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un Ipad en el jardín

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Estoy en un jardín. En pleno Madrid se puede escuchar el canto de los pájaros y oler los últimos perfumes de jazmín antes de que la explosión del caluroso verano, ya a las puertas, transmute el verde por el dorado.
El placer de la tierra bajo tus pies y el cielo descubierto y límpido me permite disfrutar más aún de un iPad que tengo en mis manos. Sumergido en el mundo de lo virtual con una suave brisa acariciando mi rostro,los pensamientos fluyen sin barreras en una formidable y lucida armonía.
Entroncado y enraizado en lo más sencillo,en lo que nos da sustento y fundamento,en la naturaleza,la tecnología adquiere una dimensión trascendente que me impresiona.
En pocos minutos he pasado de analizar los últimos documentos publicados por la Heritage Foundation de Washington a comprobar las reacciones en Francia a la vuelta del pequeño Nicolás. Sin más esfuerzo que el movimiento de mis dedos he recorrido los más importantes diarios del mundo, he visto videos realizados en China relativos al aniversario de las matanzas del 89 en Tiananmen, maravillosas fotos del mar en Formentera, estadísticas demográficas de toda Europa,a un cocinero mejicano dando una receta de mole con chocolate,me he descargado el Tratado sobre la Población de Robert Malthus y con los dedos sobrantes me he comido una docena y media de cerezas…
Se qué todo esto no pasa de ser una reflexión de un hijo de la mitad del siglo XX,alguien para el que la antropología,la teodicea ,la metafísica o la logica aristotelica o tomista daban soporte al pensamiento. Alguien que todavía cree que Twitter y whatsapp no podrán construir un muro a la verdadera reflexión y a la pasmada e inmarcesible contemplación de la belleza.
El puro que he encendido y ya paladeo me aparta del teclado,seguro que Vds.amigos lectores  lo agradecen…

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