Mons. Francisco Pérez: «Las obras de la carne producen una esclavitud que no tiene límites»

Francisco Pérez Mons. Francisco Pérez, arzobispo de Pamplona
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Sobre la libertad y los peligros de la carne ha escrito en su reciente carta pastoral el arzobispo de Pamplona, monseñor Francisco Pérez.

«Uno de los temas que más se enarbolan en cualquier diálogo tanto en los ámbitos sociales como políticos y culturales es el sentido de la libertad. Si somos demócratas es porque somos libres; si salen leyes antinaturales es porque somos libres; si se promueven manifestaciones es porque somos libres; si no es necesario creer en un ser superior es porque somos libres; si se promueven ámbitos educacionales insustanciales es porque somos libres; si el libertinaje es divertido es porque somos libres. Y así podríamos ir enumerando situaciones diversas y distintas con la muletilla de que: ¡Somos libres! Como si la libertad no tuviera su propia identidad», comienza la misiva del arzobispo.

Francisco Pérez recuerda que «valorar la libertad es valorar las decisiones justas y auténticas. No podemos confundir libertad con apetencias personales que expresan la falta de raciocinio y reflexión a la hora de actuar y decidir».

Además, el prelado sostiene que «la libertad tiene como base y cimiento el amor a Dios y a los demás» y afirma que «la libertad no es manipulable, es la vocación de todo el género humano y exige la renuncia a cualquier tipo de dependencia, abriéndonos a un horizonte de servicio en el que los demás tienen un lugar preferencial». Pérez González subraya que «si los demás no tienen cabida en nosotros, puede suceder que nos sintamos bien aparentemente y hasta saborear que la “vida nos sonría”, pero no podemos decir que somos libres, pues la libertad no se regodea en el egoísmo sino en la generosidad».

De igual modo, no duda en señalar que «la libertad no es “pretexto para la carne” y para buscar los propios intereses. “Se dice que alguien vive según la carne cuando vive para sí mismo. En este caso por carne se entiende todo el ser humano. Ya que todo lo que proviene del desordenado amor a uno mismo se llama obra de la carne” (San Agustín, De civitate Dei 14,2). Y las obras de la carne producen una esclavitud que no tiene límites».

Para ello propone hacer «un examen sobre lo que –en ámbitos superficiales- se proclama como si fuera libertad cuando es todo lo contrario: “Están claras cuáles son las obras de la carne: La fornicación, la impureza, la lujuria, la idolatría, la hechicería, las enemistades, los pleitos, los celos, las iras, las riñas, las discusiones, las envidias, las embriagueces, las orgías y cosas semejantes. Sobre ellas os prevengo, como ya os he dicho, que los que hacen esas cosas no heredarán el Reino de Dios. En cambio, los frutos del Espíritu son: la caridad, el gozo, la paz, la longanimidad, la benignidad, la bondad, la fe, la mansedumbre, la continencia” (Ga 5, 19-23). A Dios no se le ningunea, y menos no se le deprecia o devalúa a la hora de valorar la libertad humana», agrega.

El arzobispo de Pamplona asegura que «los vientos de una sociedad desnortada parece que, muchas veces, busca la libertad en las “obras de la carne” y sabemos que esto es muy arriesgado y nocivo; a los hechos me remito. De ahí después que las consecuencias psicológicas y afectivas se disparen en angustia existencial y frustración vital».

Monseñor Francisco Pérez pone el foco en que «la libertad, por tanto, no es para hacer simplemente lo que queramos, cumplir cada uno de nuestros caprichos, de nuestros deseos, de nuestros egoísmos. Eso se llama libertinaje». La libertad- prosigue el arzobispo- «es un gran regalo que si se sabe usar bien dignifica al ser humano. ¡Es más feliz quien enarbola la libertad con su sentido fundamental que quien la utiliza para sus propios intereses egoístas!»

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Comentarios
3 comentarios en “Mons. Francisco Pérez: «Las obras de la carne producen una esclavitud que no tiene límites»
  1. ¿Y que produce el expolio bajo la bota de Bildu de los mártires de la Tradición de las Merindades de Navarra?. Lo pagarés muy caro por vuestra repugnante tibieza.

  2. Pues los hay que quieren prolongar la esclavitud, «para no ofender» al que tiene las cadenas.

    Por lo visto, liberarle de sus cadenas se asimila a un látigo o castigo, cuando en realidad es la verdadera Misericordia.

    Sugerir que hay que elegir Verdad y Misericordia es firma satánica clarísima. Allá donde se pongan trabas para anunciar la Verdad redentora al amparo de un sentimentalismo mal entendido, allá está el humo de Satanás.

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