos» pero si es porque a algún fiel, en las actuales circunstancias, se han negado a dar la comunión en la boca, el adjetivo «chulo» se lo pondría a los fieles. Ahora que están de moda los escenarios, pongamos dos. Si algo que no es esencial a la fe ni a las costumbres litúrgicas, como es la comunión en la boca o en la mano, es mandado por la autoridad compotente y con motivos, lo que priva es la obediencia sin restricciones. Si el fiel no desea hacerlo así le falta formación o información: vale más la obediencia en casos como este que la devoción. Si al fiel le da «escrúpulo» hacerlo en la mano y lo considera superior a obediencia, habrá que formarlo debidamente para que distinga qué es virtud y qué no y en qué circunstancias. Y conozco otro caso al menos en que ha ocurrido así en otras parroquia; el fiel , ante la negativa, salió como poseido directamente de la Iglesia, lo cual no deja de ser extraño.

    1. Un fiel no es chulo por ejercer un derecho que le reconoce la Ley de la Iglesia. ¿Desde cuándo es virtuoso pisotear los derechos de los fieles? Y, por cierto, ¿quién le dice a usted que comulgar en la mano es más higiénico? Las manos sudan y con ellas se toca el dinero y toda clase de objeto llenos de gérmenes.

  4. Así se afrontaban antes las epidemias. Para quien quiera rezarlo:

    Procesión en tiempo de mortandad y epidemias
    -De la epidemia, el hambre y la guerra, líbranos, Señor.
    -Para que te dignes librarnos del flagelo de la epidemia, te rogamos, óyenos.
    Padrenuestro…
    (Salmo 6)
    V/. Señor, no nos trates según nuestros pecados.
    R/. Y no nos pagues según nuestras iniquidades.
    V/. Ayúdanos, oh Dios, Salvador nuestro.
    R/. Y por la gloria de tu Nombre, Señor, líbranos.
    V/. Señor, no te acuerdes de nuestras antiguas iniquidades.
    R/. Concédenos con prontitud tu misericordia, que nos encontramos desvalidos.
    V/. Ruega por nosotros, san Sebastián.
    R/. Para que seamos dignos de alcanzar las promesas de Jesucristo.
    V/. Señor, escucha nuestra oración.
    R/. Y llegue a Ti nuestro clamor.
    V/. El Señor esté con vosotros.
    R/. Y con tu espíritu.
    Oremos:
    Escúchanos, oh Dios, Salvador nuestro: por la intercesión de la bienaventurada y gloriosa Madre de Dios, la siempre Virgen María, y del bienaventurado san Sebastián mártir, y de todos los Santos, y por la generosidad de tu misericordia, libra a tu pueblo de la ira y del terror.
    Escucha propicio, Señor, nuestras súplicas: sana nuestras almas y cuerpos de las enfermedades, para que experimentemos su remisión, y nos alegremos siempre con tu bendición.
    Te pedimos, Señor, respondas propicio a nuestras súplicas piadosas: y se aleje la epidemia mortal; para que nuestros corazones conozcan y teman tales flagelos, que con tu misericordia cesan. Por nuestro Señor Jesucristo… R/. Amén.
    (Del Ritual Romano).
    Salmo 91 (90)
    Tú que habitas al Amparo del Altísimo,
    que vives a la sombra del Omnipotente,
    di al Señor: «Refugio mío, alcázar mío,
    Dios mío, confío en Ti».
    Él te librará de la red del cazador,
    de la peste funesta.
    Te cubrirá con sus plumas,
    bajo sus alas te refugiarás:
    su brazo es escudo y armadura.
    No temerás el espanto nocturno,
    ni la flecha que vuela de día,
    ni la peste que se desliza en las tinieblas,
    ni la epidemia que devasta a mediodía.
    Caerán a tu izquierda mil,
    diez mil a tu derecha;
    a ti no te alcanzará.
    Nada más mirar con tus ojos,
    verás la paga de los malvados,
    porque hiciste del Señor tu refugio,
    tomaste al Altísimo por defensa.
    No se te acercará la desgracia,
    ni la plaga llegará hasta tu tienda,
    porque a sus ángeles ha dado órdenes
    para que te guarden en tus caminos;
    te llevarán en sus palmas,
    para que tu pie no tropiece en la piedra;
    caminarás sobre áspides y víboras,
    pisotearás leones y dragones.
    «Se puso junto a mí: lo libraré;
    lo protegeré porque conoce mi nombre,
    me invocará y lo escucharé.
    Con él estaré en la tribulación,
    lo defenderé, lo glorificaré,
    lo saciaré de largos días
    y le haré ver mi salvación.»
    Gloria al Padre…

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