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‘Un re­ga­lo, una opor­tu­ni­dad y un desa­fío’, por Ju­lián Ruiz Mar­to­rell, obispo de Huesca y de Jaca

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Que­ri­dos her­ma­nos en el Se­ñor:

Os de­seo gra­cia y paz. Con el inicio del mes de sep­tiem­bre, a me­dio camino en­tre la man­ga cor­ta y las pri­me­ras pren­das de abri­go, tie­ne lu­gar un cam­bio, en nues­tras activida­des y en el modo de dis­tri­buir el tiem­po, que con­cier­ne a nues­tra con­di­ción de cris­tia­nos animados por el Es­pí­ri­tu para co­men­zar un nue­vo cur­so pas­to­ral, que es un re­ga­lo, una opor­tu­ni­dad y un desa­fío.

Un re­ga­lo, un don pro­ce­den­te del Se­ñor, que nos ofre­ce el tiem­po -cada día, cada ins­tan­te- como algo iné­di­to, sor­pren­den­te y abier­to. Vi­vir es re­ci­bir un to­rren­te de gra­cia, un ma­nan­tial de luz, un cau­dal de fuer­za e ilu­sión. Na­die, por más que se es­fuer­ce, po­dría aña­dir un pal­mo de vida a sus días. Todo lo recibi­mos del Se­ñor y a Él se lo de­be­mos agra­de­cer con sen­ci­llez y hu­mil­dad.

Cada ama­ne­cer, des­pués de una pla­cen­te­ra no­che de des­can­so o tras una su­ce­sión de ho­ras de in­som­nio, es un signo de amor que tie­ne su ori­gen en Dios. Un amor que nos en­vuel­ve, que se des­plie­ga en mi­les de acon­te­ci­mien­tos que tie­nen un sen­ti­do, una orien­ta­ción y un sig­ni­fi­ca­do.

2) Una opor­tu­ni­dad para con­tri­buir ac­ti­va­men­te en la cons­truc­ción del Reino de Dios, de modo que la Bue­na Nue­va pue­da lle­gar a quie­nes nos en­con­tra­mos en el ca­mino. A nues­tro lado hay mu­chas per­so­nas he­ri­das que han de ser acom­pa­ña­das en la vida de fe. He­mos de sa­ber dar sig­nos de con­sue­lo y esperanza. Es pre­ci­so vi­vir en lo co­ti­diano la ale­gría del Evan­ge­lio para ge­ne­rar es­pe­ran­za en el mun­do.

Du­ran­te los pró­xi­mos me­ses es­ta­re­mos en con­tac­to con di­fe­ren­tes for­mas de vida, con mu­chos protagonis­tas de his­to­rias di­ver­sas y va­lio­sas. Los ni­ños que dan sus pri­me­ros pa­sos en la fe y a quie­nes acom­pa­ña­mos en su ini­cia­ción cris­tia­na. Los ado­les­cen­tes que asu­men su per­so­nal sín­te­sis de fe. Los jóve­nes que avan­zan en el co­no­ci­mien­to de Je­su­cris­to y en el com­pro­mi­so den­tro de la Igle­sia. Los adultos que vi­ven en un mun­do in­di­fe­ren­te y poco re­cep­ti­vo a la pro­pues­ta cris­tia­na de vida. Los mayores ins­ta­la­dos en una so­cie­dad que ol­vi­da sus raí­ces y ca­mi­na desorien­ta­da. Los an­cia­nos cuya sabidu­ría no se va­lo­ra y no se re­co­no­ce.

Co­no­ce­re­mos a mu­chas per­so­nas que su­fren en so­le­dad y aba­ti­mien­to, per­so­nas mar­ca­das por el do­lor y la es­pe­ran­za, hom­bres y mu­je­res que tran­si­tan en­tre el éxi­to y el fra­ca­so, el gozo y la zo­zo­bra, la felicidad y la bús­que­da de com­pa­ñía.

3) Un desa­fío se­ña­la­do por los ob­je­ti­vos y las ac­cio­nes del Plan Dio­ce­sano de Pas­to­ral 2016-2021 y las prio­ri­da­des pas­to­ra­les que mar­ca­rán nues­tro re­co­rri­do en los pró­xi­mos me­ses.  Sa­be­mos que las Unidades Pas­to­ra­les son ne­ce­sa­rias para tra­ba­jar me­jor, con ma­yor ilu­sión, con me­jor de­di­ca­ción, con ma­yor en­tre­ga, con más ale­gría. Se­gui­re­mos co­la­bo­ran­do con ilu­sión en la Pas­to­ral Vo­ca­cio­nal pi­dien­do al Se­ñor que sus­ci­te res­pues­tas po­si­ti­vas a la lla­ma­da que Él mis­mo siem­bra en los co­ra­zo­nes. Nos compro­me­te­mos a man­te­ner­nos en sin­to­nía con el Ma­gis­te­rio de la Igle­sia para ser fer­men­to evangelizador. Que­re­mos au­men­tar nues­tra ac­ti­tud de es­cu­cha di­li­gen­te de la pa­la­bra de Dios. Necesitamos rea­li­zar un es­fuer­zo para es­tar cer­ca de las fa­mi­lias con la luz del Se­ñor Je­su­cris­to.

A to­dos los agen­tes de pas­to­ral os ex­pre­so, una vez más, el re­co­no­ci­mien­to y la gra­ti­tud de toda la Diócesis. Mu­chas gra­cias a los sa­cer­do­tes, per­so­nas con­sa­gra­das y se­gla­res. Cada uno, en vues­tra responsa­bi­li­dad per­so­nal y com­par­ti­da sois muy im­por­tan­tes, no so­la­men­te por lo que ha­céis, sino fundamen­tal­men­te por ser quie­nes sois: tes­ti­gos va­lien­tes y ge­ne­ro­sos que vi­vís con ale­gría el don de la fe y sen­tís la ur­gen­cia, la res­pon­sa­bi­li­dad y la ne­ce­si­dad de co­mu­ni­car la fe.

Re­ci­bid mi cor­dial sa­lu­do y mi ben­di­ción.

+ Ju­lián Ruiz Mar­to­rell,

Obis­po de Hues­ca y de Jaca

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