PUBLICIDAD

La santa indiferencia en San Ignacio de Loyola

|

san_ignacio_de_loyola-3En su libro de Ejercicios Espirituales, San Ignacio de Loyola con una experiencia personal bien acreditada presenta a toda persona cuatro disyuntivas que son: enfermedad / salud; riqueza / pobreza; honor / deshonor; vida corta / vida larga. El Santo se sitúa ante Dios y opina que hemos de buscar una total indiferencia entre dichas cuatro realidades y sus opuestas, que debemos situarnos conformes entre ambas orillas con la posición que Dios adopte para nosotros. Naturalmente a todos nos agradan la salud, las riquezas, los honores, la prosperidad de la vida colmada de toda clase de dones. Por el contrario nos parecen repugnantes y dañosas las enfermedades, la pobreza, las desgracias, las calumnias. Aun prescindiendo del instinto natural del placer sensible, las cosas agradables nos parecen incluso espiritualmente muy útiles y hasta productivas. Decimos: cuánto bien se puede hacer con la salud, con el dinero se puede comprar hasta el Cielo, con los honores se puede hacer más por el Reino de Dios, y con una vida larga y próspera se pueden multiplicar las obras de celo. Sin embargo nos dice San Ignacio que nosotros no debemos buscar, desear ni ambicionar estos supuestos bienes, ni siquiera ponernos en estado de alerta y de defensa contra los otros supuestos males, debemos mantenernos en estado de indiferencia racional que es equilibrio de facultades, dominio de la voluntad, y confianza y abandono en Dios. La indiferencia equivale prácticamente a la verdadera voluntad de no ofender a Dios, al santo abandono en las manos de Dios, a juzgar sobrenaturalmente de lo que llamamos valores morales y materiales de la vida, abandonarnos a Dios que es bueno, confiar en Él que todo lo dispone para nuestro bien, estar contentos del sistema que usa, del modo como nos trata, tomarlo todo como venido de sus santas manos. He ahí la filosofía de la vida y el secreto de la felicidad: aceptar la enfermedad con la misma fe con que se acepta la salud, ser pobres a gusto, como otros son ricos a gusto, estar contentos de las cosas que nos resultan bien, y bendecir a Dios en las desgracias. Más de uno afirmará que estoy en la luna, ya que esas recomendaciones parecen infantiles para las ambiciones humanas actuales. Pero el Evangelio de Jesús es tan actual hoy, como hace 950 años. El mismo Jesús indicó que su forma de pensar y de actuar era totalmente contrario a lo que usaba la sociedad de su tiempo. San Ignacio de Loyola tuvo una transformación radical, de mundano en espiritual, de ambicioso en humilde, de violento en manso, de materialista en hombre de Dios, transformación que no fue obra de un momento, sino de largos años. Adquirió esa maravillosa indiferencia ante la salud o la enfermedad, ante las riquezas o la pobreza, una indiferencia así es obra de santos, pero ¿por qué no pretenderla aunque sea muy de lejos?

Comentarios

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada.