¿A quién le interesa el Sínodo de Omella y los suyos?

¿A quién le interesa el Sínodo de Omella y los suyos?

La Comunidad de Lanceros ha comentado el documento que la Conferencia Episcopal va a llevar a la fase continental del Sínodo de los obispos, que ya se ve que ha dejado de ser de los obispos para ser de alguien más. Síntesis hecha por el equipo sinodal de la Conferencia Episcopal Española, presidido por un obispo jubilado que no se caracterizó nunca por ser un líder en las diócesis que estuvo, sino todo lo contrario. Al menos ahora le estarán pagando los viajes y las comidas. 

Ninguno de los miembros de la Comunidad de Lanceros ha escuchado en sus parroquias nada del Sínodo en los últimos diez años. El Sínodo le interesa a los que viven de la Iglesia sinodal, que debe ser una Iglesia distinta de la de la calle. También puede ser que el Sínodo esté en manos de quienes quieren utilizar el Sínodo para imponer su modelo de Iglesia o los cambios en la doctrina moral que necesitan. 

Vayamos al documento que hicieron público cargado de lugares comunes, de ambigüedades, de imprecisiones.    

Dice la síntesis que “el equipo sinodal de la Conferencia Episcopal Española hemos realizado un esfuerzo de síntesis, siendo fieles a las aportaciones recibidas e intentando reordenar las propuestas para integrarlas en el esquema que pidió la Secretaría General del Sínodo”. Convendría que fueran un poco más precisos y dijeran cuántas fueron las aportaciones recibidas y quiénes fueron los que las hicieron. Añaden además que “aunque el tiempo para la reflexión y el trabajo diocesano en esta etapa continental ha sido corto y la participación menor que en la fase anterior, la experiencia y el camino recorridos hasta el momento permiten afirmar que la sinodalidad avanza en nuestra Iglesia que peregrina en España”. La participación ha sido menor respecto a qué. ¿Cuánta ha sido? Lo decimos para tener una mínima idea de a quién representan los que han participado, no vaya a ser que se representen a sí mismos. Si la vez anterior que presentaron un documento sinodal, del que nadie se acuerda, habían participado unas 215.000 personas en algunas de sus fases en toda España, un 0,78% de los católicos españoles, ¿cuántos lo han hecho ahora para llegar a tan relevantes conclusiones?  

Vayamos a lo molar. Dicen, entre otras cosas, que “somos conscientes de que no estamos ante un documento magisterial y de que no se trata de un documento definitivo, pero percibimos que recoge en esencia las esperanzas y preocupaciones del pueblo de Dios”. Si no es un documento magisterial, es un documento con el mismo valor que un periódico gratuito de los que reparten en el metro. Y si no es definido, ¿para qué dedicarle tiempo? Esperemos al definitivo a ver si es algo o nada magisterial. 

“Sigue resonando con intensidad la invitación a ser una Iglesia en salida, en el contexto de la secularización que vivimos en Europa y en España”. Creemos que lo que necesita la secularización es una Iglesia misionera, una nueva Evangelización, que se hable de Jesucristo, que se predique con obras y palabras su Evangelio. Lo importante “ha sido la gran coincidencia en la importancia del ecumenismo y del diálogo interreligioso, que amplía el espacio de nuestra tienda, la Iglesia”. Eso lo dirán por todos la cantidad de judíos y protestantes que hay en España. Ah, que lo dicen por los musulmanes. Es cierto, es importante el diálogo con los musulmanes para que no pase lo que ustedes ya saben. 

De nuevo la bronca a los sacerdotes y echarle la culpa a los laicos, que sale gratis, aparentemente, porque cuando hay que pedir dinero a quién se lo piden, a los laicos pasivos. Se ve que esto no lo han debido escribir ni sacerdotes ni laicos, quizá lo hayan hecho los obispos: “El trinomio «comunión, participación y corresponsabilidad» aparece repetidamente en las aportaciones, admitiéndose que existen impedimentos para crecer en ellos, particularmente por las resistencias del clero y la pasividad de los laicos”.   

Una frase curiosa, “se detecta con fuerza la tensión del clericalismo que lleva a confundir el servicio con el poder”. Igual lo dicen por los obispos que confunden servicio con poder y se convierten en autócratas en sus diócesis y prohíben, por ejemplo, que sus curas escriban o hablen en las redes. O por los curas que niegan la comunión en la boca. 

Como no podía ser de otra forma, están los tópicos al uso, el escándalo de los abusos sexuales, los jóvenes, aunque reconocen que no han hecho ni puñetero caso a esto del Sínodo, el papel de las mujeres en la Iglesia: “Reconocer definitivamente el papel de la mujer en la Iglesia y fomentar su participación, plena y en condiciones de igualdad, en todos los niveles de la vida eclesial y, en particular, en el gobierno de las instituciones”. El problema es que las mujeres no están en el gobierno de las instituciones. Si quien gobierna en la Iglesia con potestad plena son los obispos, deduzcan ustedes. 

No podía faltar la obsesión por lo LGTBI+: “Potenciar la acogida en nuestras comunidades, particularmente a cuantos se sienten excluidos por su procedencia, situación afectiva, orientación sexual u otros motivos”. ¿Conocen ustedes en España alguna parroquia que no se acoja a todas esa personas?

Un año de reuniones para llegar a las conclusiones de acoger a los gays, otra vez con lo pobrecitas las mujeres en la Iglesia y con las resistencias del clero. Esto antes de empezar ya sabíamos que iba a suceder.

Por cierto, un miembro de la comunidad pregunta. Y todo esto, ¿cuánto ha costado?

Diego Lanzas

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