El obispo de Córdoba ha reflexionado en su última carta pastoral sobre el sentido profundo de la alegría cristiana en el tercer domingo de Adviento, conocido como el domingo de la alegría.
Citando al apóstol Pablo, el prelado recuerda: “Alegraos siempre en el Señor; os lo repito, alegraos. Que vuestra mesura la conozca todo el mundo. El Señor está cerca” (Flp 4,4). Esta alegría, según explica, es una invitación constante que surge del amor de Dios y su manifestación en Cristo.
El obispo enfatiza que el corazón humano está diseñado para ser amado y amar. “Dios te quiere feliz. Caer en la cuenta de este amor de Dios, manifestado plenamente en Cristo Jesús, sacia el corazón humano y le hace capaz de amar de la misma manera”, señala en su misiva. En este sentido, la reciente encíclica del Papa Francisco, Dilexit nos, ilustra esta temática: el amor de Dios hacia el ser humano, un amor que perdona y que espera una respuesta de amor en correspondencia.
La Navidad y su auténtica alegría
En su reflexión, el obispo advierte sobre las distorsiones de la verdadera alegría cristiana, especialmente en un tiempo marcado por el consumismo. “Llegados estos días nos invade la sociedad de consumo, la incitación continua a encontrar la felicidad en el tener, en el placer”, alerta, subrayando que esta búsqueda superficial puede desembocar en insatisfacción y la conocida «cuesta de enero».
Por el contrario, señala que la auténtica alegría de la Navidad proviene de un motivo mucho más profundo: “La alegría cristiana viene porque el Señor está cerca, porque vamos a vivir de nuevo esa cercanía de Dios, que llega a hacerse hombre en un niño indefenso y frágil”. Este mensaje, asegura, no solo despierta compasión sino que invita al compromiso y la entrega hacia los más necesitados.
Preparar el corazón para el misterio
La carta pastoral también destaca la importancia de la preparación espiritual en estos días. El obispo explica que “la liturgia cristiana tiene la capacidad de traernos realmente el misterio que celebramos”. Invita a los fieles a centrar su atención en el Niño de Belén y su entorno, dejando de lado las distracciones. “Preparemos nuestro corazón para acoger a Jesús, pidámosle a su Madre un corazón como el suyo, para acogerle como merece”, exhorta.
Con esta invitación, el obispo llama a todos a vivir una Navidad auténtica, basada en el amor de Dios y la alegría profunda que transforma el corazón humano, alejándose de lo superficial para centrarse en lo esencial del misterio del nacimiento de Cristo.