El espurio esfuerzo por convertir al Papa Pío XII en un villano

Pío XII judíos holocausto
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David Kertzer afirma haber descubierto comunicaciones secretas entre el Papa en tiempos de guerra y los nazis, pero su libro contiene numerosos errores.

(Public Discourse/Ronald Rychlak) El legado de Pío XII, el Papa al frente de la Iglesia católica durante la Segunda Guerra Mundial, ha estado rodeado de polémica durante décadas. Después de la guerra, su pontificado se vio envuelto en un debate: ¿fueron suficientes sus esfuerzos para ayudar a las víctimas del Holocausto? ¿O mantuvo un «santo silencio» sobre la maldad perpetrada por los nazis? La controversia llamó la atención por primera vez en la década de 1960, cuando el Kremlin puso en marcha su campaña de desinformación anticristiana, centrándose en el recién fallecido Papa y aireando sus supuestos fallos durante la Segunda Guerra Mundial.

Para llegar a la verdad, el sucesor de Pío XII, el Papa Pablo VI, encargó a cuatro sacerdotes jesuitas que rebuscaran en los archivos del Vaticano para encontrar documentos centrados en la Santa Sede y la guerra. Así, se reunió una colección de once volúmenes, conocida como Actes et Documents du Saint Siège relatifs à la Seconde Guerre Mondiale («Actes et Documents»).

Lamentablemente, ese esfuerzo no logró acabar con el debate, por lo que en 2020 el Vaticano abrió archivos previamente sellados que contenían unos dieciséis millones de páginas de documentos primarios, con la esperanza de resolver las preguntas sin respuesta. Obtuve las credenciales, los permisos y la financiación para trabajar en Roma ese verano de 2020, pero el Covid-19 cerró los archivos y retrasó mis planes de investigación.

David Kertzer, de la Universidad de Brown, llegó en mejor momento. Él y su equipo llegaron pronto, un poco antes del cierre, y regresaron tan pronto como fue posible tras la reapertura. Esa investigación de los archivos acabó produciendo su nuevo libro, El Papa en guerra: la historia secreta de Pío XII, Mussolini y Hitler.

Desgraciadamente, el libro de Kertzer se basa en una agenda previa y comete varios errores de hecho. El autor no hace un balance de las recientes contribuciones académicas sobre el historial de Pío XII y acaba tergiversando u omitiendo por completo información clave.

Hay al menos siete libros sobre Pío XII con fechas de publicación de 2020 o posteriores. Son los libros de Johan Ickx (Le Bureau. Les Juifs de Pie XII, 2020), Michael Hesemann (The Pope and the Holocaust: Pius XII and the Secret Vatican Archives, 2022), Christian Jennings (Syndrome K: How Italy Resisted the Final Solution, 2022), Gazegoraz Górny y Janusz Rosikon (Vatican Secret Archives, 2020), Cesare Catananti (Il Vaticano nella Tormenta, 2020) y Patrick Gallo (The Nazis, the Vatican, and the Jews of Rome, de próxima aparición), y todos ellos hacen una valoración positiva del papel de Pío XII durante la guerra. Sólo David Kertzer afirma haber encontrado pruebas condenatorias en los archivos.

Después de que el libro se imprimiera, fui a mi librería local y compré un ejemplar. Lo primero que hice fue comprobar la bibliografía. No había referencia alguna a Mark Riebling, Ion Pacepa, ni tampoco a mi obra, ni a ninguno de los nuevos libros sobre Pío XII mencionados anteriormente. Así, supe que Kertzer no estaba abordando los acontecimientos recientes más importantes en el debate sobre Pío XII, especialmente el papel del Papa en los complots para asesinar a Hitler y la campaña de desinformación del Kremlin contra él. Al evitar esos temas, Kertzer descalifica su libro y contradice lo que afirma ser: un «relato completo» de las «acciones de Pío XII durante la guerra, y por qué y cómo… tomó las tensas decisiones que tomó».

¿Nuevos hallazgos?

Lo que Kertzer denomina su «hallazgo más impactante» es que a las pocas semanas de la coronación de Pío XII en 1939, Hitler envió al príncipe Felipe de Hesse a negociar un acuerdo con el Vaticano. Kertzer dice de las negociaciones que «no las conocíamos hasta ahora». De hecho, en la página 58, acusa a los jesuitas editores de los Actes et Documents de haber «suprimido sistemáticamente toda referencia» a las conversaciones.

Kertzer simplemente se equivoca. Las conversaciones no son una nueva revelación ni son en absoluto impactantes. Las negociaciones fueron propuestas por Alemania mucho antes de que existieran los campos de exterminio. Nadie sabía cómo evolucionaría la persecución nazi, y el Papa tenía la oportunidad y la obligación de proteger los derechos y las vidas de las personas a su cargo. Así que aceptó las reuniones. Observo, a modo de apunte, que los ingentes esfuerzos humanitarios de la Iglesia nunca habrían tenido lugar si él hubiera rechazado las negociaciones y hubiera dejado sin protección las propiedades de la Iglesia en los territorios nazis.

Por otra parte, los editores de Actes et Documents no «suprimieron sistemáticamente» toda referencia a las comunicaciones entre el príncipe y Pío XII. Se pueden encontrar múltiples referencias a sus negociaciones en los volúmenes. El documento 254 del primer volumen de Actes et Documents es una nota en la que se afirma que «el príncipe de Hesse» participó en los preparativos secretos de una reunión entre el ministro de Asuntos Exteriores alemán Joachim von Ribbentrop y el Papa. La primera nota a pie de página del texto, añadida por los editores jesuitas, dice: «El príncipe Felipe de Hesse… actuó frecuentemente como intermediario entre Berlín y Roma» y señaló que «evidentemente tuvo muchas audiencias secretas con Pío XII».

El Vaticano publicó esa primera edición de los Actes et Documents en 1965. También puso el documento y la nota explicativa a pie de página en la página web del Vaticano en marzo de 2010, junto con el resto de la colección. De hecho, la introducción al segundo volumen de los Actes et Documents (páginas 20-21), escrita por los editores jesuitas, destaca las comunicaciones entre Alemania y el nuevo pontífice, incluyendo una nota sobre una visita del embajador alemán apenas tres días después de que Pío XII se convirtiera en Papa.

Ese pasaje continúa refiriéndose a una carta del Papa a Hitler. Kertzer habla de esa carta como si fuera el primero en descubrirla. Escribe: «Después de recibir al [enviado alemán] von Hessen, el Papa sacó una copia de la carta que había enviado a Hitler poco después de su elección como Papa, dos meses antes. La leyó en voz alta al príncipe y luego leyó la respuesta de Hitler». Sin embargo, Kertzer no menciona que la carta completa fue publicada en el volumen II de las Actas y Documentos (página 420) ni que fue puesta en la página web del Vaticano en 2010.

Esta carta, al igual que la propia reunión, formaba parte de un llamamiento para que Alemania diera marcha atrás y evitara un derramamiento de sangre catastrófico. El punto aquí, sin embargo, es que si los editores quisieran borrar toda evidencia de contacto entre el Papa y Hitler, nunca habrían publicado esta carta, que es un contacto más directo que cualquier reunión con un intermediario. Tampoco el Vaticano la habría puesto en línea. Además, aunque Kertzer comienza insinuando que las negociaciones terminarían en una vergonzosa capitulación del Papa, nada salió de ellas. Kertzer acaba admitiendo que «al final, no surgió ningún acuerdo formal…»

Fuentes anticuadas e incorrectas

Algunos de los errores de Kertzer son bastante sorprendentes. El último párrafo del capítulo ocho sugiere que Pío XII aseguró a Hitler que no respondería a los abusos nazis. La nota a pie de página no conduce a un nuevo documento de archivo, sino a una nota que dice que esto fue «citado por» Saul Friedländer en su libro de 1966. Sin embargo, Friedländer acabó cambiando su opinión sobre la actuación del Papa en la Segunda Guerra Mundial. En 2010, tras décadas de investigación, Friedländer defendía a Pío XII, destacando la aversión del Papa al nazismo y saludando su colaboración en la redacción de la encíclica antinazi del Papa Pío XI, Mit brennender Sorge.

Kertzer, por el contrario, afirma que «el cardenal Pacelli [Pío XII], preocupado por enemistarse con el Führer, desaconsejó [la publicación de Mit brennender Sorge]». Kertzer no ofrece ninguna fuente para esta afirmación, y simplemente se equivoca; esa encíclica era el proyecto de Pacelli. Los archivos dejan claro que él, el futuro Papa Pío XII, reforzó personalmente el lenguaje de la encíclica, cambiando incluso el título de «Con gran preocupación» a «Con ardiente ansiedad».

Kertzer repite un viejo bulo de que Pío XII era racista porque un memorando británico de después de la liberación de Roma dice que el Papa pidió que no se utilizaran «tropas de color» para proteger el Vaticano. Esta cuestión tiene su origen en un informe que recibió Pío XII sobre determinadas tropas francesas marroquíes. Eran particularmente brutales con los ciudadanos romanos. El Papa no quería que esos soldados estuvieran estacionados en Roma (ni en ningún otro lugar). Expresó su preocupación al enviado británico D’Arcy Osborne, quien amplió la declaración en su cable de vuelta a Londres, diciendo que el Papa no quería «tropas de color» estacionadas en el Vaticano. Que la preocupación del Papa se refería a tropas francesas marroquíes específicas quedó claro en un memorando confidencial desclasificado de la OSS, en un artículo que apareció en el periódico del Vaticano y en un mensaje enviado por el Vaticano a su representante en Francia. Ninguno de esos documentos hacía referencia a la raza, sólo a la preocupación del Papa por esas tropas en particular.

Poco después de que se abrieran los nuevos archivos, el investigador P. Hubert Wolf planteó preguntas basadas en sus hallazgos iniciales. Wolf sugirió que el Vaticano ocultó información sobre el Holocausto a los aliados. Kertzer repite esos argumentos en el capítulo veintitrés. Sin embargo, al igual que Friedländer, Wolf cambió de opinión después de hacer más trabajo. Descubrió que la Santa Sede respondía regularmente a las peticiones de ayuda de los judíos, con «dinero, comida o refugio» y que el Papa ayudaba a los judíos a obtener visados para escapar de la deportación nazi. Estos hallazgos posteriores, más precisos, contradicen la tesis de Kertzer, por lo que éste los ignoró.

Kertzer considera que la respuesta de Pío XII a la redada nazi de los judíos romanos del 16 de octubre de 1943 es incorrecta. Sostiene que las deportaciones no preocuparon lo suficiente al Papa porque se reunió con el enviado británico Osborne «el día en que los judíos eran obligados a subir al tren en Roma», pero supuestamente no mencionó las deportaciones. Además, cuando recibió al enviado estadounidense Harrold Tittmann «al día siguiente», tampoco mencionó a los judíos. Una vez más, Kertzer se equivoca.

Los archivos británicos muestran que Osborne informó a su gobierno sobre la respuesta del Vaticano: «Tan pronto como se enteró de las detenciones de judíos en Roma, el cardenal secretario de Estado mandó llamar al embajador alemán y formuló una protesta». El representante eslovaco Karol Sidor, a quien el Papa también había recibido, dijo: «Por orden del Santo Padre, más de cien judíos fueron … escondidos en la Casa Generalicia de los Jesuitas. Del mismo modo, los judíos y sus familias enteras fueron escondidos en todos los monasterios». Es cierto, sin embargo, que Tittmann no mencionó la redada en su informe, fechado el 19 de octubre.

Como se sabe desde hace al menos dos décadas (escribí por primera vez sobre ello en la edición de 2000 de Hitler, la guerra y el Papa), la fecha del 19 de octubre que figura en el informe es errónea. Otros registros establecen de manera concluyente que la reunión tuvo lugar el 14 de octubre. Por lo tanto, el Papa no pudo haber hablado de la redada del 16 de octubre pues no había tenido lugar. Si Kertzer hubiera hecho bien su trabajo, nunca habría cometido ese error.

Kertzer reconoce que los archivos no tienen ninguna «pistola humeante», y admite que «Pío XII y Adolf Hitler no se tenían afecto». Sin embargo, acusa al pontífice de despreciar el sufrimiento judío. Por supuesto, llegó a esa conclusión mucho antes de buscar en los archivos. En 2011, Kertzer dijo a Associated Press que Pío XII era un «cobarde moral», y en una serie de libros a lo largo de su carrera ha acusado a papas de diferentes épocas de abusar de los judíos. Esa actitud le lleva a hacer acusaciones realmente injustas -por ejemplo, sugiriendo que el esfuerzo de Pío XII por evitar la guerra fue simplemente un esfuerzo impulsado por la ambición de cumplir su «sueño de jugar a ser pacificador.»

Retrato injusto

Es cierto que hay alguna información nueva en este libro, pero el autor es tan injusto que a uno le cuesta destilar la verdad del sesgo.

Lo que sí sabemos de Pío XII, pero no por Kertzer, es que colaboró con los oficiales de la Wehrmacht que querían derrocar a Hitler. Se dirigieron al Papa y le pidieron que negociara un armisticio con los aliados si tenían éxito. También sabemos que Pío XII informó a los británicos sobre esta conspiración y que notificó con antelación a los Aliados sobre la invasión que Hitler planeaba en los Países Bajos, Bélgica y Luxemburgo. También sabemos que envió telegramas públicos compadeciéndose de las naciones invadidas. Sabemos que fue informado regularmente de los planes para asesinar a Hitler y que los conspiradores utilizaron su bendición para obtener nuevos apoyos para sus esfuerzos. También sabemos de numerosos homenajes y ofrecimientos de agradecimiento que fueron dados por individuos y grupos judíos a Pío XII, tanto después de la guerra como en el momento de su muerte.

En junio de 2022, el Archivo Histórico de la Segunda Sección de la Secretaría de Estado del Vaticano puso en línea documentos relativos a 2.700 solicitudes de ayuda de la Santa Sede por parte de judíos perseguidos. Estos archivos confirman el antiguo testimonio de los testigos sobre los incansables esfuerzos de Pío XII y sus oficinas para ayudar a las personas necesitadas, independientemente de su fe. Gracias a más de cuarenta intervenciones papales, cientos de miles de judíos fueron salvados de los campos de exterminio. En unos 25.000 casos, la Santa Sede ayudó a los judíos a escapar de los territorios ocupados por los nazis. Estos esfuerzos diplomáticos no aparecen en ninguna parte del libro El Papa en la guerra. Sólo con tales omisiones puede Kertzer mantener el argumento de que Pío XII fue indiferente al destino de los judíos.

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Comentarios
17 comentarios en “El espurio esfuerzo por convertir al Papa Pío XII en un villano
    1. Por eso es llamado el holocuento, a causa de las falacias. A todos nos obligan en el mundo entero, a repetir esas tonterías. Quien no lo hiciere, marcha preso, es expulsado de sus trabajos, de sus cátedras, etc.

  1. Los judíos han intentado desde el final de la II guerra implicar a la Iglesia católica en la parte oscura de su reescritura de la historia. Pueden ser hermanos mayores en la fe, pero como herederos de una misma herencia que no se puede dividir, «reeditan el gesto de Caín» (Mario Capponetto).

    Hay que leer «complot contra la Iglesia» de Maurice Pinay, para entender lo que está pasando.

    1. Los judíos no perdonan a Pío XII que el Gran Rabino de Roma, Israel Anton Zoller, se convirtiera al catolicismo y lo bautizara personalmente. Este tal David Israel Kertzer sigue en esa línea.

  2. Pío XII fue uno de los mejores Papas del siglo pasado. Por eso la leyenda negra promovida por el contubernio judeomasónico del NOM cae contra él. Y lo más lamentable es que desde la misma jerarquía vaticana se le lleva a ostracismo. De hecho llama la atención que han canonizado a pontífices controvertidos como Juan XXIII y Pablo VI, y en cambio de Pío XII no quieren saber nada, cuando les da mil vueltas a Roncalli y a Montini.

  3. Da igual lo que encuentren y publiquen a favor de Pío XII, dudo que los veamos en los altares… Ahora prima la política a la realidad sobrenatural en los palacios vaticanos.

  4. «Pío XII aseguró a Hitler que no respondería a los abusos nazis»

    No se NIEGA que, efectivamente, hay bibliografía al respecto. Se afirma que quien proporcionó esa biografía luego ‘cambió de opinión’ (30 años después).

    Lean la «Mit brennender Sorge». A ser posible en alemán. Y después cuénteme un cuento sobre lo ‘mucho’ que se opuso el papa Pío XII a Hítler.

    1. No sea ignorante: esa encíclica es de Pío XI (ONCE, como la organización de ciegos a la que usted parece pertenecer). Mucho tirarse el pisto con la lectura de la encíclica (y en alemán, nada menos) y ni siquiera se ha enterado de que es del Papa anterior al que se refiere este artículo.

    2. Léase el discurso de Navidad que hizo Pío XII en 1942 y luego atrévase a decirme que era un simpatizante del nazismo. Para que lo sepa, el papa en ese discurso denunció el exterminio de «los cientos de millares de personas que, sin culpa propia alguna, a veces sólo por razones de nacionalidad o de raza, se ven destinados a la muerte o a un progresivo aniquilamiento» (Palabras del mismo Papa).

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