¿Qué sabemos de los Reyes Magos?

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Mañana se celebra el día de la Epifanía del Señor y en muchos países se celebra a los Reyes Magos. ¿Quiénes son exactamente? ¿Eran realmente reyes? ¿Cuántos eran?

(Mercaba.org)- Los «sabios de Oriente» que vinieron a adorar a Jesús en Belén (Mateo 2).

Los racionalistas consideran el Evangelio como ficción; los católicos insisten en que es una narración de hechos, basando su interpretación en la evidencia de los manuscritos y versiones, y en citas patrísticas. Toda esta evidencia resulta irrelevante para los racionalistas; clasifican la historia de los Magos dentro de las llamadas «leyendas de la infancia de Jesús», añadidos apócrifos tardíos a los Evangelios. Admitiendo únicamente la evidencia interna, dicen que esta evidencia no resiste el examen del criticismo.
– Juan y Marcos callan. Esto se debe a que comienzan sus Evangelios con la vida pública de Jesús. Que Juan conoció la historia de los Magos puede deducirse del hecho que Ireneo (Adv. Haer., III, ix, 2) lo testimonia; por Ireneo nos ha llegado la tradición juánica.

-Lucas calla. Naturalmente, porque el hecho es narrado de modo adecuado en el otro sinóptico. Lucas narra la Anunciación, detalles sobre el Nacimiento, la Circuncisión y la Presentación de Cristo en el Templo, hechos de la infancia de Jesús que el silencio de los otros tres Evangelistas no hace legendarios.

– Lucas contradice a Mateo y hace volver al Niño Jesús a Nazaret inmediatamente después de la Presentación (Lucas 2, 39). Este regreso a Nazaret debió de ser o antes que los Magos viniesen a Belén o después del exilio en Egipto. La no contradicción está comprometida.

En este artículo la cuestión será tratada en dos divisiones:

I. Quiénes eran los Magos
II. Tiempo y circunstancias de su visita

I. QUIÉNES ERAN LOS MAGOS

A. Evidencia no-bíblica

Podemos conjeturar la evidencia no-bíblica a partir de un significado probable de la palabra magoi. Herodoto (I, ci) es nuestra autoridad para suponer que los Magos eran de la casta sagrada de los Medos. Proveían de sacerdotes para Persia y, dejando de lado vicisitudes dinásticas, siempre mantuvieron sobre sus dominios influencia religiosa. Al jefe de esta casta, Nergal Sharezan, Jeremías da el título de Rab-Mag, «Mago-Jefe» (Jeremías 39, 3; 39, 13, en el hebreo original -las traducciones de los Setenta y de la Vulgata son aquí erróneas). Después de la caída del poder de Asiria y de Babilonia, la religión de los Magos perdió influencia en Persia. Ciro sometió totalmente a la casta sagrada; su hijo Cambises la reprimió severamente. Los Magos se sublevaron y pusieron a Gaumata, su jefe, como Rey de Persia con el nombre de Smerdis. Sin embargo, fue asesinado (521 a. C.), y Darío fue nombrado rey. Esta caída de los Magos fue celebrada en Persia con una fiesta nacional llamada magophonia (Her., III, lxiii, lxxiii, lxxix). No obstante, la influencia religiosa de esta casta sacerdotal continuó en Persia a través del gobierno de la dinastía Aquemenida (Ctesias, «Persia», X-XV); y no es inverosímil pensar que en tiempos del nacimiento de Cristo fuese bastante floreciente bajo el dominio parto. Estrabon (XI, ix, 3) dice que los sacerdotes magos formaron uno de los dos consejos del Imperio parto.

B. Evidencia bíblica

La palabra magoi frecuentemente tiene el significado de «mago» [magician], tanto en el Antiguo como en el Nuevo Testamento (ver Hch 8, 9; 13, 6, 8; también los Setenta en Daniel 1, 20; 2, 2, 10, 27; 4, 4; 5, 7; 11, 15). San Justino (Tryph., lxxxviii), Orígenes (Cels., I, lx), San Agustín (Serm. xx, «De epiphania») y San Jerónimo (In Isa. xix, 1) encontraron el mismo significado en el segundo capítulo de Mateo, aunque esta no es la interpretación común.

C. Evidencia Patrística

Ningún Padre de la Iglesia sostuvo que los Magos tenían que ser reyes. Tertuliano (Adv. Marcion., III, xiii) dice que fueron de estirpe real (fere reges), y por eso coincide con lo que hemos concluido en la evidencia no-bíblica. Por otra parte, la Iglesia en su liturgia aplica a los Magos las palabras: «Los reyes de Tarsis y de las islas ofrecerán presentes; los reyes de Arabia y de Saba le traerán sus regalos: y todos los reyes de la tierra le adorarán» (Salmo 71, 10). Pero este uso del texto refiriéndose a ellos no prueba más que eran reyes que viajaban desde Tarsis, Arabia y Saba. Como frecuentemente sucede, una acomodación litúrgica de un texto ha venido a ser considerada con el tiempo una interpretación auténtica fuera de él. No eran magos [magicians): el significado correcto de magoi, aunque no se halla en la Biblia, es requerido por le contexto en el segundo capítulo de San Mateo. Estos Magos pueden no haber sido otros que miembros de la casta sacerdotal anteriormente referida. La religión de los Magos era fundamentalmente la de Zoroastro y prohibía la hechicería; su astrología y habilidad para interpretar sueños fue ocasión de su encuentro con Cristo» (Ver ASPECTOS TEOLÓGICOS DEL AVESTA).

La narración evangélica no menciona el número de Magos, y no hay una tradición cierta sobre esta materia. Varios Padres hablan de tres Magos; en realidad se hallan influenciados por el número de regalos. En el Oriente, la tradición habla de doce obsequios. En el cristianismo primitivo el arte no es un testimonio consistente:

– una pintura en el cementerio de San Pedro y San Marcelino muestra a dos;

– otra en el Museo Laterano, tres;

– otra en el cementerio de Domitila, cuatro;

– un jarrón en el Museo Kircher, ocho (Marucchi, «Eléments d’archéologie chrétienne», Paris, 1899, I 197).

Los nombres de los Magos son tan inciertos como su número. Entre los Latinos, desde el siglo VII, encontramos ligeras variantes en los nombres, Gaspar, Melchor y Baltasar; el Martirologio menciona a San Gaspar el primero de Enero, San Melchor el día seis y San Baltasar el once (Acta SS., I, 8, 323, 664). Los sirios tienen a Larvandad, Hormisdas, Gushnasaph, etc.; los armenios Kagba, Badadilma, etc. (Cf. Acta Sanctorum, May, I, 1780). Dejando de lado la noción puramente legendaria según la cual representan a las tres familias que descienden de Noé, aparecen como provenientes de «oriente» (Mat., ii, 1, 2, 9). Al oriente de Palestina sólo la antigua Media, Persia, Asiria y Babilonia tienen un sacerdocio de Magos en el tiempo del nacimiento de Cristo. Los Magos vinieron desde alguna parte del Imperio Parto. Probablemente cruzaron el desierto de Siria, entre el Eufrates y Siria, llegando a Haleb (Aleppo) o Tudmor (Palmyra), recorriendo el trayecto hasta Damasco y hacia el sur, en lo que ahora es la gran ruta a la Meca (darb elhaj, «el camino de los peregrinos»), continuando por el Mar de Galilea y el Jordán por el oeste hasta cruzar el vado cerca de Jericó. No hay tradición precisa de la denominada tierra «del oriente». Según San Máximo (Homil. xviii in Epiphan.) es Babilonia; también Teodoto de Ancyra (Homil. de Nativitate, I, x); según San Clemente de Alejandría (Strom., I, xv) y San Cirilo de Alejandría (In Is. xlix, 12) es Persia; según San Justino (Cont. Tryphon., lxxvii), Tertuliano (Adv. Jud., ix) y San Epifanio (Expos. fidei, viii) es Arabia.

II. TIEMPO Y CIRCUNSTANCIAS DE SU VISITA

La visita de los Magos tuvo lugar después de la Presentación del Niño en el Templo (Lucas 2, 38). Los Magos habían partido poco antes de que el ángel dijese a José que tomase al Niño y a su Madre y fuese a Egipto (Mateo 2, 13). Antes Herodes había intentado infructuosamente que los Magos retornasen, lo que deja fuera de toda duda que la presentación ya habría tenido lugar. Surge con ello una nueva dificultad: después de la presentación, la Sagrada Familia volvió a Galilea (Lucas 2, 39). Se piensa que este retorno no fue inmediato. Lucas omite los incidentes de los Magos, la huida a Egipto, la matanza de los Inocentes y el retorno desde Egipto, y retoma la historia con la vuelta de la Sagrada Familia a Galilea. Nosotros preferimos interpretar las palabras de Lucas como indicando un retorno a Galilea inmediatamente después de la presentación. La estancia en Nazaret fue muy breve. Tiempo después la Sagrada Familia volvió probablemente a permanecer en Belén. Entonces vinieron los Magos. Era «en tiempos del rey Herodes» (Mateo 2, 1), i. e., antes del 4 a. C. (A.V.C. 750), fecha probable de la muerte de Herodes en Jericó. No obstante, sabemos que Arquelao, hijo de Herodes, sucedió como etnarca a su padre en una parte del reino, y fue depuesto o en su noveno año (Josefo, Bel. Jud., II, vii, 3) o en el décimo (Josefo, Antiq., XVII, xviii, 2), durante el consulado de Lepido y Arruntio (Dion Cassis, lv, 27), i. e., 6 d. C. Por otra parte, los Magos vinieron mientras el rey Herodes estaba en Jerusalén (vv. 3, 7), no en Jericó, i. e., o al comienzo del 4 a. C. o al final del 5 a. C. Por último, eso fue probablemente un año, o un poco más de un año, después del nacimiento de Cristo. Herodes preguntó a los Magos el tiempo en que apareció la estrella. Considerando esto como el tiempo del nacimiento del Niño, mató a los varones de dos años para abajo en Belén y sus alrededores (v. 16). Algunos Padres concluyen de esta cruel matanza que los Magos llegaron a Jerusalén dos años después de la Navidad (San Epifanio, «Haer.», LI, 9; Juvencio, «Hist. Evang.», I, 259). Su conclusión tiene visos de probabilidad; aunque la matanza de los niños de dos años puede haberse debido a alguna otra razón -por ejemplo, al temor de Herodes de que los Magos le hubiesen engañado en lo que a la aparición de la estrella se refiere o que los Magos se hubiesen equivocado en la unión de la aparición de la estrella con el nacimiento del Niño. Arte y arqueología favorecen nuestro punto de vista. Únicamente un monumento primitivo representa al Niño en el pesebre mientras los magos adoran; en otros Jesús permanece sobre las rodillas de María y bastante crecido (ver Cornely, «Introd. Special in N. T.», p. 203).

Desde Persia, de donde supuestamente vinieron los Magos, hasta Jerusalén había un trayecto de entre 1000 y 1200 millas. En semejante distancia debieron emplear entre tres y doce meses en camello. Además del tiempo del viaje, emplearon probablemente varias semanas de preparación. Los Magos pudieron haber llegado a Jerusalén un año o más después de la aparición de la estrella. San Agustín (De consensu Evang., II, v, 17) opina que la fecha de la Epifanía, el seis de Enero, prueba que los Magos llegaron a Belén trece días después de la Natividad, i. e., después del 25 de Diciembre. Su argumento conforme a las fechas litúrgicas era incorrecto. Ninguna fecha litúrgica es, ciertamente, fecha histórica (Para una explicación de las dificultades cronológicas, ver Cronología Bíblica, Fecha de la Natividad de Jesucristo). En el siglo IV las Iglesias de Oriente celebraban el 6 de Enero como la fiesta del Nacimiento de Cristo, la Adoración de los Magos y el Bautismo de Cristo, mientras que en el Occidente el Nacimiento de Cristo era celebrado el 25 de Diciembre. Esa fecha tardía de la Natividad fue introducida en la Iglesia de Antioquía en tiempos de San Juan Crisóstomo (P. G., XLIX, 351), y todavía más tarde en las Iglesias de Jerusalén y Alejandría.

Que los Magos pensaron que la estrella les dirigía es evidente por las palabras (eidomen gar autou ton astera) que emplea Mateo en 2, 2. ¿Era realmente una estrella? Los racionalistas y los protestantes racionalistas, en sus esfuerzos por evadirse del sobrenatural, elaboraron algunas hipótesis:

i La palabra aster puede significar un cometa; la estrella de los Magos era un cometa.

i La estrella pudo haber sido la conjunción de Júpiter y Saturno (7 a. C.), o de Júpiter y Venus (6 a. C.).

i Los Magos pudieron haber visto una stella nova, una estrella que aumenta de repente en tamaño y brillo y luego disminuye de nuevo.

Estas teorías dejan de lado la explicación de que «la estrella que habían visto en el oriente, estaba delante de ellos hasta que vino a pararse sobre el lugar donde estaba el Niño» (Mateo 2,9). La posición de una estrella fija en el cielo varía al menos un grado cada día. Una estrella no fija pudo moverse delante de los Magos hasta conducirles a Belén; ninguna estrella fija ni ningún cometa pudo haber desaparecido y aparecido ni tampoco pararse. La Estrella de Belén sólo pudo haber sido un fenómeno milagroso, como fue la columna de fuego que permaneció en el campamento durante el Éxodo de Israel (Éxodo 13, 21), o el «resplandor de Dios» que brilló en torno a los pastores (Lucas 2, 9), o «la luz proveniente del cielo» que abatió a Saulo (Hechos 9, 3).

La filosofía de los Magos, aunque errónea, les condujo en su viaje hasta que encontraron a Cristo. La astrología de los Magos postulaba una contrapartida celestial como complemento del hombre terreno y condicionaba por completo la personalidad humana. Su «doble» [los fravashi de los parsis) se desarrollaba junto con cada hombre bueno, unidos los dos hasta la muerte. La aparición repentina de una nueva y brillante estrella sugirió a los Magos el nacimiento de una persona importante. Ellos vinieron a adorarlo -i. e., a conocer la divinidad de este Rey recién nacido (vv. 2, 8, 11). Algunos Padres (San Ireneo, «Adv. Haer.», III, ix, 2; Progem. «in Num.», homil. xiii, 7) pensaron que los Magos vieron en «su estrella» un cumplimiento de la profecía de Balaam: «Una estrella brillará sobre Jacob y un cetro brotará de Israel» (Números 24, 17). Pero en el paralelismo de la profecía, la «Estrella» de Balaam es un gran príncipe, no un cuerpo celeste; no es probable que en virtud de este mensaje profético los Magos siguieran a una estrella especial del firmamento como un signo del Mesías. Además, es probable que los Magos estuvieran familiarizados con las grandes profecías mesiánicas. Muchos judíos no volvieron del exilio con Nehemías. Cuando nació Cristo, había indudablemente población hebrea en Babilonia, y probablemente también en Persia. Por alguna razón, la tradición hebrea sobrevivió en Persia. Por otra parte, Virgilio, Horacio, Tácito (Hist., V, xiii) y Suetonio (Vespas., iv) dan testimonio de que, en tiempos del nacimiento de Cristo, había por todo el Imperio Romano una inquietud y expectación generalizadas de una Edad de Oro y un gran liberador. Podemos admitir sin dificultad que los Magos estaban guiados por tales influencias hebraicas y gentiles para esperar al Mesías que pronto vendría. Pero debió de ser alguna revelación especial divina el motivo por el cual conocieron que «su estrella» significaba el nacimiento de un rey, que ese rey recién nacido era verdadero Dios y que debían seguir «su estrella» hasta el lugar del nacimiento del Dios-Rey (San León, Serm. xxxiv, «In Epiphan.», IV, 3).

La venida de los Magos causó gran conmoción en Jerusalén; todos, incluso el rey Herodes, escucharon su pregunta. Herodes y sus sacerdotes deberían haberse puesto contentos con las noticias, pero estaban tristes. Llama la atención que los sacerdotes mostrasen a los Magos el camino, de lo cual se deduce que no habrían hecho el camino por sí mismos. Los Magos siguieron la estrella unas 6 millas hacia el sur de Belén, «y entrando en la casa [eis ten oikian], encontraron al niño» (v. 11). No hay razón para suponer, con algunos Padres (San Agustín, Serm. cc, «In Epiphan.», I, 2), que el Niño aún estaba en el establo. Los Magos adoraron (prosekynesan) al Niño Dios, y le ofrecieron oro, incienso y mirra. Dar regalos obedecía a una costumbre oriental. La intención del oro es clara: el Niño era pobre. No conocemos la intención de los otros regalos. Los Magos no pretenden probablemente un significado simbólico. Los Padres han encontrado numerosos y variados significados simbólicos en los tres regalos; no está claro que alguno de estos significados sea inspirado (cf. Knabenbauer, «in Matth.», 1892).

Los Magos escucharon en sueños que no volviesen a Herodes y «volvieron a su país por otro camino» (v. 12). Ese camino pudo haber sido un camino por el Jordán, de tal manera que eludiese Jerusalén y Jericó; o un rodeo hacia el sur a través de Berseba, al este del camino principal (ahora la ruta de la Meca) en el territorio de Moab y allende el Mar Muerto. Se dice que después de su retorno a su patria los Magos fueron bautizados por Santo Tomás y trabajaron mucho para la propagación de la fe en Cristo. La historia es narrada por un escritor arriano no antes del siglo VI, cuya obra está impresa como «Opus imperfectum in Mattheum» entre los escritos de San Juan Crisóstomo (P. G. LVI, 644). Este autor admite que lo ha descrito a partir del apócrifo Libro de Seth, y escribe sobre los Magos algo que es claramente legendario. La catedral de Colonia contiene los que pretenden ser los restos de los Magos; éstos, se dice, fueron descubiertos en Persia, llevados a Constantinopla por Santa Elena, transferidos a Milán en el siglo V y a Colonia en 1163 (Acta SS., I, 323).

WALTER DRUM/Mercaba.org

Transcrito por John Szpytman
Traducido por José Demetrio Jiménez

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Comentarios
29 comentarios en “¿Qué sabemos de los Reyes Magos?
  1. Hoy habló en su homilia el sacerdote. Dijo que con los «magos» quedaba demostrada que la ciencia va unida con la fe, ya que los magos eran personas de ciencia, astrónomos, , y la gente así les decía.
    Ellos conocían las escrituras por avidez de conocimiento, y escudriñaban el firmamento por la misma causa. Ellos llegaron a la conclusión del nacimiento del Niño Dios por tener humildad, cultura y amor a la Verdad. Fe y ciencia no se contradicen. Qué bonito que personas tan ilustres y dignas, hiciéran ese viaje para besar los piecesitos del Niñito Dios.

  2. Falta una hipótesis en el artículo. En el libro de Daniel 2,48 se dice que Daniel llegó a ser «jefe supremo de todos los sabios de Babilonia». Los magos podrían representar a los hebreos de la diáspora, descendientes de las diez tribus dispersas que no retornaron del exilio. En la esperanza mesiánica judía había una fuerte expectativa en la reintegración de los hebreos dispersos. En la oración de las «Dieciocho bendiciones», sin duda conocida en la comunidad judeocristiana en que se escribe el evangelio de san Mateo, se pide el retorno de los exiliados al sonido del «gran shofar».
    En ese caso, los magos no representarían la manifestación del mesías a los pueblos gentiles, como tradicionalmente se interpreta, sino el comienzo mesiánico de la reunión de las ovejas dispersas de Israel.
    Es otra hipótesis, pero que concuerda con la teología subyacente en el evangelio de san Mateo.

  3. El creyente cree de verdad en los Reyes Magos, sin reparar en que estos para honrar a Jesús provocaron un genocidio de niños de Belén. Estos daños colaterales desde luego no importan. Eran santos súbitos y listo.
    La verdad, que a ustedes no les interesa, ni quieren leer, es que esto no es una leyenda, sino una invención literaria realizada para que las gentes creyesen. No niego que lo hicieron bien, vistos los resultados. Es increíble lo que puede la imaginación humana. Miles de libros escritos sobre estos asuntos, imaginando si la estrella sería un cometa, o un ángel, si había o no asno y buey en el pesebre, etcétera.

    1. 1) El genocidio de niños inocentes lo provocó Herodes y no los magos, en todo caso.

      2) Los relatos evangélicos no son «invenciones literarias». Historiadores de la antigüedad como Suetonio o Tácito recogen que hacia ese tiempo se había extendido por todo el Oriente la creencia de que aparecería un rey en Judea que regiría sobre el mundo. Estos reportes de los historiadores no cristianos dan plena verosimilitud al relato bíblico.

    2. ¿No será usted el rey mago Baltasar, de Sineu (Mallorca), que se ha negado a entrar en la iglesia diciendo que él es musulmán?
      Hay una cosa que no entiendo: si usted no es creyente, ¿qué coj…s pinta aquí? ¡Sus argumentos son la leche!: «… sin reparar en que estos para honrar a Jesús provocaron un genocidio de niños de Belén. Estos daños colaterales desde luego no importan». Su señora madre para parirle tuvo que soportar dolores, y hasta es probable que tuvieran que darla puntos, y nadie le va a acusar a usted de daños colaterales si tiene la cabeza gorda.

    3. Le aconsejo que se lea a Fray Luis de Granada y sus páginas preciosas sobre los Santos Inocentes. Aunque me temo que tal vez, si le falta la visión de eternidad de la vida, es decir, que todo tiene un fin pero para lo Eterno, tal vez tampoco lo comprenda . Pero inténtelo. El Nacido , viene a morir por todos, y Herodes no mata a uno sino que corona a multitud.

    4. No sé si se han fijado que este artículo está reciclado, por lo que no tiene mucho sentido preguntar al troll qué hace aquí: no hace nada; absolutamente nada, porque sus chorradas las escribió hace tres años. Desde entonces, o ha cambiado de nick, o ha madurado, o igual lleva ya tiempo criando malvas.

  4. Walrus. El genocida fue Herodes el grande. Hay un número importante de relatos bíblicos inexplicables desde eln racionalismo o desde el positivismo. A pesar de ello el creyente acepta «el paquete» completo pues cuestionar algunas partes termina haciendonos una religión a «medida» o bien en un cinismo como el tuyo. Para el que cree no se necesita ninuna demlstracion y para el que no cree no hay explicacion posible. Esto sin contar el buen número de leyendas y fábulas que son asistidas por los nuevos cientificos. (El origen natural de la homosexualidad, la eficacia del profilactico, las bondades del veganismo, el efecto de la demografía sobre el efecto invernadero, etc)

    1. Exacto, o como la mandanga de los multiversos para esquivar el Big Bang, única teoría cosmlógica que se corresponde con los hechos observados. Curioso, la ciencia descansa en las hipótesis que son verificadas por la experiencia comprobada, pero cuando la experiencia comprobada apunta a un FIAT creador, los hechos molestan y se pasa entonces a dar cancha a la mitología amparada por una serie de ecuaciones que no dicen nada. Es entonces cuando elevan a científicos como el finado Hawking a la categoría de gurú. El asunto de los multiversos; el universo como holograma; el universo increado o creado a sí mismo; el rollo de Prigogine y sus malabares termodinámicos para sustentar la tesis de que Dios no es necesario… todo ello es pura especulación, pura mitolgía atea. Sin embargo, siempre olvidan a aquellos gigantes de la ciencia que afirmaron sin complejos que sin Dios todo lo que vemos en la biología o en una noche estrellada carece de explicación.

  5. ! Ah!, me faltó decir que el asno y el buey, representan a las personas ignorantes.
    Que no acaban de creer pero tienen buen corazón, y con su vaho calentaron al Niñito Dios. Ya Dios que es tan bueno, les pagará su servicio abriendo sus entendederas. Las orejotas y los cuernos se les caerán poco a poco, y,,,! Hasta parecerán personas!!
    ¿😁, esa fábula está bonita?

  6. Pardiez, Walrus, ¿les quieres quitar el puesto de trol a Desidereo, José Guillermo PF, LonyDriver, …?
    Creía que no cabía un trol más, y apareces tú, Walrús.
    Feliz epifanía.

  7. “Tal vez fueran astrónomos, pero no a todos los que eran capaces de calcular la conjunción de los planetas, y la veían, les vino la idea de un rey en Judá, que tenía importancia también para ellos. Para que la estrella pudiera convertirse en un mensaje, debía haber circulado un vaticinio como el del mensaje de Balaán”, “podían haber concurrido a que se pudiera percibir en el lenguaje de la estrella un mensaje de esperanza. Pero todo ello era capaz de poner en camino solo a quien era hombre de una cierta inquietud interior, un hombre de esperanza, en busca de la verdadera estrella de la salvación”. “Eran sabios; representaban el dinamismo inherente a las religiones de ir más allá de sí mismas; un dinamismo que es búsqueda de la verdad, la búsqueda del verdadero Dios, y por tanto filosofía en el sentido originario de la palabra”.
    “Podemos decir con razón que representan el camino de las religiones hacia Cristo, así como la autosuperación de la ciencia con vistas a él. »
    Benedicto XVI

  8. Que obsesión con las religiones. Así es como después se hermanan a los allatollas e imanes, demostrando lo que vale la suya. Una buena reflexión para ahora, cuando los musulmanes Religiosos piden guerra y más guerra. Excelente definición de lo que para usted es Filosofía, Ratzinger. El día en que oso decir dos palabras acerca de la realidad de esa otra religión, lo hicieron callar enseguida.

    1. Los únicos que estáis obsesionados ( y otras cosas) con las religiones, sois los ateos. Se ve que vuestra condición no os hace muy felices…

      1. No se esfuerce, Blanca, que como he dicho más arriba ese troll colocó su deposición hace tres años. Además, viendo las faltas que comete (el sustantivo «allatolla» mal escrito, el adjetivo «Religiososos» en mayúscula sin venir a cuento, o la confusión de sustantivo «oso» -nombre de animal- con la tercera persona del singular del verbo «osar» -atreverse-, da buena cuenta de la cultura de ese individuo y lo informado que está. ¡Como para dar lecciones, siendo casi analfabeto! De ahí su sectarismo (la ignorancia es muy atrevida).

  9. Todo el articulo deja un sabor amargo, parece escrito por un hereje modernista, pero muy ilustrado.

    Y lo peor de todo es el ultimo párrafo, en el cual desautoriza a Santa Elena (nada menos) ya que él «sabe más» (¿acaso estuvo allí en ese momento?) Muy soberbio.

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