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Aceptada la renuncia de este obispo auxiliar alemán de 70 años

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Y lo de siempre; ¿salud? ¿Misericordiado? ¿Impresentabilidad?

Bishop Hubert Berenbrinker

Auxiliary Bishop of Paderborn, Germany

Titular Bishop of Panatoria


Events

Date Age Event Title
7 Jun 1950 70.2869.7 Born
11 Jun 1977 27.0 Ordained Priest Priest of Paderborn, Germany
19 Apr 2008 57.8 Appointed Auxiliary Bishop of Paderborn, Germany
19 Apr 2008 57.8 Appointed Titular Bishop of Panatoria
15 Jun 2008 58.0 Ordained Bishop Titular Bishop of Panatoria

5 comentarios en “Aceptada la renuncia de este obispo auxiliar alemán de 70 años
  1. Breve defensa del celibato sacerdotal

    Fray Maximilian Maria Jaskowak OP

    21 de Septiembre de 2020

    Sed Contra: Ensayo sobre la cultura moderna
    Un ensayo «Sed contra» consiste en abordar una preocupación cultural y hacerlo con la ayuda de alguna autoridad filosófica o teológica.
    Se publicará un ensayo “Sed contra,” una vez al mes durante este año académico.
    Algunos sostienen que el sacerdocio célibe es directamente responsable de la crisis de abusos sexuales en la Iglesia Católica.
    Más aún: Argumentan que el celibato es una abstinencia frustrante y antinatural de la vida conyugal, que facilita, en vez de mitigarla, la tendencia a la depravación moral entre quienes se comprometieron a ello.
    Proponen como remedio para lo que llaman «problema del celibato,» un sacerdocio matrimonial, en el que las inclinaciones, instintos y pulsiones naturales de los hombres, se ordenen a la propagación de la especie; y…algunos van más lejos aún, al propugnar la abolición total del Sacerdocio.

    No me causa ningún pavor esta forma de ver las cosas, porque sé que deriva de de un grave malentendido sobre el celibato sacerdotal.
    Lo que temo, si se me permite ser tan audaz, es contemplar el atrevimiento y con que se publicita ese argumente y la facilidad con que es aceptado indiscriminadamente, tanto dentro como fuera de la Iglesia.
    Sin lugar a dudas, anida en muchos corazones algo frustrante y antinatural, algo obviamente desordenado, exteriorizado en cada uno de los casos de abuso sexual, especialmente, cuando se inflige a los niños.
    Pero, el repugnante significado de esta sexualidad frustrada y antinatural, no puede ni debe atribuirse al celibato.

    Y lo digo y mantengo por tres razones:

    Primero: No existe sin más, una justificación para suponer una correlación entre el celibato sacerdotal y la reciente crisis de abuso sexual en la Iglesia Católica.
    Sugerir que los hombres se convierten en pederastas como resultado de su estado célibe, es una mera conjetura y carece de cualquier fundamentación en el orden de la realidad.
    Las afirmaciones en sentido contrario ignoran el hecho bien conocido, de que los estudios han demostrado una incidencia similar y en la misma proporción, de ese gravísimo desorden, entre los sacerdotes católicos, y en la población no célibe en general.
    En segundo lugar, cuando se dice que la disciplina del celibato sacerdotal es antinatural se incide en un craso error, porque no es de ninguna manera algo contrario a la naturaleza humana, o que de suyo la haga proclive a la degeneración.
    Si es posible —incluso loable— abstenerse de comer y beber por un buen fin, (por ejemplo, la salud), igualmente el hombre puede y en los llamados, debe abstenerse del acto conyugal, por el bien de las almas y la mayor gloria de Dios.
    En tercer lugar, el vínculo entre el celibato y el sacerdocio no es algo artificial o efímero, como si estuviera sujeto con facilidad a circunstancias cambiantes.
    Para aquéllos que tienen fe, se trata de una gracia del Espíritu Santo. De modo que sugerir que ha llegado el momento de reorientar la disciplina del celibato a favor de un sacerdocio casado, es el colmo de la arrogancia humana y subestima el problema y la omnipresencia de la pederastia en la sociedad.
    Es cierto que quienes piensan que el celibato sacerdotal es directamente responsable de la crisis de los abusos sexuales en la Iglesia Católica, creerán que el modo apologético, empleado para exponer la cuestión, es terriblemente insincero.
    Y llegados a ese punto, proclamo que ningún apartado del presente escrito, ni cualquier punto argumentativo, están ayunos de sinceridad, ni se hace en lo más mínimo, una apelación a la irracionalidad.
    En el espacio que me resta, quiero evocar mi experiencia célibe junto a otros religiosos que viven un don total de sí en una comunidad.

    Mi experiencia personal del celibato, cuestionado tantas veces, es hermosa, y trasciende la mera noción del celibato como disciplina, pues si nos detenemos en esa formalidad legal, sobrevienen los interrogantes sobre si se trata de algo anticuado, que precisa enmiendas.
    Los hombres continúan asumiendo el celibato, incluso después de la crisis de la depravación y abuso sexual, porque hay algo hermoso y real, que el celibato todavía ofrece a quienes desean ser sacerdotes.

    Y digo esto por dos razones:

    Primero: El celibato, propiamente dicho, tiene que ver con el amor de Dios. En la práctica, el hombre que hace promesa de celibato, en el clero diocesano, o voto solemne de castidad, en las Órdenes religiosas, discierne y experimenta el amor de Dios mediante una ampliación de la capacidad de la mente y una dilatación del corazón, que le inspira, incluso le invita, a entregar su cuerpo y alma, en definitiva, toda su vida, a Dios. Los votos solemnes tienen sentido de holocausto, una entrega mucho más perfecta que la de los votos simples perpetuos.
    En pocas palabras, un hombre abraza el celibato porque desea amar a Dios con un amor completo, absoluto e incondicional.
    En segundo lugar, el célibe renuncia al bien de la intimidad sexual por otro amor: El amor a las almas. Es importante comprender que, en la práctica, la renuncia al amor humano por el amor divino, no deja desolado el corazón humano, sino que permite al célibe recibir el don del amor de Dios en toda su fecundidad espiritual. De esta manera, un religioso clérigo comienza gradualmente a considerar a las almas como un padre a sus hijos, y lo mismo valga para quienes en el clero diocesano, prometen vivir el celibato.

  2. Viendo todo, no hay ninguna razón para pensar que haya algún misterio. Se trata de un buen Obispo y excelente Pastor, al que la salud le ha marcado un stop. Que el Espíritu lo enriquezca con el don de fortaleza en esta nueva etapa.

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