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Misa Crismal en Alcalá

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Ayer por la mañana estuve en la Misa Crismal, presidida por el señor obispo, don Juan Antonio Reig Plá, con lleno en la Catedral -la Magistral de Alcalá-: la mitad de su aforo ocupada, como no podía ser de otra manera dada la celebración, por casi doscientos sacerdotes, diocesanos y regulares.

La ceremonia, dignísima, muy cuidada, con un maestro de ceremonias que lo tenía previsto  todo, hasta el más mínimo detalle; oficiaban también dos diáconos: uno de ellos proclamó el Evangelio. Y ayudaban todos los seminaristas, cada uno en su papel. El coro, muy profesional, lo mismo que la organista. Se cantó tanto en latín como en lengua profana.

La Homilía del señor obispo, espléndida, dirigida muy especialmente -era obligado- a los sacerdotes; pero todo dicho delante de los fieles: cosa que nos hacía bien tanto a ellos como a nosotros.

Una Homilía, preparadísima y sin un solo papel, que nos transportó totalmente fuera de los tópicos oficiosos -ominosos, clericalones y omnipresentes- de las “prédicas” al uso: ni una sola referencia al buenismo, al ecologismo, al infantilismo, a la falta de doctrina -que no tiembla ni al rozar las herejías-, a la sociología barata, a las sandeces y demás baratillos pseudoeclesiales del momento presente.

Una Homilía dignísima, con cuerpo y alma, con cabeza y corazón, piadosa, centrada en una cita del Apocalipsis que el señor obispo fue desgranando paso a paso, saboreándola con sentimiento, profundidad y ciencia, para irnos llevando -y mostrarnos- lo que es y significa “ser sacerdote de Cristo Jesús”: sin Él, y sin su Iglesia, no hay sacerdocio que valga, ni nada que se le parezca; como no habría Cristo entregado a los hombres, ni menos aún Iglesia. Cristo es el alma, es el Esposo de su Esposa, la Iglesia; pero los sacerdotes somos su entramado más íntimo: como su “esqueleto”, si se me permite la expresión (que es mía, y no de monseñor Reig Plá: para que, si he bajado el nivel, cosa perfectamente posible, nadie se lo pueda echar en cara a él).

Al final de la ceremonia, perfumada toda ella por el incienso usado con generosidad, cuando nos despidió a los sacerdotes –bueno: hasta la hora de la comida fraterna, que no iba a tardar mucho-, tuvo un cariñoso recuerdo, para los sacerdotes que, por diversos motivos -edad, salud, convalecencia-, no habían podido venir, citándolos con nombre y apellidos, y dando las circunstancias de cada uno.

Y luego, la comida, por la que fue pasando, agradeciendo y saludando cariñosamente a todos el bueno de don Juan Antonio. Y muy querido por todos.

Nos ha citado para los primeros días de Junio, cuando la Diócesis celebrará el 400º aniversario del magnífico -y nunca olvidado- Milagro de la Sagradas Formas de Alcalá.

Y allí estaremos, Dios mediante.

¡Muchísimas gracias, de corazón a don Juan Antonio Reig Plá, por su corazón y buenísimo hacer de Pastor, a la medida del corazón de Cristo!

 

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9 comentarios en “Misa Crismal en Alcalá
  1. A UNO:

    Creo que, por las razones que sean, careces de capacidad para para dar opinión sobre monseñor Reig Pla. No hay peor ciego que el que no quiere ver. Para aprender todos necesitamos algo de mansedumbre y de humildad.

    1. ¿Estamos en una página que se permite insultar a un papa, pero parece que no se puede criticar a un Obispo?
      ¿Se puede llamar católica?
      La capacidad de dar la opinión, me la da, el haberlo conocido y ver que muchas decisiones suyas, carecen de sentido racional.

  2. He escuchado muchas homilías de Reig Pla, y de lo que me alegro es de no tener que escuchar ninguna más. «Dime de qué presumes y te diré de qué careces». Palabras bonitas, hechos incoherentes.

    1. Creo que, en tu caso, te faltan muchos hervores y no «uno» solo. Pero ya se sabe que lo que la naturaleza no concede ni Salamanca -la de antes, la famosa- no puede conceder ni suplir.
      Hay gentes que si no ponen su «caga…ta» allí por donde transitan no se relajan. Especialmente cuando ni oyen, ni ven, ni entienden…, ni lo pretenden: solo buscan ensuciar todo lo que no se les ha ocurrido a ellos -les es imposible, por el motivo apuntado-, precisamente porque no se les ha ocurrido, y porque no supera sus muchísimas cortedades.

    2. Dice el refranero español: «no está hecha la miel para la boca del asno». Y no lo digo en plan despectivo ni de supuesto menosprecio. Simplemente me acojo a nuestro sabio refranero en su mirar simple y profundo. Si a vd. le dicen que lea las obras de San Agustín o de San Juan de la Cruz, es fácil que no las entienda porque, en la vida y lectura espiritual, hace falta pasar antes por otros muchos libros y vivencias interiores. Que ya me lo decía mi profesor de literatura en COU -y ya lo he contado repetidamente- que no se puede leer cierta literatura sin formación literaria para sacarle el gusto . Lo mismo pasa con conferencias magistrales de buenos catedráticos o maestros de cualquier tipo, incluido el espiritual. Mire a ver porque me parece que algo de eso le pasam, si va de buena fe; contra la malicia si que no tendría vd. remedio si la busca y persiste en ella.

  3. Monseñor Reig Plá es fácilmente el mejor obispo en la España actual, donde lamentablemente escasean obispos de esa categoría. Pena que Francisco no lo haya nombrado para Madrid. En todo caso, como San Agustín que era obispo de Hipona, un lugar lejano de los grandes centros eclesiásticos de la época, no dejó de tener una influencia enorme en su época, también un buen obispo en una diócesis secundaria puede hacer un gran bien no solo para su propia Iglesia sino también para la Iglesia entera. En otra diócesis, yo escuché una homilía del obispo que trataba del famoso clericalismo y daba pena escucharla.

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