A vueltas con la unidad

unidad de la Iglesia
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Cada vez que rezamos el Credo recordamos que la Iglesia es “una, santa, católica y apostólica”, es decir, confesamos que la Esposa de Cristo, de la que Él mismo dijo que las puertas del Infierno no prevalecerán contra ella, tiene como nota o rasgo intrínseco, inalienable, la unidad. Por tanto, en un sentido ontológico, al menos, la Iglesia no puede perder la unidad sin dejar de ser ella misma, una imposibilidad teológica.

El lector me perdonará que empiece este texto con semejantes perogrulladas conocidas por los católicos desde niños, pero en estos días escuchamos llamadas a la unidad que, por su tono, parecen transmitir la idea de que la unidad fuera un mero ‘mantenerse juntos’ y relativizar la doctrina y el mensaje de Cristo con tal de lograrlo, como si la Iglesia no fuera a ser una aunque constara de solo un puñado insignificante de fieles.

Es una distinción importante, porque permanecer unidos solo tiene sentido si es en torno a la Verdad, revelada en la Escritura y la Tradición. Todo lo que nos lleve a aguar el mensaje para mantener una unidad aparente solo servirá para lo contrario de lo que se pretende, para convertir la Iglesia de Cristo en un club ideológico cuyos principios varíen al albur del capricho de sus dirigentes, que pasan de ser custodios de la verdad evangélica a convertirse en sus carceleros.

Uno de los indicios más aparentes de la condición atemporal, eterna, del mensaje que custodia la Iglesia ha sido, precisamente, su perpetuo enfrentamiento con el mundo, inevitable esclavo de las modas ideológicas de su tiempo. Porque si una de las notas de la Iglesia, la unidad, corre el riesgo de ser malinterpretada, lo mismo sucede con otra de ellas, la catolicidad.

Se nos dice a menudo que ‘católico’ significa universal, que se abre a todos los hombres y a todas las tierras. Pero se olvida con igual frecuencia la dimensión temporal de la palabra, es decir, se olvida su significado como apertura a todo tiempo. En ese sentido, hablar de “actualizar el mensaje” solo puede significar legítimamente hacerlo más comprensible, igual que nuestros misioneros en tierras extrañas tienen que aprender el idioma del lugar para predicar el Evangelio. Sin embargo, cada vez es más frecuente la confusión en este aspecto, como vemos, por ejemplo, en el nefasto ‘camino sinodal’ emprendido por el episcopado alemán, de concluir que la Iglesia puede y debe adaptar la propia realidad del mensaje a las cambiantes modas imperantes en el siglo. Esto no es meramente un atentado a la verdadera unidad, sino, incluso humanamente, la receta perfecta de un suicidio, la forma ideal de volver sosa la sal.

Porque si la Iglesia imita al mundo, entonces es irrelevante, ya que siempre quedará como una copia desleída y absurda. Quienes comulguen con las doctrinas dominantes en el siglo la despreciarán por innecesaria -amén de denostarla por su pasado-, y quienes busquen una verdad que transcienda el tiempo y el lugar se verán frustrados. Si lo que ayer fue verdad hoy no lo es, lo que hoy lo es mañana no lo será. Como decía Chesterton, casarse con el espíritu del tiempo es condenarse a quedar pronto viudo.

Esta misma tendencia casi inevitable de concebir la Iglesia con los parámetros aplicables a una organización meramente humana, asimismo, lo lleva a una papolatría inconcebible en cualquier otra época, a ver en el Papa un gurú o un CEO cuyas directrices discrecionales pueden crear pecados nuevos o nuevas gracias, cuando en realidad su misión es bastante más modesta: custodiar las verdades reveladas, sin añadir o quitar nada. Tampoco ayuda, cabe añadir, el hecho de vivir en un tiempo de información omnipresente e instantánea, o la extraordinaria locuacidad del Papa reinante.

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Comentarios
16 comentarios en “A vueltas con la unidad
    1. Un grave defecto del ecumenismo actual, es que establece como norma que nadie intenta convencer al otro, con lo cual se renuncia a la misión que Cristo nos encomendó.
      San Pedro Canisio, San Roberto Belarmino y muchos otros, nos enseñan que la unidad se construye refutando los errores de los hermanos separados, y predicándoles para que se conviertan a la Iglesia Católica (justo lo contrario del ecumenismo).

      1. Y si encima le sumamos el «aggiornamento», la afinidad con el mundo, el rollo de la sinodalidad, o el «ecumenismo» con religiones no cristianas, lo acabamos de estropear.

  1. Sacerdote Mariano ha dado en el clavo :
    Un Budista Tibetano está en la Verdad lo mismo que un Cristiano Católico y Apostólico, con lo cual no hay que evangelizarle, ni hablarle de Jesucristo Nuestro Señor. Solo «dialogar» . Esa es la trampa del Ecumenismo, de las sinodalidades varias y los discursos pachamámicos que no conducen a nada y traicionan el mensaje misionero del Señor: Id y bautizad en nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. El que crea y sea Bautizado se Salvará y el que no, se condenará.

    Este es el verdadero Kerygma y anuncio del Espíritu Santo a las naciones y por las que vivieron y murieron los santos y los mártires.

  2. La unidad no se logra con las rebajas. Esto no es como una reunión en la que todas las partes puedan ceder para permanecer juntos. Porque la verdad no se negocia. La fe no es discutible, no se puede dialogar sobre ella. Se predica y se convierten, o nada. No puede haber un término medio.
    Además, Francisco sólo busca la unidad y la sinodalidad con los afines a su ideología, y sólo dialoga con los que él quiere.

      1. Un miembro de la FSSPX es mi hermano en Cristo. Un luterano es un hereje y un candidato a las tinieblas exteriores , si no se convierte ni abjura de sus errores protestantes.

  3. ESTA ES LA UNIDAD QUE QUIERE NS JESUCRISTO:

    Juan 17:21-26

    21 para que todos sean uno; como tú, oh Padre, en mí, y yo en ti, que también ellos sean uno en nosotros; para que el mundo crea que tú me enviaste. 22 La gloria que me diste, yo les he dado, para que sean uno, así como nosotros somos uno. 23 Yo en ellos, y tú en mí, para que sean perfectos en unidad, para que el mundo conozca que tú me enviaste, y que los has amado a ellos como también a mí me has amado. 24 Padre, aquellos que me has dado, quiero que donde yo estoy, también ellos estén conmigo, para que vean mi gloria que me has dado; porque me has amado desde antes de la fundación del mundo. 25 Padre justo, el mundo no te ha conocido, pero yo te he conocido, y estos han conocido que tú me enviaste. 26 Y les he dado a conocer tu nombre, y lo daré a conocer aún, para que el amor con que me has amado, esté en ellos, y yo en ellos.

  4. A diferencia de varios comentarios, el artículo, esta vez, es muy claro: no se puede aguar el mensaje, el de Cristo es siempre el mismo y lo será. Pero sí hacerlo más comprensible. No obstante, no creo que se deba «enfrentar»al mundo, no creo que se deba estar «contra» el mundo; Cristo vino a la realidad de su tiempo, la tocó y la transformó para siempre. El mundo no es «malo», habrá que elegir en aquello que se aleja de Cristo, pero en el resto no. Ese es el diálogo del que habla la Lumen Gentium, 35.

    1. «Pero sí hacerlo más comprensible»

      No puede siquiera insinuarse que el mensaje de Cristo sea «poco comprensible» ni que precise de ulteriores aclaraciones de personajes que, obviamente, no saben más que Él; ni que la Revelación no acabara con la muerte del último apóstol y que haya «nuevas revelaciones» (y menos en sentido contrario a lo que siempre ha creído y enseñado la Iglesia).

      En cuanto al mundo, la Iglesia siempre ha enseñado que es uno de los enemigos del alma, junto con el demonio y la carne, en línea con lo que dicen las Sagradas Escrituras, de las que pongo sólo algunos ejemplos:

      1. «Pensad en las cosas de arriba, NO EN LAS DE LA TIERRA» (Col 3,2).

        «Adúlteros, ¿no sabéis que LA AMISTAD DEL MUNDO ES ENEMIGA DE DIOS? Quien pretende ser AMIGO DEL MUNDO se hace ENEMIGO DE DIOS» (Sant 4,4).

        «NO AMÉIS AL MUNDO NI LO QUE HAY EN EL MUNDO. Si alguno ama al mundo, NO ESTÁ EN LA CARIDAD DEL PADRE. Porque todo LO QUE HAY EN EL MUNDO, concupiscencia de la carne, concupiscencia de los ojos y orgullo de la vida, NO VIENE DEL PADRE, sino que procede del mundo. Y EL MUNDO PASA, y también sus concupiscencias; pero el que hace la voluntad de Dios ‘permanece para siempre'» (I Jn 2,15-17).

  5. Perdón por mi ignorancia, no se qué quiere decir la palabra “Papolatria”.
    He mirado en el Catecismo, y no aparece. En el Catecismo de San Pio V, tampoco. Si aparece la palabra Papa en el Catecismo, en los números del 480 al 487. En cambio sí lo he encontrado en los escritos del Hereje Lutero, que lo utiliza para arremeter contra el Papa para denostar, desautorizar, y rebelarse, como hizo, contra el Vicario de Cristo y sucesor de Pedro, y justificar sus subjetivas apreciaciones y alzarse como único intérprete de la verdad. Parece ser que la inventó el propio Lutero. Alguien por favor que me pueda dar un poco de buena doctrina ?

  6. Aquí está la Iglesia Católica, Apostólica y Romana. Si algunos de los que se fueron quieren entrar de nuevo que llamen y les recibiremos con gran alegría. Y, si por la predicación del Evangelio, otros se convierten, igualmente estaremos muy alegres de recibirlos. El ecumenismo es una pamplina más, que poco tiene que ver con el Evangelio del Señor.

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