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A González Agápito le han tocado las narices y responde

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Con notable contundencia.

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6 comentarios en “A González Agápito le han tocado las narices y responde
    1. Hermenegildo, sigue usted empecinado en buscarle puntos débiles a la exposición de don Jaime Gonzalez-Agápito. Como habrá observado en otras intervenciones suyas, le acompañan algunos en la animadversión. De hecho, existe, manifiesto unas veces, soterrado muchas más, un grupo que le tiene especial inquina. Suele ocurrir con las personas brillantes.
      Pero vayamos a su «recordatorio» de la obligación del octogenario. ¿Quién le ha dicho a usted que no ha hablado con el arzobispo sobre su jubilación? Pregúnteselo a los interesados.
      Sin ánimo de dar lecciones, abundan en Cataluña prestes que sobrepasan la edad de monseñor. Son los obispos los que, ante la escasez de ministros, agradecen a esos sacerdotes celosos su voluntad de continuar algún tiempo más, mientras se redistribuye el trabajo que ellos dejan. Incluso cuando están en residencias sacerdotales, son muchos los que acuden a las parroquias para confesar, celebrar misa, bodas, bautizos, etcétera. En Gerona conozco casos numerosos. Sólo fui testigo, procuro hablar de lo presenciado o vivido, de un accidente desgraciado: la confusión en las palabras de la consagración por uno de esos sacerdotes mayores. Ante la sorpresa de los asistentes, no habiendo posibilidad de otra misa, tranquilicé a mis compañeros de banco, no sé si acertadamente, con el aforismo «supplet Ecclesia». Si conociera usted a González-Agápito se maravillaría de la energía, lucidez y firmeza de monseñor. Acuérdese de León XIII, aunque le bastaba una pregunta obligada: Si don Paco Pepe lo lamenta por algo será. ¿No será porque lo conoce mejor que usted y que yo? No sobran algunas reflexiones antes de darle a la péñola con frivolidad.

  1. Da pena la situación sufrida por este sacerdote. Cuando le llegue la hora de rendir sus cuentas tiene las alforjas llenas de méritos y de los frutos que darán sus antiguos parroquianos. Habrá que estar atentos a quien ocupa su parroquia.

  2. Qué pedazo de cura y cuánta miseria en los prelados y adláteres. Lo de cueva de ladrones se va quedando corto para hablar de ciertos cubículos. Habrá que ver quién es el malcriado que está pidiendo gobernar la parroquia para apuntarse el tanto de lo que ha hecho este buen padre. Es que no tienen miedo al infierno ni respeto por los demás ni hambre de salvación de las almas. Qué clase de gente, de tarados mentales, psicópatas, están al frente de la Iglesia.

  3. La excelencia molesta. Lo sabe usted muy bien. Muchos quisieran igualar a todos por abajo, que los curas fueran pederastas, que los obispos se casaran por lo civil, que los cardenales mintieran con sus títulos y estudios. Pero cuando hay alguien que se desenvuelve con igual soltura y sencillez entre los académicos y los rudos, que sabe usar el tenedor y la cucharita pertinentes al tiempo que se remanga y reparte comida a los homeless, que piensa lo que dice y dice lo que piensa, que da clases de máster y escribe catecismos con igual intensidad, ése debe «recibir un escarmiento», un «baño de humildad». Es decir, la parábola de los talentos al revés.
    Se ha referido usted a Müller. También Müller es modelo de defensa de la Iglesia. En esa línea milita González-Agápito, cuya independencia de criterio constituye una acusación continua a tanto clérigo cerbatana y sectario que abundan en el Principado y, en concreto, en lo que antaño se llamada palacio episcopal y aledaños.
    Nota de F. de la C.: Suscribo

  4. ¡Maravillosa la verdad cuando se manifiesta sin censuras, tapujos, falsas humildades y demás «modestias» que sólo son señales evidentes de esclavitud! He aquí un hombre libre y una institución corrupta y necia que nada sabe de justicia.

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