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«EL ESTADO SE IMPONE». O NO.

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Así titula un diario nacional lo de Cataluña: «El Estado se impone». Es un diario que, por cobardía o por falta de nivel intelectual y moral, lleva muchos años ciego a la realidad española; cuando no cooperando a esa misma ceguera o, como mínimo, a un grave desenfoque de la misma, que inocula a sus lectores. Intencionadamente, como es lógico. Me refiero al ABC, claro.

Porque no es verdad. El Estado no se ha impuesto, porque el «procés» -léase, «prusés»- no ha empezado en Puigdemont; no es de ahora sino que viene de muy lejos; que se ha «surtido» de las concesiones o cesiones de soberanía por parte del gobierno central -el de Madrid, para entendernos-, estuviese allí quien estuviese -PSOE y PP: a veces uno, otras otro; los dos, por cierto, con la misma «liberalidad» con lo que no era suyo: la soberanía nacional-, y bien engrasados los ejes del independentismo con el dinero -a espuertas: legal y extralegalmente, según tuviesen necesidad de los votos catalanes en Madrid- para gobernar «a como diese lugar», unos y otros. Aún nos resuenan a algunos aquello del ilustre y magno estadista -por segundo apellido Zapatero; ¡pobre Venezuela y pobres venezolanos!, por cierto-, diciendo públicamente que «lo que salga del Parlament, lo asumiré en Madrid», o así.

Máxime cuando los catalanistas e independistas no han engañado nunca a nadie: ni con el dinero que le han sacado al Estado, ni con sus intenciones, ni con el 3%, ni con el ir pidiendo más y más autonomía…, hasta que sólo les ha quedado pedir la titularidad completa, porque todo lo demás ya lo habían conseguido.

Los sesudos opinadores o tertulianos del grupo, tanto en prensa como en radio -salvo «Julius», el único que mantiene la coherencia intelectual porque sabe lo que significa-, se están echando las manos a la cabeza con lo sucedido, sin más profundidad histórica que lo de este último mes, o desde hace un par de meses como mucho. ¿Alguna «nota» o apelación por su parte a las cesiones de los gobiernos centrales en educación, a la abolición del castellano, a la inoculación del odio a lo español, a la siembra del independentismo, al rechazo patológico a España y lo que significa, a la manipulación de la historia: la catalana y la española, al dineral con el que se les ha untado, a la inoperancia de la Justicia en aquel terreno español, a la impunidad con la que han robado y saqueado las arcas públicas: o sea, las nuestras, al mirar para otro lado por parte de esos gobiernos centrales…?

Desde hace 40 años TODO ha sido un cambalache entre Madrid y Cataluña; más Madrid y País Vasco; más Madrid y Andalucía. Y una mentira hacia la ciudadanía, no hay que olvidarlo. Pero eso sí: ahora en Madrid se quieren poner «exquisitos», dárselas de buenines -«no queremos hacer lo que nos están obligando a hacer»-; de que van a hacer cumplir la ley -un paripé: sólo han trincado a personas de segunda fila, no han tocado a ninguno de más arriba por «intocables», y todo por un juez también de segunda fila y que no tiene nada que perder, por si acaso-; y siguen con las mismas mañas: van a asumir los gastos de Cataluña, que es lo que llevan haciendo 40 años, insisto, vendiéndonos la burra de «para que no gasten en lo que no deben»: ¡pero si esto lo llevan haciendo desde siempre en democracia! ¿Cuántas veces ha tenido que asumir Madrid la deuda con las farmacias, por ejemplo? ¿O las nóminas de los funcionarios? ¿O con la deuda catalana?

Y, claro, tampoco saben cómo arreglar el tema -ni opinadores ni gobernantes-, porque no quieren ni oír hablar de dónde está -dónde nace y se genera- el problema. Porque esto sólo se arregla «rebobinando»: «vuelta a empezar», y «borrón y cuenta nueva». Pero, naturalmente, para hacer eso hay que empezar reconociendo: «nos hemos equivocado». Y estos políticos nuestros -que están dando un espectáculo vomitivo: unos por un tema y otros por otro, desde el PP hasta la extrema izquierda, pasando por el PSOE y siguiendo con C’s- no lo van a hacer, y hay que comprenderlos: es pedirles demasiado. Y es quitarles su eterna coartada, en la que están instalados desde hace 40 años. ¿En qué se iban a esconder entonces?

Por cierto, todo esto es extrapolable al País Vasco y a Andalucía: porque el problema es el mismo, lo están financiando los mismos gobiernos centrales, su voracidad y su impunidad es la misma…, y la solución, por tanto, no puede ser distinta.

Los vascos, «oficialmente», están callados por el último «pelotazo» que le sacaron a Madrid hace unos poquitos meses; y claro, hay que ser «algo» educados y mantener las formas, un mínimo, al menos; pero no se han privado de acosar miserablemente a Madrid con el tema catalán -también estos últimos días-, preparando la próxima «puja» a obtener de Madrid, y con un ojillo puesto en lo que sacan los catalanes para ver si el conviene lo mismo o no.

De los andaluces, la Presidenta está muy ocupada con lo suyo, con Sánchez, con la corrupción que no cesa, con los tribunales que amagan pero no acaban de dar, con las rebajas de otoño, etc. Pero en cuanto se alivie un poco, ya volverá a las andadas; porque, además, quiere ser el repuesto de «jefe», y para eso necesita al PP: no le basta con el PSOE. Y el PP también la necesita, como «necesita» a los vascos.

Comentarios
1 comentarios en “«EL ESTADO SE IMPONE». O NO.
  1. Bueno ahora ha entrado en masa, en el gobierno de Madrid, los comunistas, y éstos no se andan con chiquitas, van a lo que van, a dividir España e implantar el régimen totalitario comunista, con las consecuencias que ello lleva consigo, dejar España hecha un secarral y sujeta al imperio del estado.

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