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SUBSIDIARIEDAD EN LA ARGENTINA: EL CASO AEROLÍNEAS

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Aerolíneas Argentinas multada por incumplir la legislación aeroportuaria de  EEUU – Turama

SUBSIDIARIEDAD EN LA ARGENTINA: EL CASO AEROLÍNEAS

De acuerdo con el principio de subsidiariedad, el Estado no debe intervenir en cuestiones que pueden gestionar los grupos infrapolíticos; por ejemplo: no tiene necesidad de fabricar autos ni heladeras, aunque alguna vez aquí, lo hizo y muy bien. Tuve un auto Di Tella que fue tan usado que en un momento después de muchas batallas, me preguntaban por sus cicatrices si se lo había comprado al Vietcong y que después de muchísimos años se lo regalé a un amigo; todavía tengo en el campo y funcionan dos heladeras de fabricación estatal de 1978. Pero esta pericia de los técnicos junto a la nobleza de los materiales, esta larga duración de lo fabricado, que reconozco y admiro, no cambian mí opinión, ya expresada.

Pero puede suceder algo peor: que el Estado intervenga en un campo en el cual podría no hacerlo con una pésima gestión cuyas pérdidas tenemos que soportar todos. Es el caso de Aerolíneas Argentinas estatizada.

¿Debe el Estado fabricar aviones y montar una empresa para el servicio aéreo? Pienso que sí, en pequeña escala y para fomentar la comunicación aérea, el transporte y el turismo en lugares que no interesan a la aviación privada por no ser rentables.

Hace unos años mi amigo Mauricio Pinto Vázquez hizo un estudio que derivó en un artículo publicado en la revista “Centurión” titulado: “Dos aerolíneas: una africana y ejemplar: la otra, la nuestra” (n°5 junio-julio de 1915, p. 20 y ss.).

La ejemplar se llama “Ethiopian Airlines”, fundada en 1945, por el emperador Haile Selassie I, es considerada la mejor aerolínea africana de transporte de pasajeros y de carga. Como escribe el articulista “con sede en Adis Abeba, capital del país etíope, tiene 77 aeronaves, con 43 más por incorporarse. Tiene 103 destinos, 83 internacionales y 20 domésticos. Cuenta con 8.000 empleados. Tuvo ganancias por casi 500 millones de dólares entre 2009 y 2013. Es una empresa 100% estatal.

La nuestra, fue fundada en 1950 por Perón por fusión de cuatro aerolíneas previamente incorporadas al Estado. Con sede en Buenos Aires, tiene una flota de 71 aeronaves (44 de ellas alquiladas). Desde 2008 es una empresa estatal. Tiene 35 destinos locales y 21 internacionales. Cuenta con 11.000 empleados. Desde su estatización perdió 18.000 millones de pesos y solo en el 2013 las pérdidas son 3.800 millones de pesos.

Tenemos dos empresas estatales, una con buenas ganancias y la otra, grandes pérdidas, pero hay un aspecto que destacar y es que nuestra empresa de bandera acoge en su interior a siete gremios, lo cual la torna inmanejable. Por eso, la solución propuesta por Milei es la única sensata: entregarla a los empleados; yo incluso se la regalaría, con la condición que desde el día del obsequio nos liberen a los demás y afronten sus pérdidas.

El caso de Aerolíneas es paradigmático, pero no es el único. El nuevo gobierno debe reivindicar la subsidiariedad y poner en práctica sus criterios en forma inteligente.

Según el principio de subsidiariedad toda persona o grupo menor debe tener libertad y posibilidades de realizar todo aquello que sea

 capaz en la esfera de su competencia para alcanzar sus fines y el grupo mayor debe facilitar esa tarea estableciendo las condiciones que posibiliten realizarla.

El grupo mayor debe intervenir en caso de imposibilidad, mal desempeño o insuficiencia. Si la familia no existe, la sociedad política debe ocuparse de la crianza y educación de los huérfanos mediante los orfanatos o lo que es mucho mejor, la adopción: si los padres son criminales, corruptores de sus hijos, deberá intervenir la autoridad mediante la privación de la patria potestad por vía judicial. En los casos ordinarios los padres tienen derecho a educar a sus hijos, pero como no pueden tener una escuela en su casa, grupos educativos, la Iglesia y el Estado intervienen subsidiariamente.

Porque subsidiariedad no equivale a un Estado ausente, sino presente cuando lo exige el bien común político, estimulando, promoviendo, coordinando, supliendo, el quehacer de las personas y de los grupos infrapolíticos, el primero de los cuales es la familia.

Bernardino Montejano

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