Salem y el humo de Satanás

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(George Weigel en First Things)-El 13 de mayo de 1982, el papa Juan Pablo II voló a Portugal en una peregrinación de agradecimiento por haberle sido perdonada la vida el año anterior. En la ceremonia de bienvenida en el aeropuerto, el papa, reflexionando sobre el hecho de que le hubieran disparado en la fiesta de Nuestra Señora de Fátima, dijo que «en los designios de la Providencia, no hay meras coincidencias». Lo que consideramos una coincidencia es más bien una faceta del plan divino para nuestras vidas que no hemos encajado en el marco adecuado. Así que tomaré como providencial que estuviera leyendo el libro de monseñor Stephen Rossetti, Diary of an American Exorcist, cuando recientemente visité Salem, Massachusetts, para hablar de san Juan Pablo II en el Santuario de la Divina Misericordia.

El santuario está bien situado, ya que Salem necesita urgentemente la protección divina. La ciudad es, por supuesto, notoria por los juicios por brujería de 1692, que acabaron en el ajusticiamiento de veinte hombres y mujeres inocentes. Sin embargo, a pesar de la nebulosa culpa que se cierne sobre Salem, la economía local parece depender de la brujería, el satanismo y otras perversiones similares de lo sobrenatural. 

Salem alberga el Templo hermético Cabot-Kent, que se jacta de ser un «Templo de brujería reconocido por el gobierno federal». También está el Templo Satánico, que, sin ningún sentido de la ironía, exige que «se presente un certificado de vacunación… a la entrada» -vacunación contra el COVID-19, pero no, evidentemente, contra la maldad que Dios proscribió en el Levítico 19,26: «No practiquéis la adivinación ni la magia». Y las calles de la histórica Salem están repletas de tiendas que venden cartas de tarot, tablas de ouija y otros supuestos instrumentos de adivinación y predicción.

Para los modernos que imaginan que «Satán» y «satánico» son metáforas exaltadas del mal – «Hitler era satánico»-, estas expresiones de las artes oscuras pueden ser juguetes inofensivos. Pero cuando el padre Robert Bedziński, rector del Santuario de la Divina Misericordia, describe lo que ocurre en Salem en torno a Halloween, incluidas las «misas negras» de culto a Satanás en las que se profanan hostias consagradas robadas, es difícil pensar en estas cosas como meros juegos de gente tonta. Algo más está sucediendo.

Cuando preparaba El final y el principio, el segundo volumen de mi biografía sobre Juan Pablo II, comenté con el postulador de la causa de beatificación del difunto papa las ocasiones en las que Juan Pablo, cuando rezaba en silencio con una persona perturbada, aliviaba lo que podía ser la opresión de esa persona por el maligno. Sin dramatizar, monseñor Sławomir Oder dijo de Satanás: «Siento su presencia en esta oficina todos los días. Lo odia y hará cualquier cosa para impedir la beatificación». Le prometí a mi amigo que rezaría por su protección; luego reflexionamos sobre la posibilidad de que una reciente calumnia contra Juan Pablo, que la postulación debía investigar y rebatir, hubiera sido urdida por un antiguo dirigente de la Stasi, el antiguo servicio secreto de inteligencia de Alemania del Este. 

Parece que el maligno opera a través de muchos instrumentos. Y una vez que uno se rinde al odio, al embeleso ideológico, a los celos, al miedo al presente o a la desesperación por el futuro, la puerta está abierta para que el Gran Tentador obre sus maldades a través de la debilidad humana. La advertencia del papa Pablo VI en 1972 -«el humo de Satanás se ha introducido en el Templo de Dios a través de alguna grieta»- parece ahora clarividente. Ese humo no solo está ahogando a los «progresistas» que niegan las verdades establecidas de la fe católica. También está ensuciando partes de la blogosfera católica de centroderecha. (Y eso es antes de llegar a Twitter).

El libro de monseñor Rossetti, que combina los relatos de la labor de los exorcistas sancionados por la Iglesia para aliviar la opresión o posesión satánica con reflexiones sobre el misterio del mal y sus diversas expresiones, advierte del peligro de confundir la enfermedad mental con la obra de Satanás, un punto sobre el que Rossetti, psicólogo en activo, habla con autoridad. No obstante, monseñor Rossetti tiene muy claro que los escarceos (o algo peor) con el tipo de esoterismo oculto que sustenta la economía de Salem abre unas grietas por las que pueden entrar las fuerzas demoníacas, a menudo sin ser detectadas. 

La misma dinámica está en funcionamiento en los asuntos mundiales. No es necesario apelar a Satanás para explicar el mal que Vladimir Putin está haciendo en Ucrania. Pero ese mal ha abierto más grietas a través de las cuales el Gran Tentador se aprovecha de nuestras vulnerabilidades: como lo hace en el salvajismo de los bárbaros asaltos militares a civiles inocentes; o en el tráfico sexual de niños refugiados; o en los delirios de teorías conspirativas que empañan el juicio moral; o en la obstinación de quienes no pueden admitir que, en el caso de Putin, supuesto defensor de la civilización cristiana, están imitando a los «idiotas útiles» de Lenin. 

San Miguel Arcángel, defiéndenos.

Publicado por George Weigel en First Things

Traducido por Verbum Caro para InfoVaticana

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Comentarios
5 comentarios en “Salem y el humo de Satanás
  1. Excelente… hasta llegar al último párrafo, ahí sacó las cosas de contexto para arrimar el ascua a su sardina y claro, la cagó.

  2. Oh, yo también estaba muy interesada,, 😁,, hasta que el escritor se pego en la frente con algún trozo de cemento y empezó a desvariar. Definitivamente, patinó.
    Lo que son las ganas de fregar.
    Hasta Salem tuvo que ir. 😄

  3. Otro parcialísimo panfleto de George Weigel. El diablo existe y es… ¡Putin! Cómo no. Y EE.UU. es lo mejor de lo mejor; y él, a diferencia de quienes no le dan la razón (que según él son idiotas) está encantado de haberse conocido.

      1. No: estoy criticando a Weigel. ¿Tiene problemas de comprensión lectora? Así se entiende que tergiverse las Sagradas Escrituras y los libros de Historia. Sencillamente, no sabe leer (y lo que no entiende se lo inventa).

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