Propuesta de una moratoria de aplausos y vítores a los obispos

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La idea no es mía, pero me parece, más que buena, necesaria: propongo que, cuando un obispo en ejercicio haga declaraciones que, además de sorprendentemente católicas y ortodoxas, choquen valientemente con las imposiciones ideológicas del mundo, los fieles deberíamos reprimir el deseo de aplaudir la prueba de coraje y apoyar al prelado durante un periodo discrecional no inferior a una semana. Así, al menos, no se nos quedará cara de tontos.

Porque la ceremonia de autohumillación posterior y previsible del prelado será siempre mucho más escandalosa e indigna que el acto de valentía, a menudo inconsciente.

Excluyo a eméritos, que no tienen ya nada que perder en lo relativo a sus ambiciones de carrera, como el ex prefecto de la Doctrina de la Fe, cardenal Gerhard Müller, y a pastores ya de antiguo malditos por su comportamiento díscolo, es decir, plenamente proféticos, como monseñor Schneider (en parangón con la empresa, ser obispo auxiliar en un remoto país musulmán sin apenas fieles es ya un modo de exilio), el fugitivo Viganò o el obispo de Alcalá, nuestro indomable Juan Antonio Reig Pla.

El plazo de una semana de espera, de enfriar ánimos y permanecer atentos, nos parece el adecuado, ni tan largo que el audaz apóstol carezca del aliento y apoyo de los fieles ni tan breve que aún no hayan tenido tiempo los grupos de presión de ejercer su labor de linchamiento mediático.

Hubo un tiempo no lejano en que la Iglesia ejercía su misión de Pepito Grillo del siglo y sus locuras, y creyentes y no creyentes daban por hecho que el alto clero tenía la costumbre y obligación de recordar la doctrina de la Iglesia, especialmente la doctrina moral, a tiempo y a destiempo en contraposición al pensamiento dominante. Era su vocación profética, recuerdo incruento de los mártires en tiempos de persecución violenta, cuando contradecir al César suponía el suplicio y la muerte.

Pero eso era antes. Del Concilio Vaticano II a esta parte, la consigna entre nuestros prelados parece ser no hacer olas y no pisar callos a unas autoridades que pueden aplicar ibis (el impuesto, no el pájaro) o negarse a recoger el dinero de la X, estropeando así la apacible siesta de nuestros prelados.

Así que cuando un obispo, como el de Tenerife, Bernardo Álvarez, es una triste conveniencia apostar 5 a 1 a que antes de que cante el gallo (una semana, es el plazo) se desdirá de unas declaraciones que no hacen más que explicar la doctrina de la Iglesia en un punto controvertido.

Prelados más avisados y astutos que Álvarez pasan por estos temas como sobre ascuas, se vuelven campeones avezados en el arte de echar balones fuera ante las preguntas comprometidas y, en general, tienen la prudencia de predicar la acogida al inmigrante y la conversión ecológica, que todavía no ha hecho mal alguno a la carrera eclesiástica de nadie.

Pero no, el pasito hacia delante de Álvarez exigía los dos pasos para atrás a poco que arreciase la tormenta, y su disculpa sería mil veces peor que si nunca hubiera abierto la boca. Porque disculparse de haberse limitado a recordar la doctrina católica con respecto a los actos homosexuales equivale a desdecirse de esta y a calificarla implícitamente de vergonzante.

Así, Álvarez quiere pedir perdón “a cuantos haya podido ofender con mis palabras, de manera especial a las personas LGTBI”. Y no es solo escandaloso tener que pedir perdón por decir lo que no debería poder dejar de decir, pedir perdón por predicar nuestra fe, poniéndonos a todos los fieles a los pies de los caballos, algo que no haría si hubiera tronado contra, no sé, las petroleras o las políticas antiinmigracionistas; es que acepta la inaceptable asunción de que existen “personas LGTBI”, es decir, que las personas pueden convertir en identidad sus gustos sexuales, que ellos las hacen de algún modo ontológicamente distintas.

El obispo de Tenerife recula y pide perdón «de manera especial a las personas LGTBI»

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Comentarios
10 comentarios en “Propuesta de una moratoria de aplausos y vítores a los obispos
  1. Hay muchos pastores asalariados que ni hablan ni dejan hablar, ya que a los sacerdotes nos dan la consigna de que no entremos en estos temas, con lo que en la «Iglesia de Francisco» se impone la ley del silencio, y eso favorece el crecimiento del pecado y el error.

    1. No sólo es eso: es que lo raro son los otros, como dice el artículo. Tan raros, que ya se pueden dar por descontados. Los demás son carne de cañón, de los que se puede predicar, como de las mujercillas de la canción, cual piuma al vento, muta d’accento e di pensier. Que responden a todas estas críticas con el clásico «ande yo caliente, ríase la gente».

      1. Pues, ya les llegará la hora de entregar el talento, y tal vez deban oír aquello: Mas su Señor le respondió: “¡Siervo malo y perezoso! [….] Y a ese siervo inútil, echadle a las tinieblas de fuera. Allí será el llanto y el rechinar de dientes.”
        ¡Si supieran a quien dejan de lado!

    2. Así es, SACERDOTE CATÓLICO, y udes. No pueden predicar y confirmarnos en la fe… Que Dios le bendiga, únanse porque los sacerdotes son los que están a pie de calle y tratan más los graves problemas de estos tiempos. Ánimo! No baje el nivel y ayude a confirmar en su pastoral diaria, la doctrina y moral de la Iglesia. Gracias

  2. El obispo de Tenerife es un ejemplo de muchos prelados que ven, pero callan por miedo. Porque prefieren contentar al mundo salvaguardando su posición. Son mercenarios, y se ven alentados en su actitud por Francisco, que promueve el silencio en los temas «políticamente incorrectos.» Y esto es justamente lo contrario de lo que hizo Nuestro Señor y los santos.

    1. Así es, SACERDOTE CATÓLICO, y udes. No pueden predicar y confirmarnos en la fe… Que Dios le bendiga, únanse porque los sacerdotes son los que están a pie de calle y tratan más los graves problemas de estos tiempos. Ánimo! No baje el nivel y ayude a confirmar en su pastoral diaria, la doctrina y moral de la Iglesia. Gracias

  3. ES QUE ESTAMOS DESEANDO APLAUDIR, VITOREAR, HACER LA OLA, LLEVARLOS A HOMBROS, INVITARLOS A COMER, CANTARLES EL SE LO MERECE, SE LO MERECE.

    PERO APENAS NOS DAN OCASIÓN.

    Para uno que se lo merece, se no echa atrás, seguramente presionado por el pensamiento único y su rigidez bergo liante.

    AFORTUNADAMENTE NOS QUEDAN VIGANÓ, ACEPTADO YA POR INFOVATICANA, SCHNEIDER Y PLÁ, QUIEN, SEGÚN EL DIARIO.ES, CELEBRA CURSOS ILEGALES Y CLANDESTINOS PARA ‘CURAR’ LA HOMOSEXUALIDAD. DE CARCAJADA.

  4. Aplaudir a una persona, solo porque tiene una cargo de autoridad, es una aberración, propia de borregos.

    Las personas se les debe valorar por lo que hacen, y no por otra cosa. Y si alguien tiene un cargo de autoridad hay que ser más exigente con el. Y no más pelota.

  5. Si este obispo hubiese vivido en tiempos de Antipas, primero, le hubiera echado en cara su adulterio, pero luego, por miedo a espías herodianos y a la soldadesca, pediría perdón, diciendo que él respeta a los adúlteros, y que si se sienten ofendidos, esa no era su intención.

  6. Así es, SACERDOTE CATÓLICO, y udes. No pueden predicar y confirmarnos en la fe… Que Dios le bendiga, únanse porque los sacerdotes son los que están a pie de calle y tratan más los graves problemas de estos tiempos. Ánimo! No baje el nivel y ayude a confirmar en su pastoral diaria, la doctrina y moral de la Iglesia. Gracias

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