Por qué he firmado la carta abierta dirigida al episcopado alemán

Cordileone eucaristía políticos aborto
|

«Cada uno de los Obispos […] en cuanto miembros del Colegio episcopal y como legítimos sucesores de los Apóstoles, todos y cada uno, en virtud de la institución y precepto de Cristo, están obligados a tener por la Iglesia universal aquella solicitud que, aunque no se ejerza por acto de jurisdicción, contribuye, sin embargo, en gran manera al desarrollo de la Iglesia universal. Deben, pues, todos los Obispos promover y defender la unidad de la fe y la disciplina común de toda la Iglesia».

Este pasaje [n. 23] de la constitución dogmática sobre la Iglesia del Concilio Vaticano II, Lumen gentium, subraya una de las principales doctrinas articuladas y desarrolladas en el concilio: la colegialidad de los obispos entre sí y en unión con el obispo de Roma, y la solicitud que cada uno debe tener por la Iglesia universal, más allá de los límites de su propia iglesia local.

El decreto conciliar sobre el oficio pastoral de los obispos en la Iglesia, Christus Dominus, retoma este tema con mayor especificidad: «Los Obispos, como legítimos sucesores de los Apóstoles y miembros del Colegio Episcopal, reconózcanse siempre unidos entre sí y muestren que son solícitos por todas las Iglesias, porque por institución de Dios y exigencias del ministerio apostólico, cada uno debe ser fiador de la Iglesia juntamente con los demás Obispos. Sientan, sobre todo, interés por las regiones del mundo en que […] están en peligro los fieles de apartarse de los mandamientos de la vida cristiana e incluso de perder la fe» (n. 6).

Inspirado por esta enseñanza que hemos recibido del Concilio Vaticano II, esta semana he firmado una carta abierta fraternal a nuestros hermanos obispos en Alemania junto con otros setenta cardenales y obispos de todo el mundo (y el número de firmantes sigue creciendo). Dado que el camino sinodal alemán se aparta radicalmente de la doctrina establecida de la Iglesia y de la disciplina antigua y bien establecida, amenaza con causar un cisma en la Iglesia, incluso más allá de la propia Alemania. Nuestra expresión de preocupación está motivada por esta amenaza, especialmente cuando oímos a las principales voces de la Iglesia en Alemania rechazar la autoridad de la Escritura y la Tradición, en particular con respecto a las enseñanzas ininterrumpidas de la Iglesia en materia de moral sexual, ideología de género, los sacramentos y el ejercicio de la autoridad en la Iglesia.

La carta abierta, por tanto, es un ejercicio de la autoridad episcopal colegial dada a la Iglesia desde Cristo, y sigue a otras intervenciones recientes de miembros del Colegio de obispos, en particular, la carta de preocupación fraternal del presidente de la Conferencia episcopal polaca al presidente de la Conferencia episcopal alemana, y la carta similar de la Conferencia episcopal nórdica. Como recordamos a nuestros hermanos obispos en la carta abierta fraternal: «. . . La historia cristiana está plagada de esfuerzos bien intencionados que perdieron su fundamento en la Palabra de Dios, en el encuentro fiel con Jesucristo, en la verdadera escucha del Espíritu Santo y en la sumisión de nuestras voluntades a la voluntad del Padre. Estos esfuerzos fallidos ignoraron la unidad, la experiencia y la sabiduría acumulada del Evangelio y de la Iglesia. Al no tener en cuenta las palabras de Jesús: ‘Sin mí no podéis hacer nada’ (Jn 15, 5), fueron infructuosos y dañaron tanto la unidad como la vitalidad evangélica de la Iglesia. El camino sinodal de Alemania corre el riesgo de conducir precisamente a un callejón sin salida».

Firmé como arzobispo de San Francisco para que los fieles de mi propia archidiócesis sepan que me preocupa seriamente la acción de los obispos alemanes. Firmé para solidarizarme colegiadamente con los obispos de todo el mundo en oposición a la dirección del camino sinodal de la Iglesia alemana. A través de los contactos que tengo con la Iglesia en Alemania, también escuché las súplicas de los fieles católicos de Alemania para que la Iglesia de todo el mundo los apoye. Brindar a estos fieles católicos alemanes este apoyo y estímulo es otro acto de solidaridad por el bien de la unidad y la paz de la Iglesia.

En particular, espero que la carta deje claro que:

  1. Las conferencias episcopales no tienen autoridad para enseñar doctrinas contrarias a la enseñanza y la tradición de la Iglesia universal, ni para establecer la Iglesia católica en su país como una iglesia nacional independiente de la Iglesia una, santa, católica y apostólica.
  2. Los Diez Mandamientos no están sujetos a revisión. Ningún ser humano tiene autoridad para modificar ninguno de los Diez Mandamientos. Es un escándalo que cualquier obispo sugiera que la Iglesia católica modifique el orden divino en relación con la castidad.
  3. El celibato sacerdotal es un valor precioso en la vida y la misión de la Iglesia y no debe dejarse de lado. Si las vocaciones sacerdotales son escasas, las comunidades católicas deberían hacer un examen de conciencia sobre cómo viven el Evangelio.
  4. La Iglesia no tiene poder para ordenar mujeres al sacerdocio. San Juan Pablo II hizo una declaración definitiva al respecto. Si bien el diaconado es un orden diferente al del sacerdocio, existe una unidad entre los rangos del Orden sagrado, y sugerir que las mujeres sean ordenadas diáconos conducirá inevitablemente a su (putativa) ordenación como sacerdotes.

A este último punto hay que añadir que todas las mujeres y los hombres bautizados, como dignidad conferida en el bautismo, ejercen el sacerdocio bautismal, que es un sólido fundamento del apostolado laico. La historia de la Iglesia está llena de grandes logros alcanzados por mujeres en la promoción del reino de Cristo. Sugerir que las mujeres deben ser ordenadas como sacerdotes para tener igualdad con los hombres en la Iglesia es, irónicamente, degradante para las mujeres, porque presume que lo que ha sido tradicionalmente el reino exclusivo de los hombres es la única medida de dignidad o valor, y por lo tanto lo que es únicamente femenino es inferior. Esta es una visión profundamente anticristiana de lo que significa la igualdad y la complementariedad en el plan de la creación de Dios y en el ordenamiento de la Iglesia.

Creo que no es una casualidad que muchos de los obispos que se pronunciaron por primera vez firmando esta carta sean de África, donde la Iglesia está creciendo a pesar de (o debido a) el firme compromiso de la Iglesia de allí de preservar las enseñanzas de Cristo sobre la moral sexual, aunque estas se opongan rotundamente a muchas costumbres tradicionales africanas (incluida la poligamia). Si la doctrina establecida de la Iglesia, enseñada y desarrollada sistemáticamente a lo largo de dos milenios, se descarta por ser socialmente inaceptable, todas las afirmaciones de las verdades de la fe cristiana se derrumban. Puede parecer irónico para algunos, pero es el catolicismo clásico el que evangeliza. Una tibia acomodación a los últimos dogmas de la ortodoxia secular, en cambio, no puede ser la base de la renovación.

Espero y rezo para que los obispos alemanes escuchen al santo padre y a sus hermanos obispos y abandonen su camino de división. El depósito de nuestra fe católica no puede cambiarse, y quienes intentan cambiar nuestra fe se hacen un grave daño a sí mismos y a los fieles.

Publicado por Salvatore J. Cordileone, arzobispo de San Francisco, en First Things

Traducido por Verbum Caro para InfoVaticana

Ayuda a Infovaticana a seguir informando

Comentarios
2 comentarios en “Por qué he firmado la carta abierta dirigida al episcopado alemán
  1. ¡¡Me encanta el ANUNCIO que me TAPA la lectura de «cloé eau de parfum naturell» que no lo ponen sólo una vez,NO, lo ponen como veinte veces.!!Bueno,no se muy bien qué he escrito.ME LO TAPA CLOÉ.

  2. Quedan obispos que no se comen el cuento que les dictan soros y el mundo.
    Se sabe que nombran que los alemanes escuchen al de Roma por suma cortesía porque no se pronunció ni se espera lo haga.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada.

 caracteres disponibles