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Calamidad tras calamidad

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El pasaje es corto, simbólico, pero preñado de una dolorosa claridad.  

“Después tengo que decir: “calamidad tras calamidad, calamidades naturales”. Entonces veo escrita las palabras “Hambre” y “Caos Político”. La Señora dice: “esto no es sólo para tu país, sino para todo el mundo.”

  Será un 25 de febrero de 1946 cuando aquellas palabras resuenen misteriosamente, pero es en estos tiempos presentes cuando las percibimos más actuales, nítidas y comprensibles. Quizá el recuerdo de la hambruna del 44 surgiera involuntariamente en la mente de la destinataria del mensaje,  y quizá por eso aquel “no es sólo para tu país”, sino que había de ser para todo el mundo. Y hoy el mundo asiste sorprendido a la acumulación de sucesos naturales, muchos de ellos catastróficos, a los que no parece que nos podamos acostumbrar, por cuanto cuando creemos haber visto todo los medios de comunicación nos descubren siempre “un más difícil todavía” de dolorosas consecuencias humanas y económicas.   Aquella Señora decía siempre que sus palabras serían la señal. Y no podemos más que andar desconcertados con cuanto pasa. Calamidad tras calamidad, calamidades naturales encadenadas una tras otra como si algún imprudente diosecillo hubiera abierto la caja de Pandora. ¿Y si la Señora tuviera razón? Porque si comprobamos cómo las calamidades naturales se suceden, ¿acaso no habrá de pasar igual con el Hambre y el Caos Político? Y ante esta pregunta el corazón se encoge porque no podemos negar lo que ven nuestros ojos: la miseria asomando por suelos que no hace mucho gozaban de un nivel de vida envidiable y el Caos Político emergiendo como nuevo protagonista televisivo diario dispuesto a corroborar la tétrica trilogía descrita aquel 25 de febrero de 1946. Y no ya una miseria y un caos político al que nos acostumbraba el tercer mundo, sino el caos político y la miseria llamando a la puerta de naciones del primer mundo.   Sí, Ida Peerdeman pedía a la Señora de Amsterdam algún signo para que pudieran creer en cuanto veía, pero Ella le respondería siempre que el signo eran sus palabras. Ciertamente aquel mensaje del 25 de febrero adquiere hoy un color y una luz actual preocupante. ¿Es ese, entonces, el futuro que nos espera, calamidades naturales, hambre, caos político? Hasta el punto de que el mensaje del 25 de febrero de 1946 añadirá un colofón a tal trilogía:

“Me da entonces un dolor tremendo y digo: “Ese es otro periodo de opresión y de dolor que vendrá sobre el mundo”. Entonces veo la palabra “Desesperado”.

  Quizá no son palabras agradables, ni acordes con el optimismo reinante en la Iglesia ni en el mundo, en el que parece que el estado anímico colectivo debe conjurar cualesquiera terrores o problemas. Pero quizá sean palabras necesarias. Necesarias porque sólo se podrán dar soluciones posibles a problemas reales, y el problema que se nos anticipa no es sólo mistérico sino también materialmente real, concretable, estudiable, analizable. Lo que el mundo está empezando a intuir es el inicio del fin de este modo de vida, de esta civilización tecnológica. Hoy lo que se está tambaleando no es el escenario, es el teatro en su totalidad, el teatro del mundo tal como lo conocemos.    Por ello, como el hombre de hoy quiere evadirse de una realidad que no comprende, que no controla; como es propenso a dejarse engañar por los cantos de sirena del optimismo obligatorio; como busca desesperado razones humanas para una confianza que no tiene, acaba negando toda advertencia de lo Alto no vaya a ser que el paraíso en la tierra no sea realizable. Y entonces silencia lo profético, o le busca significados ya pasados. Pero cuando lo profético no es capricho aleatorio de dioses que se aburren en su Olimpo y que quieren entretener sus días jugando con los hombres, sino que es advertencia de lo que el hombre se está fraguando con su quehacer moral diario, entonces, por mucho que se silencie, o se le busquen explicaciones, si no cambia el obrar del hombre, cuanto se predijo habrá de confirmarse.   Así, cuando se miran aquellas palabras de 1946 comprendemos que estamos ante una lectura más sincera de cuanto ocurre aunque sea más descarnada. Quizá se nos escapen las causas de tanta calamidad natural encadenada una tras otra, quizá las razones sean más complejas que el reductivo efecto invernadero, pero las consecuencias las estamos padeciendo casi sin tregua hasta el punto de ver en esa cadena de palabras -calamidad tras calamidad, calamidades naturales- una realidad incuestionable. Pero se nos dirá que siempre ha sido así. Y es posible, pero a una ecuación de calamidades tras calamidades lo peor que le podría pasar es que se uniera el sumando del hambre y el caos político. ¿Y acaso no es lo que vemos que está empezando a suceder?   La ecuación resulta demasiado compleja como para resolverla con vanos optimismos o con llamadas a una misericordia carente de fondo y sustrato. Lo que está en juego es la verdad de cuánto pasa. Estamos asistiendo a una batalla cruenta contra la verdad del hombre y de su naturaleza en la que, por ejemplo, el recurso a convertir el aborto en un derecho inalienable, o la homosexualidad en el mayor avance de la humanidad en el progreso social, o la asunción de pérdidas de derechos laborales y sociales como mal necesario pero conveniente para salir de ésta, o la entrega indubitada a una inflación normativa como creación justa de aquellos que verdaderamente saben… no son más que la estocada perversa al mañana del hombre. Es el enterramiento de la vida en el más inmediato de los presentes, en el más claustrofóbico carpe diem. Hay como una intención en que arrojemos a un pozo todo deseo de construirnos hacia delante, de vivir en la humana tensión de un proyecto por hacer, de un proyecto que busca el amor y la misión, el sentido al sufrimiento y el deseo de eternidad que sólo sacia Dios.   Pero la pregunta es por qué esa coincidencia en las legislaciones internacionales, en los proyectos políticos de cualquier signo. Como si supieran que, evidentemente, iniciáramos la senda del colapso de la civilización y nos quisieran dormidos, enfangados en el horror, para que no protestemos ante lo viniente. Es legítimo preguntarse esto, no sólo porque lo profético alerta de esas intenciones y de ese futuro, sino porque los indicadores económicos y energéticos señalan que el camino de la opulencia está tocando fin. Los mensajes a Ida Peerdeman plantean esto con toda su crudeza, si bien atemperados por ese carácter casi onírico de las visiones. Pero encierran un profundo misterio: en esa batalla contra la verdad, la primera batalla ha sido contra la misma Verdad, Cristo, al que han arrancado de casi toda actividad humana. Su Imagen está siendo borrada del mundo. Por ello habrá de venir la cruz al mundo, para que cuando no quede nada, sino sólo la cruz, la mirada del hombre pase de la cruz al Crucificado, su Salvador.  

 Y ahora veo una Figura resplandeciente, luminosa con un vestido largo, que va caminando delante de nosotros. Es la figura de un hombre, pero todo espiritualizado. No veo su rostro; es todo un rayo de luz. Va por el mundo con la Cruz, pero nadie lo sigue. “Está solo”, me dice la Señora. “Va solo por el mundo, y todo seguirá de mal en peor hasta que en un cierto momento suceda algo grave y de repente la Cruz queda plantada en medio del mundo. Ahora sí que tienen que mirar, quieran o no”.

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Comentarios
0 comentarios en “Calamidad tras calamidad
  1. ¿Os parece poca calamidad que el falso profeta se haya apoderado del trono sagrado?
    Desde que fue quitado del trono sagrado el KATEJON, nos encontramos en el «Fin de los Tiempos» 2 Tes 2. Catecismo 675.
    Dentro de poco surgirá el Cisma predicho por Ana Catalina Enmerich: Dos papas enfrentados.
    Despues se apoderará del trono sagrado el anticristo, quien pondrá en marcha el chip de la bestia (666), sellando a todos los que se han de condenar por haber rechazado a Cristo y su doctrina divina.

  2. Impresionante coincidencia de la coda del artículo, con lo que intuimos que sera el Aviso. Da mucho que pensar.
    Fantástico artículo, aunque pienso que no estamos al principio, sino en pleno centro del caos político, hambre, opresión y dolor.

  3. Cecile Richards, la CEO de la multinacional del asesinato de bebés en el seno materno, Planned Parenthood, obsequia con un aborto como regalo por San Valentín. Considerando que un aborto cuesta en 400 y 500 dólares, estará muy feliz de que sus clínicas consigan más fondos para seguir lucrandose con uno de los negocios más rentables de los tiempos modernos.
    Una muestra más de la inversión de valores que nos atenaza. Noticias como esta son ESTREMECEDORAS. No encuentro palabras para expresar lo que siento cuando leo algunas noticias como ésta y otras muchas.
    Realmente creo que nos acercamos al final de una era…

  4. …y como sonámbulos recorremos el camino que nos ha sido profetizado, sin reparar que todo alcanza su cumplimiento; pronto, las sonrisas obligatorias y los fervores teledirigidos se congelarán en los rostros, y caerán de sus pedestales quienes fueron enaltecidos con falsedad. Los poderes de este mundo y los de quienes reciben su aplauso, se derrumbarán con estrépito.

    Ya está sucediendo.

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