ACLARACIONES Y EQUÍVOCOS

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Asume hoy el nuevo arzobispo de Buenos Aires, Jorge García Cuerva -  elDiarioAR.com

ACLARACIONES Y EQUÍVOCOS

Leemos en Infobae que, con motivo de la celebración de misas transformadas en actos políticos, han reaccionada el obispo villero Carrara, el arzobispo García Cuerva y hasta el presidente del episcopado. Pero como todo es confuso, equívoco, engañoso, tenemos que clarificar.

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Y lo haremos con una cita de la profesión de fe de Pablo VI, quien, en lenguaje claro y comprensible, dice: “Nosotros creemos que la Misa, que es celebrada por el sacerdote, representando la persona de Cristo, en virtud de la potestad recibida por el sacramento del Orden, y que es ofrecida en nombre de Cristo y de los miembros de su Cuerpo místico, es realmente el sacrificio del Calvario, que se hace sacramentalmente presente en nuestros altares” (30/6/68). Esto lo reafirma Juan Pablo II en su encíclica sobre la Eucaristía (17/4/2003).

En la tapa de “La Prensa” de hoy, aparece un título: “Los peronistas profanaron otra iglesia”, con foto y una nota: “El obispo Carrara pidió disculpas por unos cánticos durante una misa” y una gran foto donde aparece junto a ¿feligreses? que vociferan amenazadores levantando el brazo derecho, con un gesto, muy distinto al saludo romano.

Dicho obispo, ante los hechos ocurridos esta vez en la parroquia del Inmaculado Corazón de María del barrio de Constitución, se disculpó con estas palabras: “asumo la responsabilidad y pido humildemente disculpas al que pudiera sentirse ofendido”.

Pero, parafraseando al papa Francisco, advirtió que “para muchos hoy la política es una mala palabra”. La Misa se celebraba en el marco del “Día del Barrendero” y en recuerdo del sacerdote Mauricio Silva, hermanito del Evangelio, un cura obrero detenido y desaparecido el 14 de junio de 1977, mientras trabajaba como barrendero.

Carrara sostuvo entender que “algún fiel sencillo podría verse confundido e incluso molesto por esta situación que puede interpretarse como política partidaria”.

En la nota aparece el obispo Ojea, quien advirtió de cara a la misa Madres de la Patria, que se celebrará el 19, “que no pensamos invitar a ningún político”.

Por otro lado, apareció el gran responsable de estos entuertos, el arzobispo de Buenos Aires, García Cuerva para decir en una homilía “que no está bien utilizar la misa para dividir, para partidizar”. 

Todo envuelto en un mar de equívocos y confusiones, herencia del cardenal Bergoglio que siendo arzobispo de Buenos Aires fue un modelo para sus discípulos, que hoy pueblan nuestro episcopado. Creemos que de allí surgió en la cabeza de Patricio Randle la misión clarificadora de las declaraciones del INFIP que no necesitaban aclaraciones.

En el libro “Doce años de declaraciones que no necesitan declaraciones” (Instituto de Filosofía Práctica, 2017) aparece citado dicho cardenal varias ocasiones.

 En la primera de ellas comentamos respecto a las uniones homosexuales, su sana aunque insuficiente reacción y decíamos que el cardenal “no puede quedarse en el orden natural y menos argumentar con la ley positiva argentina olvidando los mandatos inequívocos de la ley divina y su pedagogía, tan actual en tiempos depravados, a la cual se refiere Tomás de Aquino: “a fin de que el hombre pueda saber, sin ningún género de duda, lo que debe hacer y lo que debe omitir, fue necesaria en la dirección de sus actos, una norma creada por Dios, el cual sabemos ciertamente que no puede equivocarse” (Suma Teológica, l-2, q. 91, a. 41).

En la segunda el tema es el diálogo y el Cardenal decía: “El diálogo nos hace bien a todos. Es difícil porque supone salirse de sí mismo y ponerse en el lugar del otro”. Nuestra respuesta: es mejor matizar. Y usar el argumento pragmático, excelente cuando se hace referencia a algún medio: por los frutos se conoce el árbol… O sea que el diálogo que conduce a un fruto bueno, hace bien y el diálogo que conduce a un fruto malo hace mal, y también el estéril, el aparente, el inútil, nos hace mal. Dos ejemplos: los de el obispo Laguna y el rabino Rojman confusos y engañosos y los de la “Mesa de diálogo”.

En la tercera, el tema es la omisión deliberada, en la misa celebrada en la catedral el día de la muerte de Kirchner, de un texto de la liturgia de ese día: “La familia innumerable de los impíos no prosperará: es retoño bastardo, no arraigará profundamente, ni tendrá base firme” (Ob. cit., p. 124) que pareciera dedicado al difunto.

Este es el maestro, muy limitado por su pobre formación, elemental, sin matices, culpable de omisiones deliberadas por falsa prudencia y para quedar bien.

Ahora tenemos y soportamos a sus discípulos, nuestros actuales pastores, soberbios, ignorantes, acomodaticios, chupamedias, embusteros, cobardes, incapaces de defender el honor y la autonomía de la Iglesia, su independencia de los avatares políticos para cumplir su misión: salvar a los hombres.

Y de ellos estamos hartos. Muestran la decadencia de un episcopado de más de cien obispos sin un teólogo o filósofo de nota que sobresalga; los únicos que sobresalen son los curas villeros, atados a una perversa ideología.

Estamos hartos de los sacerdotes que se niegan al diálogo intelectual mientras nos insultan por las redes y cantan herejías, entonan canciones cuyo autor fue un conocido pedófilo, abusador de menores, a quienes citaba por turno a su despacho. La decencia puede estar divorciada del arte, como el caso de un conocido jesuita, gran artista, cuyo proceso canónico avanza con la lentitud que les imprimen a las causas, ciertos jueces argentinos, uno postulado para la Corte Suprema.

En Europa existen algunos pocos cardenales y obispos preparados, quienes sostienen, sobre todo, en Alemania, los restos del modernismo y del progresismo. Como ya advertía Juan Donoso Cortés, su inteligencia es muy grande, en cambio la nuestra es pequeña. Pero es grande, a la manera del abismo, en el cual se encuentra con el error la muerte. En cambio, pidamos a Dios que nuestra modesta inteligencia, sea santa a la manera del tabernáculo, en el cual se encuentra con la Verdad, la Vida.

 Buenos Aires, junio 17 de 2024.                                   Bernardino Montejano

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