Profanación en San Pedro: León XIV corrige la pasividad de Gambetti y ordena reparación inmediata

Profanación en San Pedro: León XIV corrige la pasividad de Gambetti y ordena reparación inmediata

El pasado 10 de octubre la Basílica de San Pedro, corazón de la cristiandad, volvió a ser escenario de un acto sacrílego. Durante la misa celebrada en el altar de la Confesión, bajo el majestuoso baldaquino de Bernini, un hombre se desnudó y trató de orinar delante de los fieles. Las imágenes, difundidas rápidamente, provocaron estupor e indignación en todo el mundo.

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No se trata de un hecho aislado. Es la tercera profanación en menos de tres años en el mismo altar. En junio de 2023 un hombre se desnudó sobre el altar mayor con un mensaje pintado en la espalda; en febrero de 2025 otro individuo destruyó seis candelabros y dañó el altar. Aquella vez ni siquiera se realizó el rito de reparación.

Tres sacrilegios en tan poco tiempo no son casualidad, sino la prueba de que la Basílica de San Pedro, la iglesia madre de la Iglesia, no está siendo custodiada con la seriedad y la vigilancia que merece. Y el responsable directo de esa custodia es el cardenal Mauro Gambetti, arcipreste de la Basílica Vaticana.

La intervención del Papa

Según reveló Silere non possum, al ver las imágenes del último sacrilegio, el Papa León XIV no ocultó su “asombro y amargura”. Pero no se quedó en la reacción: ordenó de inmediato que se celebrara un rito penitencial de reparación en la Basílica, el primer día laborable posible, como establece el Ceremoniale Episcoporum.

La decisión del Papa era lo mínimo exigible. Lo escandaloso es que fue necesaria. Porque el cardenal Gambetti había decidido no realizar el rito de reparación, como si el altar mayor de San Pedro pudiera seguir utilizándose sin reconciliarse litúrgicamente tras semejante profanación.

El hecho de que el Papa tuviera que intervenir personalmente para ordenar lo que cualquier arcipreste diligente debería haber hecho de inmediato es un motivo de vergüenza para la Iglesia.

Gambetti en el centro de la crítica

No es la primera vez que Gambetti reacciona con tibieza. Tras la profanación de febrero de 2025, cuando se causaron daños materiales graves al altar, tampoco se celebró rito de reparación. Esa pasividad, repetida ahora, deja en evidencia una gestión indolente que minimiza el valor sagrado de la Basílica de San Pedro.

Estamos hablando del lugar donde reposan los restos del San Pedro, el altar donde se celebra la misa del Papa, el corazón litúrgico de la Iglesia católica. Que ese lugar sea profanado una y otra vez, y que su custodio mire hacia otro lado, es sencillamente intolerable.

La dignidad de San Pedro no puede ser negociable

León XIV ha hecho bien en ordenar el rito penitencial y por recordar a todos que San Pedro no es un museo, ni un auditorio turístico, sino el lugar más sagrado de la Iglesia. Pero que el Papa tenga que dar una orden expresa para algo tan obvio es un escándalo en sí mismo.

Si Gambetti no entiende la gravedad de lo ocurrido, si no es capaz de reaccionar con la firmeza que exige custodiar el altar mayor de la cristiandad, entonces lo honesto sería relevarlo de esa responsabilidad. La Basílica Vaticana necesita pastores celosos y vigilantes, no administradores distraídos. Lo que está en juego no es un simple protocolo litúrgico, sino la fe del pueblo de Dios y el respeto debido al lugar donde Pedro dio testimonio hasta derramar su sangre.

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