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A Don Javier Martínez, arzobispo de Granada, en sus misterios dolorosos

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Os traigo el artículo que acabo de mandar para el número del 1 de diciembre del quincenal Siempre P’Alante. Vaya con él, también en el Blog, mi solidaridad con el arzobispo de Granada en estos días para él tan tristes. No conozco a Don Javier personalmente. Sólo en una ocasión, en la pasada y supongo que última misa de la familia en Madrid le saludé incidentalmente. Iba, al concluir la misa, con un queridísimo y admiradísimo obispo, y a éste fui a saludar. Él me presentó a Don Javier. Cruzamos unas muy breves palabras, muy amables por su parte. Y ése es todo mi contacto con el arzobispo de Granada. No hago cuestión de esas cosas. Tengo la alforja llena de palabras episcopales a favor y en contra de mi pobre persona. Si alguna vez mis lectores han tenido por mi parte conocimiento de algún desencuentro episcopal jamás habrán encontrado en el Blog vanidosa ostentación de amistades. Esas las guardo en mi corazón. Con inmenso agradecimiento. Creo que en el calvario que está recorriendo, también con la cruz a cuestas, el arzobispo de Granada, lo menos que puedo hacer en solidaridad con su persona, es reproduciros el artículo que como os digo acabo de dedicarle en el quincenal navarro.   Lo que está ocurriendo estos días en Granada está en todos los medios con dolor de los buenos católicos, escándalo de muchos y arma contra la Iglesia de no pocos. Hechos reprobables y repugnantes de haber ocurrido y todo de momento hace pensar que ocurrieron.   En el caso hay muchos factores que se entremezclan y contribuyen a una mayor confusión. Parece, por lo que sabemos, y ya se saben bastantes cosas, por ejemplo quienes son los tres más directamente implicados en el asunto, que contrariamente a lo que suele ocurrir en estos casos, en los que un sacerdote abusa de uno o varios menores, es esta ocasión ha habido asociación de malhechores que actuaban en cuadrilla. Lo que sin duda es manifiesta agravante. Luego hay otros, en notable número, que parece que han encubierto los hechos aunque por ahora no sepamos en qué manera.   Está después la intervención pontificia que ha dado al escándalo relieve internacional. Y que a mí me parece extraña. No por la llamada a la víctima que me parece muy bien para atenderla en su situación y pedirle perdón por lo que hicieron unos indignísimos hijos de la Iglesia y además ordenados, sino porque en mi opinión el Papa debió informarse previamente del arzobispo del lugar y no tirarse sin más a la piscina sin saber si tendría o no agua basado simplemente en una carta dolorida del abusado.   La actuación del Papa, ninguneando ciertamente al arzobispo de Granada, dejó a éste haciendo equilibrios sobre el alambre y con riesgo cierto de batacazo. Cuando en una organización jerárquica el superior ignora a sus subordinados y presta oído sin más a la queja del último que le llega, aparte ser un procedimiento extraño, deja al subordinado al que ignoró a los pies de los caballos.   Pero ese subordinado es un obispo, tan sucesor de los Apóstoles como el mismo Papa, y además un buen obispo. Y arzobispo en el caso. Con defectos, como los tiene todo mortal, incluso el Papa, pero sin ninguna tacha grave en su conducta que justificara la exclusión. Da la impresión, hasta el momento, que el arzobispo de Granada hizo lo que marcaba la norma ante un hecho que le sorprendió en su estallido. Seguramente sin velocidad del rayo pero es que cualquier denuncia, que podrá ser cierta o falsa, exige un mínimo de prudencia.   Qué más quisieron los que hace años se la tenían jurada para ponerle en la picota. Dejándole como un ecce homo. Pero es que se lo pusieron en bandeja. Y no iban a desaprovecharlo. Ahora otra consideración que no afecta exclusivamente a Don Javier Martínez sino a la totalidad de los obispos de España y del mundo. Tienen en su presbiterio a indeseables. Y por los motivos que sean, la escasez de clero es uno de ellos, hacen la vista gorda. Hasta que el petardo les estalla en las narices dejándoselas chamuscadas o más bien achicharradas. Seguro que en no pocos casos con enorme sorpresa suya. Hay en muchísimos casos una culpa in vigilando sobre sus sacerdotes pero la del arzobispo granatense no es superior a la de todos sus hermanos. En eso van a tener que cambiar todos. Y en adelante la mayor preocupación de los obispos tendrá que ser un presbiterio como Dios manda. No un pozo de inmoralidades. Que no preocupan a los obispos hasta que no aparecen en los medios. No dudo de que en muchas de las que estallan son ellos los primeros sorprendidos. Pero en no pocos casos no deberían sorprenderse porque eran muy mal “ganao”.   A mí, iuris tantum, que incondicional sólo soy de Nuestro Señor Jesucristo, Don Javier Martínez, arzobispo de Granada, me parece un buen pastor. Y pido a Dios le dé fuerza en estos días verdaderamente dolorosos para él en los que sigue a Cristo con la cruz a cuestas. Y en lo que pueda hacer de cirineo me tendrá a su lado. Se han cargado ya a Don Manuel Ureña, arzobispo de Zaragoza. Ahora van a por el de Granada. El de Madrid ha caído  por la edad y no por todo lo que intentaron contra él. Les sobran todos los buenos obispos. Pues yo, con ellos. Salvo que de algunos se demostrara la indignidad. De momento no es el caso. Aunque defectos tengan todos. Incluso los mejores.

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