Gil Tamayo toma posesión como arzobispo coadjutor de Granada

Javier Martínez y Gil Tamayo (Archidiócesis de Granada)
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Cientos de personas se dieron cita el pasado sábado en la catedral de Granada para dar la bienvenida al nuevo arzobispo coadjutor, José María Gil Tamayo.

La Eucaristía estuvo concelebrada por 36 arzobispos y obispos y 206 sacerdotes. Entre ellos, se pudo ver, entre otros, a Demetrio Fernández, obispo de Córdoba, Sebastián Chico, obispo de Jaén, Antonio Gómez Cantero, obispo de Almería, José Cobo, obispo auxiliar de Madrid, Ginés García Beltrán, obispo de Getafe o Luis Argüello, arzobispo de Valladolid

También asistieron distintas autoridades civiles, como los alcaldes de Granada y Ávila, militares, académicas, y representantes de la vida social y política de Ávila, Granada y Madrid.

Entre el numeroso Pueblo de Dios, también se encontraban fieles de toda la provincia de Granada, así como de las diócesis de Ávila -de donde procede D. José María-, Madrid y Mérida-Badajoz, diócesis originaria, incluso de su pueblo natal –Zalamea de la Serena.

La celebración comenzó con la acogida por parte del Cabildo catedralicio de ambos arzobispos, que llegaron juntos hasta la puerta de la Encarnación. Allí besaron el lignum crucis y accedieron para orar de forma personal unos minutos a los pies del altar.

Bienvenida de Javier Martínez a Gil Tamayo

La homilía corrió a cargo de Javier Martínez, arzobispo de Granada. Monseñor Martínez afirmó que la presencia de Gil Tamayo como arzobispo coadjutor de Granada es «un regalo y un gozo».

«Te recibe también con los brazos abiertos la Iglesia de Granada, una Iglesia viva, con cuerpo, con una bella historia de santidad y de presencia de santos y de hombres y mujeres de Dios desde sus orígenes, y luego desde su refundación tras los siglos de ocupación islámica, hasta nuestros días», dijo Martínez a Gil Tamayo durante la homilía.

Javier Martínez subrayó que «la misión de la Iglesia, “proclamar el evangelio” y ofrecer la vida de la Iglesia como propuesta actual de una humanidad redimida, no es en absoluto una misión de proselitismo o de propaganda: la Iglesia no crece en proporción a nuestros “proyectos” o a nuestros empeños (lo que no significa que no haya que hacerlos), sino que crece crece en la medida que crece en nosotros la belleza inmensa de la comunión, fruto de la caridad divina».

Gil Tamayo hace un llamado a proclamar el evangelio

Por su parte, al termino de la Santa Misa, el nuevo arzobispo coadjutor dedicó unas palabras a los presentes en la catedral granadina. «Vengo a ejercitar mi servicio episcopal en misión compartida con D. Javier, en profunda comunión con él y con el presbiterio de Granada. Querido D. Javier, gracias por su acogida y cariño que me ha dispensado desde que el Papa nos notificó mi nombramiento», agregó Gil Tamayo.

«Cada cristiano y cada comunidad discernirá cuál es el camino que el Señor le pide, pero todos somos invitados a aceptar esta llamada: salir de la propia comodidad y atreverse a llegar a todas las periferias que necesitan la luz del Evangelio”. Esta es la misión a la que de forma renovada estamos llamados en el aquí de nuestra tierra de Granada y de Andalucía, de España, en el ahora del siglo XXI, sin añoranzas estériles ni ilusionismo que nos paralicen o evadan de la tarea», apostilló el que fuera secretario general de la CEE.

Gil Tamayo ha pedido que «anunciemos el Evangelio en nuestro mundo, que se ha secularizado, siendo “evangelizadores con espíritu”, con experiencia de Cristo, y así pongamos a Dios en el centro de nuestra vida, de nuestras costumbres, de nuestra cultura. En coherencia con la tradición cristiana de nuestros mayores y, en respeto exquisito a la libertad de nuestros conciudadanos, ser consecuentes sin complejos con nuestra fe en lo personal y en lo social».

Ahora, solo falta por ver como transcurre el tiempo de co-gobernanza entre ambos, hasta que presente la renuncia Javier Martínez, aunque todo parece indicar que la relación entre ambos será mucho mejor que la que mantuvieron en la vecina diócesis de Almería cuando Adolfo González era obispo y tuvo de coadjutor a Gómez Cantero.

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