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‘Sa­lu­dos des­de Fá­ti­ma’, por Josep Àngel Saiz Me­ne­ses, obis­po de Te­rras­sa

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Un sa­lu­do cor­dial des­de Por­tu­gal a toda la fa­mi­lia dio­ce­sa­na. Me en­cuen­tro en el san­tua­rio ma­riano de Fá­ti­ma, par­ti­ci­pan­do en la IV Pe­re­gri­na­ción Dio­ce­sa­na de Jó­ve­nes con 200 jó­ve­nes, 15 sa­cer­do­tes y el Obis­po Au­xi­liar. He­mos ve­ni­do a este lu­gar en el que Ma­ría, la Ma­dre, qui­so ha­blar­nos de un modo parti­cu­lar a prin­ci­pios del si­glo XX. He­mos ve­ni­do para con­gre­gar­nos en su pre­sen­cia como fa­mi­lia y para im­plo­rar su pro­tec­ción ma­ter­nal. En el año del cen­te­na­rio de las apa­ri­cio­nes he­mos que­ri­do peregrinar has­ta este san­to lu­gar para vol­ver des­pués como após­to­les y evan­ge­li­za­do­res. Con el lema “guiad­nos ha­cia el cie­lo” va­mos ha­cien­do ca­mino y pro­fun­di­zan­do en nues­tra re­la­ción con Dios, con Ma­ría, con la Igle­sia y con el mun­do.

Hace cien años, el 13 de mayo de 1917, la Vir­gen Ma­ría se apa­re­ció en este lu­gar a tres pe­que­ños pastores: Lu­cía, Ja­cin­ta y Fran­cis­co. Les in­vi­tó a ofre­cer­se como víc­ti­mas de re­pa­ra­ción y se ofre­ció a guiar­los has­ta Dios. En­ton­ces, de sus ma­nos ma­ter­nas sa­lió una luz que pe­ne­tró en su in­te­rior, y les hizo sen­tir­se su­mer­gi­dos en Dios. La Igle­sia ha dado su apro­ba­ción a la reali­dad de es­tas apa­ri­cio­nes. El bea­to Pa­blo VI vi­si­tó Fá­ti­ma en la ce­le­bra­ción del cin­cuen­te­na­rio; san Juan Pa­blo II pe­re­gri­nó un año des­pués de su­frir un aten­ta­do en la pla­za de San Pe­dro, y con­sa­gró a la Igle­sia y a to­dos los pue­blos al Inmaculado Co­ra­zón de Ma­ría; vol­vió en el dé­ci­mo aniver­sa­rio del aten­ta­do, y en su ter­ce­ra vi­si­ta, el 13 de mayo del 2000, bea­ti­fi­có a Fran­cis­co y Ja­cin­ta, con asis­ten­cia de Sor Lu­cía y de una mul­ti­tud de peregri­nos. Be­ne­dic­to XVI tam­bién vi­si­tó Fá­ti­ma (12/​13-V-2010), con­sa­gran­do a la Vir­gen especialmente a to­dos los sa­cer­do­tes de la Igle­sia. Re­cien­te­men­te, el he­cho de que el san­to pa­dre Francisco haya ca­no­ni­za­do a Ja­cin­ta y Fran­cis­co (13-05-2017), re­fuer­za la apro­ba­ción de la Igle­sia a las apa­ri­cio­nes de Fá­ti­ma.

¿Cuál es el men­sa­je? El men­sa­je de la Vir­gen de Fá­ti­ma es una in­vi­ta­ción a la pe­ni­ten­cia, a la con­ver­sión y a la ora­ción. Hoy día se man­tie­ne vi­gen­te, más aún, se pue­de de­cir que es ur­gen­te que sea lle­va­do a cum­pli­mien­to. Nos en­con­tra­mos in­mer­sos en un pro­ce­so de se­cu­la­ri­za­ción apa­ren­te­men­te im­pa­ra­ble, y en par­te del an­ti­guo Oc­ci­den­te cris­tiano no es exa­ge­ra­do afir­mar que se ha lle­ga­do a una vi­si­ble apos­ta­sía. Por otra par­te, la Igle­sia su­fre hoy fuer­tes per­se­cu­cio­nes ex­te­rio­res, pro­ce­den­tes de co­rrien­tes antiguas y mo­der­nas que van con­fi­gu­ran­do una cul­tu­ra cada vez más re­frac­ta­ria a Dios y al men­sa­je cristiano; y tam­bién su­fre hoy la Igle­sia por las in­fi­de­li­da­des que se dan en su pro­pio in­te­rior.

El ca­mino de la con­ver­sión, la pe­ni­ten­cia y la ora­ción es el buen ca­mino, aun­que en oca­sio­nes cues­te man­te­ner el rum­bo o su­perar las ten­ta­cio­nes que se ha­cen pre­sen­tes. Toda nues­tra vida ha de ser un camino de re­no­va­ción, de cre­ci­mien­to, de in­mer­sión en Cris­to, un pro­ce­so cons­tan­te de trans­for­ma­ción in­te­rior y de pro­gre­so en el co­no­ci­mien­to y en el amor del Se­ñor. Es pre­ci­so que se reavi­ve su gra­cia en nues­tros co­ra­zo­nes para que po­da­mos pa­sar de la muer­te a la vida, de la os­cu­ri­dad a la luz, de la hipocresía a la ver­dad, de las dis­cor­dias a la uni­dad. Ma­ría, Ma­dre de Dios y Ma­dre nues­tra nos si­gue llaman­do hoy con re­no­va­do amor a la con­ver­sión, a la ora­ción y la pe­ni­ten­cia. Aquí he­mos pues­to a sus pies nues­tros go­zos y es­pe­ran­zas, nues­tros su­fri­mien­tos y tra­ba­jos, y le he­mos pe­di­do por la con­ver­sión de nues­tra dió­ce­sis y del mun­do en­te­ro.

+ Jo­sep Àngel Saiz Me­ne­ses
Obis­po de Te­rras­sa

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