Obispo de Córdoba: «Es esencial a la vida consagrada la vivencia de la virginidad o la perfecta castidad»

Demetrio Córdoba Misa Tradicional
|

Con motivo de la celebración el próximo 2 de febrero, fiesta de la Presentación de Jesús en el Templo, de la XXVI Jornada Mundial de la Vida consagrada, Demetrio Fernández, obispo de Córdoba ha escrito una carta pastoral dirigida a los consagrados.

«El 2 de febrero se cumplen los cuarenta días del nacimiento del Niño y lo llevan al Templo para ofrecerlo al Señor y rescatarlo mediante la ofrenda de un par de pichones, la ofrenda que podía hacer un pobre. Es la fiesta de Jesús, luz de las gentes. Es la fiesta de María, la candelaria, la que porta a Jesús al presentarlo en el Templo», narra el obispo.

Fernández prosigue con la narración del pasaje bíblico, «todo rebosa alegría en esta escena evangélica: el anciano Simeón, al tomar el niño en sus brazos, cantó: “Ahora, Señor, según tu promesa puedes dejar a tu siervo irse en paz, porque mis ojos han visto a tu salvador”. La anciana Ana hablaba a todo el mundo de las bondades de este niño. Pero ya se anuncia que será como signo de contradicción, y una espada traspasará el alma de María. La alegría de la salvación vendrá por el camino de la cruz».

«En esta fiesta tan bonita, la Iglesia celebra la Jornada mundial de la vida consagrada. Este año en su 26ª edición», afirma el prelado. Seguidamente, hace un inciso para recordar que «esta Jornada viene a recordarnos que la vida consagrada está en el corazón mismo de la Iglesia, para recordarnos continuamente el seguimiento radical de Cristo obediente, virgen y pobre. Esa consagración a Dios de toda la existencia para servir a los demás es un reclamo continuo para todo el santo Pueblo de Dios a vivir en santidad», al mismo tiempo que aprovecha para recordar que «todos estamos llamados a la santidad y los consagrados nos lo recuerdan continuamente con su vida».

A continuación, el obispo de Córdoba remarca que «es esencial a la vida consagrada la vivencia de la virginidad o la perfecta castidad, por la que Jesucristo es el tesoro del corazón humano, correspondiendo con amor al amor esponsal de Jesús». Con esta afirmación, Demetrio Fernández deja clara su postura y férrea defensa del celibato, tema muy cuestionado por algunos en estos momentos desde dentro de la Iglesia Católica. Acompañado a esa declaración, el obispo recuerda que «vivir con Jesús y para Jesús, sirviéndolo en los pobres, los pequeños, los necesitados lleva consigo el testimonio comunitario de obediencia a la voluntad de Dios, expresada en el superior, y de pobreza radical, que va despojando al a persona de todo lo que no sea Dios».

De igual modo, hace hincapié en su carta pastoral sobre la importancia de la vida consagrada en la Iglesia «como una profecía evangélica de los valores del Reino, como una invitación constante a vivir la santidad, cada uno en su estado. La vida consagrada, en sus múltiples formas y carismas, embellece a la Iglesia como esposa fiel engalanada por su esposo, Cristo».

Ahora que este estilo de vida se encuentra en crisis por la falta de vocaciones, Fernández afirma que «la vida consagrada no es un islote en el panorama eclesial, sino que vive inserta en las parroquias y en las diócesis, edificando la Iglesia junto a los demás miembros del Pueblo de Dios. La sinodalidad a la que nos impulsa el Espíritu en este tiempo consiste en caminar juntos con los demás, dando y recibiendo de ellos y sintiéndose miembro activo en este cuerpo».

En su misiva hace especial mención a  «los monjes y las monjas, dedicados a la vida contemplativa, los religiosos y religiosas de tan variados carismas, en el campo de la enseñanza, de la atención a los ancianos y a los pobres, de la catequesis y la vida parroquial, los institutos de vida consagrada y las sociedades de vida apostólica, las vírgenes consagradas y los ermitaños. Cada uno de ellos tiene un lugar en la Iglesia y todos juntos son un testimonio elocuente del seguimiento de Cristo».

El obispo concluye animando a pedir «por los jóvenes que se sienten llamados en ese abanico de carismas para entregar su vida entera a Dios y al servicio de los hombres. La vida consagrada es necesaria para la Iglesia y para nuestro mundo. Consideremos como algo nuestro este campo de la Iglesia y oremos especialmente en estos días por las vocaciones a la vida consagrada en sus múltiples formas».

Ayuda a Infovaticana a seguir informando

Comentarios
13 comentarios en “Obispo de Córdoba: «Es esencial a la vida consagrada la vivencia de la virginidad o la perfecta castidad»
  1. Todo eso es esencial, en efecto. Pero para el sacramento del orden sacerdotal es todavía más esencial otro aspecto: que se cumpla taxativamente desde los propios seminarios. Se hizo la vista gorda en demasiadas diócesis, durante demasiadas décadas, y ensuciaron el digno hábito de sacerdote de Cristo hombres con tendencias objetivamente desordenadas, que nunca debieron vestirlo.

    1. Pero si la persona que recibe el sacramento del orden presenta tendencias homosexuales y con esfuerzo, gracia divina e inspiración consigue sublimarlas y reprimirse, negarle la ordenación sería malograr una vocación y se correría el riesgo de perder a un buen pastor.
      El problema viene cuando ese compromiso no se cumple y quizá por ahí vayan las palabras del señor Obispo, que a mi juicio lleva razón en lo que dice. Hay que ser vigilantes y reaccionar ante conductas inadmisibles con el compromiso adquirido, pero estimo en suma que una reacción preventiva generalizada sería exagerada y con elevado riesgo de ser injusta en casos particulares.

      1. Debería leerse la «Instrucción sobre los criterios de discernimiento vocacional en relación con las personas de tendencias homosexuales antes de su admisión al seminario y las órdenes sagradas», promulgada por la Congregación para la Educación Católica tras aprobarla y mandarla publicar S. S. Benedicto XVI en 2005, y que puede consultar en la página web de la Santa Sede. En ella le explican el tema de forma detallada.

        1. La conozco. Hablaba en términos de lege ferenda, dejando claro que se trata de una opinión mía.
          Además, y por desgracia, también se da el caso de sacerdotes heterosexuales que no guardan el celibato, lo que constituye otro escándalo. De ahí la importancia de un largo proceso de formación para llegar al sacerdocio durante el cual quepa discernir en profundidad la verdadera vocación.

  2. Si, según Jesús, para todo lo Cristiano corriente, «la vida es un don Santo, y por eso, hay que vivirla Santamente, dándole lo que necessita para ayudar al espíritu a llegar a ese fin, que es la Eternidad…y así, darle lo que necesita : continencia de la carne, en sus deseos; del corazón, en todas las pasiones, con sabor humano… pero, una audacia sen limites, para realizar la Pasiones del CIELO: Amor por Dios, por el Pr´´ojimo, Obediencia a Dios, Heroísmo en Bien y en la Virtud…cuánto más, se requerirá de aquellos, que se han comprometido totalmente con Dios–Consgrado–para levar Su reino a todos!!

  3. NO SE QUIERE ABORDAR EL GRAVÍSIMO PROBLEMA DEL ACCESO DE HOMOSEXUALES AL SACERDOCIO Y LA VIDA CONSAGRADA, Y NO PRECISAMENTE PARA VIVIR LA VIRGINIDAD, LA CASTIDAD, SINO PARA PRACTICAR LA HOMOSEXUALIDAD, INCLUSO CON ABUSOS, VINCULADOS A LA HOMOSEXUALIDAD EN UN 80%.

    ¡Basta de culpar al clericalismo! El clericalismo se pone en movimiento porque hay una atracción homosexual previa, que se permite en seminarios de las diócesis y congregaciones religiosas. ¿Incluido el de Córdoba? Muy probablemente. No basta con palabras bonitas. Hacen falta decisiones drásticas de gobierno.

    1. EL CARDENAL DE MÚNICH REINHARD MARX ESTÁ A FAVOR DE LA ORDENACIÓN SACERDOTAL DE HOMOSEXUALES

      Los seminaristas no tienen que admitir que son homosexuales, pero, si lo hacen, deben ser respetados porque ser homosexual «no es una restricción a su capacidad para ser sacerdote», alegó. Marx espera que los homosexuales, como todos los sacerdotes, no realicen actos sexuales. Considera que la homosexualidad, «a diferencia de algunos cohermanos en el episcopado», no es un obstáculo para la ordenación sacerdotal.

      Benedicto XVI aprobó en 2005 criterios que excluyen también a los homosexuales «castos» de las órdenes sagradas, señalando «las consecuencias negativas que pueden derivarse de la ordenación de personas con tendencias homosexuales muy arraigadas», como la falta de «madurez afectiva».

    2. «Tales personas, de hecho, se encuentran en una situación que les impide gravemente relacionarse correctamente con los hombres y las mujeres». Sin embargo, el candidato mismo tiene la responsabilidad principal y sería «gravemente deshonesto que un candidato ocultara su propia homosexualidad para proceder» hacia la ordenación, dice Benedicto XVI.

      Tal «actitud engañosa» no correspondería al espíritu de verdad que una persona necesita para servir a Cristo y a su Iglesia.

  4. La consecuencia de colocar gente en el clero que Dios no había llamado es precisamente esa: que al final terminan metiendo mano. ¿Por qué?
    Porque del Nepotismo se sucede siempre el Nicolaismo. Dios no le va a otorgar la gracia de la castidad al que al señor obispo enchufe mejor porque le resulte el más simpático. ¿De verdad que Dios quiere gente para que le ofrezca los frutos de la tierra y del trabajo de los hombres? ¿Estáis seguros? De Dios nadie se ríe.

    1. Una gracia especial que no es natural y que sólo otorga Dios la reducen a eso, a una vivencia. Ergo se deduce que hay que ordenar y consagrar a niños, eso, que no sepan lo que habéis hecho con el puñe tero modernismo.

  5. Si la homosexualidade «verdadeira…» invierte la atracción natural, llevando a los homosexuales a sentirse atraídos por los del mismo sexo, como pueden viver, en los seminários, juntos, personas con esta caracteristica?
    Por qué, Jesús pedió a Santa Teresa de Ávila, la Reforma del Carmelo, separando a todos, hombres y mujeres?
    No fue, precisamente, para evitar posibles tentaciones y escándalos?
    «Deshazte del aire y te libraré de males…»
    –Es estraño, no?!

  6. Pues según este obispo, S Padro, los demás apóstoles los 9 Papas casados y la mayoría de los sacerdotes y obispos de los primeros tiempos no eran “esenciales”.

  7. El problema de los sacerdotes con tendencias homosexuales, pero que se contienen, es que no pueden comprender los problemas de los heterosexuales de los que tienen que ser pastores.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada.

 caracteres disponibles